El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Bienvenida, bienhallada, bienhadada, la crítica…

BIENVENIDA, BIENHALLADA, BIENHADADA, LA CRÍTICA RAZONABLE, RAZONADA, DE UNA CRÍTICA BIEN DEFENDIDA, FUNDAMENTADA

Hace muchos años, mientras el menda lerenda, “Otramotro”, cursaba el CAP, Certificado de Aptitud Pedagógica, en el ICE, Instituto de Ciencias de la Educación, de la Universidad de Zaragoza, para superar la asignatura de Tutoría, el susodicho tuvo que firmar uno de los trabajos de los que se siente más orgulloso y satisfecho. El mentado, un mini o proto-ensayo (ojalá no se co(li)ja por el lado de la presunción), versaba sobre una de las tareas esenciales, principales y, en su modesta opinión, asimismo, inexcusables, dentro de cualquier proceso de enseñanza/aprendizaje, la “metaevaluación”.

Allí ya dejó constancia de su apoyo y parecer personales a favor de la crítica, que pretendía dar respuesta o solución plausible a la platónica pregunta de “¿quién vigilará al vigilante?”

Sirvan estas líneas para dar mis gracias más sinceras a todos los que se han tomado la molestia (en el supuesto de que se haya tratado de tal) y tienen o tengan la deferencia de comentar críticamente mis textos. Que sepan los escoliastas que he leído, leo y leeré todas sus apostillas o notas y que no han caído, caen ni caerán en saco roto. Con sumo gusto contestaría a todos, pero carezco de la celeridad de pensamiento y de las herramientas (que no miento) que se precisan para salir airoso de líos o trances semejantes (la causa de mi escaso caso acaso estribe en mi lento talento) y, también, del tiempo (suelo seguir la recomendación de Ryszard Kazimierz Kapuscinski de no escribir una página sin haber leído previamente cien) necesario. Además, sería un agravio comparativo que a unos (a los que me diera tiempo) les contestara y a otros no. Entendería las quejas (por supuesto, motivadas) de estos últimos, a quienes no les faltaría razón para sentirse molestos. Así pues, sintiéndolo mucho, no contestaré a nadie en principio, como norma.

Te pido, otrosí, amable, atento, dilecto, discreto y selecto lector, licencia para poder traer hasta aquí, porque me peta un montón (recordar), los tres versos que inauguraron uno de mis dietarios (dietas de realidad, fundidas o entreveradas con diarios de ficción): “En mi boca nació vocación de serafín / por boca que evocaba (o que equivocaba), / a su vez, vocación de querubín.”

Déjame terminar esta “urdiblanda” (así, al menos, la catalogo yo) con un pensamiento de René J. Trossero, quien escribió aquello de que (la nuestra es una traducción libre) “al genio le cuesta hablar de su sabiduría y al necio le cuesta callar sus sandeces”. Si aliquando bonus dormitat Homerus, con otras palabras, si en el caletre o el pesquis del o de la más dicaz y perspicaz, que el menda lerenda no lo es, ni de lejos, siempre cabe hallar un rincón para la insensatez, cómo se va a negar “Otramotro” a reconocer lo obvio, que es a menudo el sandio del que habla arriba Trossero.

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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