Uno de los argumentos del Obama para los recientes bombardeos selectivos

¿Quiénes son los misteriosos yazidíes a los que exterminan los fanáticos del Ejército Islámico en Irak?

El peor destino posible para un yazidí es que lo expulsen de su comunidad, por cuanto esto significa que el alma no puede progresar nunca

Entre las muchas víctimas del avance del grupo yihadista Estado Islámico en Medio Oriente está un grupo de hasta 50.000 yazidíes, que saltaron a la luz por quedar atrapados hace unos días en las montañas del noroeste de Irak sin comida ni bebida.

La autora británica Diana Darke explica quiénes son los seguidores de este misterioso grupo religioso.

Lanzados al primer plano de la actualidad por la difícil situación que atraviesan, los yazidíes no deben estar contentos con tamaña atención internacional.

A cuenta de sus inusuales creencias, a menudo se les tilda injustamente de «adoradores del diablo» y tradicionalmente se han mantenido aislados en pequeñas comunidades dispersas por el noroeste de Irak, el noroeste de Siria y el sudeste de Turquía.

Calcular la cifra total de miembros del grupo es difícil, con números que oscilan entre 70.000 y 500.000. Temidos, vilipendiados y perseguidos, no hay duda de que su población menguó considerablemente a lo largo del siglo pasado.

Como ocurre con otras minorías religiosas de la región, por ejemplo los drusos y los alawis, no es posible convertirse al yazidismo. Sólo se puede nacer como yazidí. 

Confusión sobre su nombre

La actual persecución a esta minoría en su tierra natal de la región de la montaña Sinjar, al oeste de Mosul, se basa en un malentendido por su nombre.

Extremistas sunitas como los militantes del Estado Islámico (EI, antes conocido como ISIS), creen que el nombre procede de Yazid ibn Muawiya (647-683), el profundamente impopular segundo califa de la dinastía Umayyad.

Investigaciones modernas, sin embargo, aclararon que el nombre no tiene nada que ver con el libertino Yazid o la ciudad persa de Yazd, sino que se deriva del persa moderno «ized», que significa ángel o deidad. El nombre fzidis simplemente significa «adoradores de dios», que es la forma en que los yazidíes se definen a sí mismos.

El nombre que se atribuyen ellos mismos es daasin (el plural es dawaaseen) que deriva del nombre de una vieja diócesis nestoria, de la Antigua Iglesia del Este, y muchas de sus creencias tienen su origen en la Cristiandad.

Los yazidíes veneran tanto la Biblia como el Corán, pero mucha de su tradición es oral.

Malentendidos sobre su fe

En parte debido a su secretismo, ha habido malentendidos en cuanto a un supuesto vínculo de la compleja fe yazidí con el zoroastrismo por la dualidad claro/oscuro e incluso algo de adoración al Sol.

No obstante, estudios académicos recientes mostraron que aunque sus altares están a menudo decorados con el Sol y que las tumbas se colocan orientadas al este, hacia la salida del astro rey, comparten muchos elementos con el cristianismo y el islam.

Los bebés son bautizados con agua sagrada por un sacerdote. En las bodas, el religioso parte el pan y le da una mitad a la novia y la otra mitad al novio. La novia, vestida de rojo, visita iglesias cristianas. 

En diciembre, los yazidíes ayunan tres días, para después beber vino con el sacerdote.

Del 15 al 20 de septiembre hay un peregrinaje anual a la tumba del jeque Adi at Lalesh, al norte de Mosul, donde llevan a cabo abluciones rituales en el río. También practican sacrificios de animales y la circuncisión.

Malak Taus, el «ángel pavo real»

Su ser supremo se conoce como Yasdan. Se lo considera de un nivel tan elevado, que no se le puede adorar directamente.

Es una fuerza inactiva, el Creador del mundo, no su guardián. Siete grandes espíritus emanan de él, de los cuales el más grande es el «Ángel Pavo Real» conocido como Malak Taus, ejecutor activo de la voluntad divina.

El pavo real en el cristianismo primitivo era un símbolo de inmortalidad, porque su carne no parece descomponerse. Se considera a Malak Taus como el álter ego de Dios, inseparable de él, y en ese sentido, el yazidismo es monoteísta.

Los yazidíes le rezan a Malak Taus cinco veces al día. Su otro nombre es Shaytan, que es la palabra árabe para diablo, y esto es lo que ha hecho que se etiquete erróneamente a los yazidíes como «adoradores del diablo». 

Los yazidíes creen que el alma atraviesa distintas formas humanas -transmigración- y que la purificación gradual se hace posible con el renacimiento constante, lo que hace superfluo el concepto de Infierno.

El peor destino posible para un yazidí es que lo expulsen de su comunidad, por cuanto esto significa que el alma no puede progresar nunca. La conversión a otra religión es, por tanto, algo impensable.

Su ser supremo se conoce como Yasdan. Se lo considera de un nivel tan elevado, que no se le puede adorar directamente.

Es una fuerza inactiva, el Creador del mundo, no su guardián. Siete grandes espíritus emanan de él, de los cuales el más grande es el «Ángel Pavo Real» conocido como Malak Taus, ejecutor activo de la voluntad divina.

El pavo real en el cristianismo primitivo era un símbolo de inmortalidad, porque su carne no parece descomponerse. Se considera a Malak Taus como el álter ego de Dios, inseparable de él, y en ese sentido, el yazidismo es monoteísta.

Los yazidíes le rezan a Malak Taus cinco veces al día. Su otro nombre es Shaytan, que es la palabra árabe para diablo, y esto es lo que ha hecho que se etiquete erróneamente a los yazidíes como «adoradores del diablo».

Los yazidíes creen que el alma atraviesa distintas formas humanas -transmigración- y que la purificación gradual se hace posible con el renacimiento constante, lo que hace superfluo el concepto de Infierno.

El peor destino posible para un yazidí es que lo expulsen de su comunidad, por cuanto esto significa que el alma no puede progresar nunca. La conversión a otra religión es, por tanto, algo impensable.

¿Regreso a Turquía?

En áreas remotas del sudeste de Turquía, hacia las fronteras con Siria e Irak, las alguna vez abandonadas poblaciones yazidíes están volviendo a la vida, con nuevas construcciones hechas por los propios yazidíes.

Muchos de ellos regresan del exilio ahora que el gobierno turco no les molesta.

Pese a siglos de persecución, los yazidíes nunca abandonaron su fe, en una prueba de su notable sentido de la identidad y fuerza de carácter.

Si son expulsados de Irak y Siria por los extremistas del EI, lo más probable es que se asienten en el sudeste de Turquía, donde les dejan vivir sus creencias en paz.

 

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