
La agónica victoria contra el Barça, que nos mete en una final de la Euroliga por primera vez desde hace 18 años (cuando la ganamos contra el Olympiacos, nuestro rival el domingo), es, directamente, vida para este histórico club. Los madridistas podemos sufrir con las derrotas del fútbol. Pero creo que todos sabemos que ninguna, ni la más dolorosa, cuestiona que la institución desaparezca o no. Sin embargo, los amantes del Madrid de las canastas siempre tenemos el miedo metido en el cuerpo. Desde dentro, algunos dicen que somos un gigante venido a menos, que somos deficitarios, que esto no se puede sostener mucho tiempo sin títulos relevantes… Aquí es donde entra la Novena, mucho más que un sueño.
Ya estoy sufriendo por lo que nos espera el domingo. Me estremezco de pensarlo. Pero, pase lo que pase, sé que se le ha insuflado respiración asistida al enfermo. Al menos, hemos subido un peldaño más, estando ya al nivel previo a lo que en 1995, en Zaragoza, lograron los Sabonis, Arlauckas, Obradovic y compañía. Quiero pensar que, en Londres, hemos vuelto para quedarnos. Que somos el Real Madrid y que tenemos que estar siempre ahí, disputando la Copa de Europa. Sueño con que, dentro de muchas décadas, los aficionados a un club y a un deporte maravilloso, aún vivo, puedan recordar con el mismo entusiasmo al Madrid de los Sergios, Felipón, Rudy, Mirotic, Pablo Laso y demás. Yo, de momento, ya les doy las gracias. Gracias, gracias, gracias.
Ojalá. La Novena, como digo, es mucho más que un sueño. Es vida.
¡Hala Madrid!
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
