LA VOLUNTAD DE NO SER DEPENDIENTE
ES UN IMPRESCINDIBLE REQUISITO
Quien conoció a un amigo que fue adicto al tabaco, o sea, un fumador empedernido, ludópata o drogodependiente, yonqui, supo, si le intentó echar una mano, lo difícil que es vencer esa adicción, conseguir ese reto. Para lograrlo es fundamental buscar ayuda psicológica y, sobre todo, haber adquirido la voluntad firme de dejar de ser dependiente. Bueno, pues, mutatis mutandis, otro tanto o tres cuartas partes de lo propio ocurre con los malos hábitos, con las pésimas rutinas, si estas se enraizaron o enquistaron hace tiempo.
Hace dos semanas cabales, en la Nota bene que agregué a la urdidura rotulada “¿Quiénes rebajan? ¿Quiénes aseguran?, publicada en mi bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro, el lunes 9 de febrero de los corrientes mes y año, me sentí en la obligación de alabar, como se merecía, el artículo firmado por Soledad Alcaide, Defensora del Lector de EL PAÍS, que vio la luz la víspera, el domingo 8 de febrero de 2026, en la página 18 del Periódico Global.
Tras decir amén al último de los tres puntos que recogía en su texto, el que ella denominó así, “nombre ficticio”, donde se leía lo ajustado y conveniente u oportuno (“La expresión resulta muy desafortunada porque levanta un velo de duda sobre todo el testimonio: si hay resquicio para inventar un nombre, por qué no para falsear la fuente. (…). El manual de estilo señala que el periodista debe ‘huir de las fuentes anónimas’ y solo acudir a ellas cuando haya ‘un motivo grave’ que debe indicarse en el texto: ‘Por temor a represalias, por estar obligado a mantener la confidencialidad del asunto que revela u otros análogos’. Recurrir a un nombre figurado no puede ser una excusa para hurtarle al lector esta justificación, vital para la credibilidad de la información”), y darle las gracias a doña Soledad por el detalle o gesto, confiaba, deseaba y esperaba que los periodistas del diario aficionados a esa mala práctica o costumbre, según mi criterio, incompleta manera de redactar sus crónicas, hubieran tomado buena cuenta de la pintiparada consideración de la Defensora del Lector, y le hicieran caso. Vana ilusión. Los susodichos han vuelto a las andadas, por sus fueros, donde solían, haciéndonos a doña Soledad y al resto de los lectores de EL PAÍS, incluido servidor, una peineta.
Y, como las opiniones son interpretables, pero los hechos son tozudos, quienes leyeran ayer en la página 25 la crónica de Carlos E. Cué, titulada “Toda la carne puesta ya en las generales” del diario EL PAÍS, se llevaron a los ojos la misma información redactada que me llevé yo, esta: “Sánchez, explican en su entorno, no da nada por perdido. ‘Somos un partido ganador y salimos a ganar todas las elecciones, no renunciamos a ninguna’”. ¿Quién o quiénes expresan lo entrecomillado? No lo sabemos, porque el cronista nos lo ha hurtado. ¿Por qué? Lo ignoramos, pero alguna razón habrá. ¿Cuál? ¿?
Sigamos leyendo lo que aparece escrito: “Sin embargo, distintas fuentes del Gobierno sí admiten que las expectativas para Castilla y León y Andalucía no son buenas, aunque sí mejores que las de Extremadura y Aragón. ‘Vamos a aguantar mejor, vamos a ir de menos a más, y el PP se va a meter en un problema enorme con Vox. Confiamos en que los progresistas empiecen a ser más conscientes de lo que viene si no se movilizan’, señala un miembro del Ejecutivo”. Nos hubiera sobrado que Cué nos hubiese dado una de esas fuentes, pero no nos da ninguna. Y del miembro del Ejecutivo del que se extracta lo dicho por él no conocemos si fue ella, él o no binario. Nada.
“‘El caso de Ábalos, Cerdán y Koldo García, que en el fondo es el mismo, nos ha hecho un daño enorme y vamos a tardar en remontar ese golpe. Necesitamos tiempo para que la gente vea que no era algo estructural, que no había financiación ilegal, que eran unos golfos que nos estafaron a todos. Pero para 2027 las cosas serán diferentes’, apunta otro”. ¿Quién? ¿Cuál? ¿Ha habido otro apagón? Nos hemos quedado a oscuras.
Si seguimos leyendo el diario de PRISA, no deprisa (y aquí he recordado qué nos cuenta, en la página 8 del suplemento IDEAS, Íñigo Domínguez en el segundo párrafo de su columna “Ya nadie llama”: “’¿Qué es lo que más os aterroriza de la pureza?’, le pregunta Adso de Melk a Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa, y él responde: ‘La prisa’”; sobre todo, de quien cita el epígrafe, sin comprobar, de manera fidedigna, si es cierto o apócrifo, pues el que eso haga se llevará una sorpresa cuando compruebe la verdad del hecho, en la página 524; y que en las Apostillas a El nombre de la rosa, Eco escribe: “El narrador no debe facilitar interpretaciones de su propia obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones”; y más tarde apunta: “El autor debería morirse después de haber escrito su obra. Para allanarle el camino al texto”cuatro páginas adelante, en la 29, nos llevamos a la vista el artículo titulado “Los pactos tensionan a Génova con el PP de Extremadura”, que lleva la firma de Elsa García de Blas.
En la susodicha pieza leemos: “’Sobra ruido y falta trabajo serio alrededor de una mesa’, replicó a Guardiola esta semana la vicesecretaria Carmen Fúnez en un mensaje que cayó como un jarro de agua fría en el PP extremeño. (Bien, aplausos, ovación) ‘Ese recado de Génova no sentó nada bien’, admite un dirigente del territorio, que como otros se queja de que la cúpula, más allá de lanzar avisos, no echa una mano a sus barones para reconducir la relación con Vox”. (Mal, silbidos, bronca). Y en la tercera columna de la crónica hay más entrecomillados, a los que sigue, a continuación, un sintagma parecido: “rememora un dirigente”; “describe”; “otros dirigentes defienden que la extremeña tiene”; “opina un presidente autonómico del PP”. No sabemos quién o quiénes opinan lo que Elsa ha entrecomillado.
Acaso ejerza o funja las veces de panacea, es decir, sea mano de santo recordar el párrafo final de “El Buscón”, de Francisco de Quevedo y Villegas, donde su hacedor concentró toda la base moral de dicha obra: “La justicia no se descuidaba de buscarnos; rondábanos la puerta, pero, con todo, de media noche abajo, rondábamos disfrazados. Yo que vi que duraba mucho este negocio y más la fortuna en perseguirme, no de escarmentado, que no soy tan cuerdo, sino de cansado, como obstinado pecador, determiné, consultándolo primero con la Grajal, de pasarme a Indias con ella y ver si mudando mundo y tierra mejoraría mi suerte. Y fueme peor, como V. Md. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”.
Aunque Quevedo no escribió la segunda parte, su consejo es ajustado: es necesario cambiar de estilo de vida, modus vivendi, y de costumbres para mejorar y aun optimizarse.
¿Habrá que tirar el manual de estilo de EL PAÍS a la basura por ser papel mojado?
Nota bene
Como lo prometido es deuda, doña Soledad Alcaide, aquí están mis reparos o pegas.
Ángel Sáez García