Jesse Jackson forjó una trayectoria legendaria como pastor baptista, deportista prometedor y figura clave en el activismo racial, posicionándose entre Martin Luther King y Barack Obama como el puente moral para millones de afroamericanos. Participó en marchas históricas junto a King, desde Selma hasta el fatídico día en Memphis en 1968, donde su presencia ante las cámaras lo impulsó a la fama pese a las controversias iniciales. Fundó organizaciones como PUSH y la Coalición Arcoíris, defendiendo a los marginados y presionando por justicia social, educación y empleos dignos.
Carrera política y diplomática
Dos veces candidato presidencial demócrata en 1984 y 1988, Jackson revolucionó las primarias con lemas como «Mantengan viva la esperanza», atrayendo votos récord y allanando el camino para futuros líderes negros. Logró liberaciones improbables: un piloto de los sirios en 1984, prisioneros de Fidel Castro y rehenes de Saddam Hussein, demostrando su influencia más allá de EE.UU.. Aunque plagado de escándalos personales, como infidelidades y críticas por oportunismo, su retórica apasionada y rimada inspiró cambios profundos en el Partido Demócrata.
Vida personal y legado
Nacido en 1941 en Carolina del Sur en condiciones humildes, abandonó el fútbol universitario por el activismo y se ordenó ministro sin completar estudios formales. Detenido múltiples veces, asesoró presidentes y marchó contra el apartheid, pero su ego y contradicciones humanas marcaron su figura compleja. Su familia lo despidió como un «líder servicial» que compartió su lucha con el mundo, pidiendo continuar por justicia e igualdad, mientras Donald Trump lo recordó como un hombre de acción sociable y determinado. Con su muerte por Parkinson este martes, Jackson deja un mundo transformado por su voz inquebrantable.
