La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Un Papa para mi tiempo de fe

Es evidente que, ante un acontecimiento que ha irrumpido con fuerza en el devenir de la Historia de la Iglesia y el mundo, los paralelismos con mi propia historia personal son insignificantes. Sin embargo, quiero testimoniar algo que considero que, por compartir una misma idea o sentimiento, también pudiera resultar significativo para otras personas: creo que Francisco ejemplifica en sí mismo mi actual tiempo de fe.

Recupero aquí lo que escribí el pasado 13 de febrero, dos días después de que Benedicto XVI presentara su histórica renuncia: “Cuando murió Juan Pablo II, dije que había muerto ‘mi Papa’. Y era así, aunque solo fuera por el hecho de que, al nacer en 1982, no había conocido a ningún otro al frente de la barca de Pedro. Pero lo era por muchas cosas más: con Wojtyla, coincidió la época de mi vida de fe que podría definir como de ‘nacimiento y juventud’. Hasta 2005, cuando murió, conocí lo que era la Iglesia y viví una fe como la que representaba el Papa polaco: militante, activa y de defensa apasionada. Ahora, en estos casi ocho años de Benedicto XVI, puedo decir que ‘mi Papa’ también es él. Y lo afirmo en un sentido íntimo, pues en esta etapa de mi existencia he profundizado mucho más en lo que es la Iglesia en toda su dimensión, también en sus aspectos más oscuros, hasta el punto de que considero que, a nivel espiritual, estoy en un momento de ‘búsqueda y madurez’. En este periodo, nadie como Joseph Ratzinger para tener un baño de realismo y humildad”.

En definitiva, si coincidió con Juan Pablo II mi nacer a la fe y este periodo estuvo marcado (coincidiendo con el vigoroso carácter del pontífice polaco) por la militancia ilusionada en la que no podía vislumbrar la división y la debilidad que también anidan en la Iglesia, con Benedicto XVI y su invitación al discernimiento, ya conocí en toda su complejidad el hondo y real devenir de quienes nos decimos cristianos hoy. Conocí, en este sentido, la hipocresía, la mezquindad, la envidia y el odio que también caracterizan hoy a la Iglesia, junto a los indudables y mayoritarios gestos de autenticidad, entrega, fraternidad y amor que jamás podrán ser ocultados. La Iglesia es una institución que hoy camina con los pies de los hombres. De los pobres hombres.

Vuelvo a mi escrito del 13 de febrero, que titulé ‘Bendita debilidad de Benedicto XVI’: “Somos muchos los que, más allá de las grandes palabras y los teóricos lazos de unidad (…), necesitamos gestos concretos, verificables. (…) Tras el histórico anuncio de su retirada en vida, hay quien acusa al Papa de traidor por bajarse de la Cruz, cuando lo que ha hecho ha sido agacharse para hacer llegar a todos los hombres un gesto de autenticidad. Para mí, no hay mejor testimonio en el representante de una fe basada en el amor al hombre por Dios que el de mostrarse entrañablemente humano. Eso es ser un Papa cercano y abierto al mundo. El Papa, a sus 85 años, no duda en evidenciar que él no es Dios, sino un representante más de Dios. ¿Se ha humillado por ello? Pues bendita sea la debilidad de Benedicto XVI. Para los que estamos en constante búsqueda y vivimos la fe como un camino larguísimo y difícil, su paso fatigado y tembloroso puede ser el más adecuado”.

Hoy me siento muy confortado con Francisco. Si hace unas semanas, ante el cambio de Papa que se avecinaba, hablaba de la necesidad de gestos concretos por los que un pastor entrañablemente humano nos guiara en un camino rodeado de lobos que lo acechan desde dentro, hoy contamos con un pastor que testimonia con su propia persona cómo el andar por la vereda de la fe también puede ser algo alegre. Tras la necesaria ilusión del descubrimiento (adolescencia-Juan Pablo II), seguido después por el no menos esencial baño de realismo crítico y dolor (madurez-Benedicto XVI), urgía en mi particular camino de fe la vuelta a la esperanza.

Se ama más lo que más duele. Evidentemente, Francisco no guiará mi exclusivo devenir. Eso es tarea mía. Pero reconforta pensar que el carácter del nuevo pastor es el que más se adecúa a mi particular tiempo de fe. Justamente, como lo fueron sus predecesores.

Por cierto, ¿cuál será la próxima etapa? Qué viejo me estoy haciendo…

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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