¿DÓNDE VA USTED, SIN LLAMAR…? (I)
POR JESÚS ARTEAGA ROMERO
Me presento en su despacho
sin llamar, pues soy así.
Y me dice la señora
a quien llaman Collarín:
—¿Dónde está la educación
que de joven yo aprendí?
¿Dónde va Ud., sin llamar…?
—No lo sé, pues me perdí.
—¿Y quién es Ud., señor?
—Pues yo soy el Tomasín.
—No me dice nada el nombre.
Y aunque yo lo repetí,
siguió la dama en que no,
En que nunca fue eso así.
En que uno, previo a pasar,
debe hacer y repetir
el sonido tan precioso
que produce el tin-tin-tin.
¿A qué tanta explicación
me da a mí la Collarín?
Ella insiste: antes de entrar
es preciso hacer tintín.
Y pregunto yo ¿por qué?
Y ella vuelve a repetir
que la buena educación
nos obliga a hacer tin-tin,
por si está ella algo indispuesta
y abrir no me quiere a mí;
y en iguales condiciones
nunca debe recibir.
Y le digo quién soy yo;
que me llamo Tomasín.
Y me insiste que al entrar
hay que hacer tin-tin-tin-tin.
Y pregunto yo ¿por qué,
si mucho antes ya de abrir
y pasar a su despacho,
cómo estaba, ya la vi?
Pues para eso la mirilla
siempre cumple con su fin.
Y un buen rato yo esperé
y quedé sentado allí
esperando se pusiera
su precioso peluquín;
y mil cosas observé
esperando que, por fin,
la señora se vistiera
para yo poder abrir,
porque ya estaba visible
la señora Collarín.
(Continuará mañana.)
Jesús Arteaga Romero