Dolor en Melilla y Jerusalén tras el atentado

Yacob Pinto, el joven español asesinado por terroristas palestinos en Jerusalén, quería ser rabino y estaba recién casado

El asesinato de Yacob Pinto, español de 25 años, conmociona a la comunidad judía y reabre el debate sobre los pagos a familias de atacantes palestinos

Yaakov Pinto, asesinado por terroristas palestinos en Jerusalen
Yaakov Pinto, asesinado por terroristas palestinos en Jerusalén. PD

Una vida truncada por el terrorismo.

La mañana del lunes en Jerusalén se tiñó de sangre y conmoción.

Entre las víctimas del último atentado terrorista figura Yacob Pinto, un joven de 25 años nacido en Melilla, que soñaba con convertirse en rabino. Su historia es la de una vida marcada por la fe y el compromiso con su comunidad, abruptamente interrumpida por la violencia.

Los padres de Pinto viajan a Israel para decidir si su hijo será enterrado allí, cerca del lugar donde fue asesinado junto a otras cinco personas.

En Melilla, la noticia ha causado consternación en una comunidad judía pequeña y muy unida, que apenas supera el millar de miembros y que ve cómo el terrorismo internacional golpea de nuevo a uno de los suyos.

Yacob Pinto creció en el seno de la Comunidad Israelita de Melilla, una de las más antiguas y activas de España. Desde joven mostró una profunda vocación religiosa. Quienes le conocieron destacan su entrega y su deseo de profundizar en el estudio de la Torah y el Talmud, textos fundamentales para el judaísmo. Por eso, hace unos años decidió emigrar solo a Jerusalén y cursar estudios rabínicos en una reconocida yeshivá o centro de estudios religiosos.

En Jerusalén, Pinto rehizo su vida y recientemente contrajo matrimonio. Apenas dos meses después, el atentado lo sorprendió cuando se dirigía a clase. El ataque se produjo en una parada de autobús en la entrada norte de la ciudad, una zona transitada por estudiantes, trabajadores y familias. Los agresores, dos jóvenes palestinos sin antecedentes, abrieron fuego indiscriminadamente antes de ser abatidos por un soldado ultraortodoxo y varios civiles armados.

Un atentado que sacude a varias comunidades

El ataque dejó seis muertos y al menos 21 heridos, según datos de los servicios de emergencia israelíes. Las víctimas representan la diversidad de Jerusalén: un joven recién casado español, un cardiólogo estadounidense, un docente, dos estudiantes y una trabajadora de un movimiento juvenil. La conmoción se extiende desde Israel hasta Estados Unidos y España.

La Federación de Comunidades Judías de España confirmó el fallecimiento de Pinto y declaró luto oficial en su memoria. “Su profundo dolor” se une al de la sociedad israelí, marcada desde hace años por la amenaza constante del terrorismo. En Melilla, el impacto es mayor por el tamaño de la comunidad y la cercanía de los lazos familiares y religiosos.

El Gobierno español condenó tajantemente el atentado y expresó su solidaridad con los familiares, reiterando su compromiso con la paz en Oriente Próximo y su condena al terrorismo.

Una investigación en marcha y la sombra de los incentivos económicos

Las autoridades israelíes han identificado a los atacantes como dos jóvenes procedentes de Cisjordania. Un tercer individuo ha sido detenido, acusado de trasladarles en coche hasta el lugar del atentado. Israel ha reforzado la seguridad en Jerusalén y ha cercado varias aldeas palestinas en la zona de Ramala, mientras continúa la investigación sobre posibles cómplices y la preparación del ataque.

Este atentado reaviva el debate sobre los programas de apoyo económico a las familias de palestinos implicados en actos violentos. La Autoridad Palestina mantiene desde hace años el llamado Fondo de los Mártires, que destina millones de dólares anualmente a compensar a familiares de fallecidos, heridos o encarcelados, incluidos aquellos implicados en atentados. En 2019, este fondo alcanzó cerca de 193,6 millones de dólares, según datos oficiales.

Organizaciones israelíes y voces internacionales critican estos pagos, calificándolos de “pago por matar” e incentivo directo al terrorismo. Casos emblemáticos como el ataque a la pizzería Sbarro en 2001 han puesto en evidencia que algunos terroristas y sus familias han llegado a recibir más de 900.000 dólares en total a través de este mecanismo.

En 2025, Mahmoud Abbas habría anunciado el fin de estos pagos como gesto hacia la administración estadounidense, pero diversas fuentes indican que los desembolsos continúan, alimentando la controversia internacional.

No solo la Autoridad Palestina destina fondos a estos fines. Hamás, que controla la Franja de Gaza, ha prometido abiertamente pagos de hasta 3.000 dólares a las familias de atacantes fallecidos y ha canalizado millones de dólares a través de su estructura económica. Además, Irán ha sido acusado de transferir sumas considerables: hasta 7.000 dólares por cada palestino muerto y 30.000 dólares por cada casa demolida por las fuerzas israelíes. Este respaldo refuerza la capacidad de grupos armados para mantener su influencia y presencia en la región.

Dolor, memoria y polarización

El asesinato de Yacob Pinto ha reavivado la memoria de otras víctimas españolas del terrorismo en la región, como Iván Yllarramendi y Maya Villalobo, asesinados en la masacre del 7 de octubre de 2023. En los últimos años, la comunidad judía española ha vivido un luto recurrente, reflejo de la persistencia del conflicto y la dificultad de hallar una salida pacífica.

El atentado también profundiza la polarización entre Israel y Palestina. Mientras Israel endurece su respuesta militar y policial, Hamás celebra el ataque como “respuesta natural a los crímenes de la ocupación”. La comunidad internacional, por su parte, se debate entre la condena al terrorismo y la búsqueda de soluciones diplomáticas que pongan fin a la espiral de violencia.

Un futuro incierto

El caso de Yacob Pinto simboliza el coste humano de un conflicto enquistado.

Su historia personal, marcada por la búsqueda de conocimiento religioso y la construcción de una nueva familia, se ve truncada por la lógica de la violencia. Mientras sus padres deciden si enterrarlo en Jerusalén o en Melilla, la comunidad judía y la sociedad española reclaman justicia y memoria.

La continuidad de los pagos a familiares de atacantes, el papel de actores externos como Irán y la incapacidad de los líderes para frenar la escalada auguran un futuro incierto.

Sin embargo, la reacción solidaria de las comunidades afectadas y la condena internacional subrayan la necesidad de no resignarse ante la barbarie y seguir apostando por la vida y la convivencia.

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