Dice Carlos Herrera que de ser ruso, por nada del mundo quisiera perderse las dependencias en las que vivía, planificaba asesinatos o descansaba Stalin
Las estancias utilizadas por Francisco Franco en el Palacio del Pardo han sido eliminadas del recorrido turístico por el edificio.
Según Patrimonio Nacional, «continúan visitándose las dependencias del palacio del XVI y las del XVIII, repletas de obras artísticas de gran nivel, pero la Comisión de Seguimiento de la Memoria Histórica ha decidido que el recorrido no incluya las dependencias de Franco porque no aportan nada».
La orden incluye el dormitorio y el baño adyacente, en el que ya sólo quedan dos camas, dos mesillas y sus lámparas, «todas de los años 50, como el entelado verde, porque ya fueron devueltas todas las piezas de interés, incluido el brazo incorrupto de Santa Teresa, que el dictador tuvo consigo al final de su vida».
Y sentencia Carlos Herrera en ABC, que en la España de la anormalidad todo es posible.
Que acabe siendo normal que un coronel trabaje en la torre de control de Barajas, que el estado de Alerta, o de Alarma, que no lo tengo claro, persista durante quince días -como si durante quince días estuviese sonando la alarma de su casa- o que una Comisión de Seguimiento de la Memoria Histórica presione a Patrimonio nacional para que supriman el dormitorio de Franco del recorrido de visitas del Palacio del Pardo… Y que Patrimonio lo conceda. En España empieza a ser normal lo anormal, incluidos los anormales que gestionan la cosa pública, sean inútiles, caraduras o timoratos.
Añade Herrera que un símbolo que sintetiza la España de la época es la cama de Franco. Ahí dormía el hombre que sometió al país a un régimen autoritario continuado y casi longevo.
Y afirma que, de ser ruso, por nada del mundo quisiera perderse las dependencias en las que vivía, planificaba asesinatos o descansaba Stalin; de ser rumano estaría vivamente interesado en conocer cómo vivía el sujeto megalómano y perverso que sometió al país en la pesadilla creada por el matrimonio Ceaucescu y de ser chino no quisiera perderse la posibilidad de contemplar la mesa de trabajo del visionario de Mao.
De ser alemán, al fin, entendería como una afrenta que me impidieran visitar los campos de concentración de Breitenau o Buchenwald. Si la práctica de la contemplación de la historia consiste en eliminar aquello que ha resultado contrario a la dinámica democrática del siglo XXI que cierren inmediatamente Auschwitz, que dinamiten la momia de Lennin y que clausuren los osarios de Pol Pot.
El paternalismo estomagante de la izquierda más sectaria ha decidido que no somos lo suficientemente estables como para visitar la parte del Palacio desde la que se gobernaba España -o se dormía- en la noche perpetua de la dictadura franquista; y yo pregunto ¿quiénes son los necios de Patrimonio Nacional para decidir lo que puedo o no puedo visitar?, ¿quiénes son los cretinos de la Comisión de Seguimiento de la Memoria Histórica para decidir por mí lo que puedo ver o lo que no puedo ver?, ¿qué tipo de trampa y de mentira me quieren inocular esta serie de profesionales de ocultar los hechos, estos profesionales especialistas en reescribir la historia como si las cosas no hubieran ocurrido?
REABIERTO EL VALLE DE LOS CAÍDOS
El ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, anunció ayer que el domingo 19 de diciembre se reabrirá «definitivamente» la basílica del Valle de los Caídos, después de colocar un túnel, una especie de «finger» de los utilizados en los aeropuertos, a la entrada del templo.







