El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Vi sus medias cuartillas amarillas

VI SUS MEDIAS CUARTILLAS AMARILLAS

“Me consta que a usted, Ángel Sáez García, Otramotro, le encanta la más aireada y, por tanto, célebre y famosa frase de Ortega y Gasset, la que dice así: ‘Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo’, que apareció publicada por primera vez en su libro ‘Meditaciones del Quijote’ (1914). A usted lo salvó del infierno, que hubiera sido para usted la vida sin ser escritor (lo de más conocido o menos leído eso ya es harina de otro costal) un epígono o seguidor suyo, Jesús. Mi teoría es que usted se hizo escritor redactando las más de trescientas epístolas que le trenzó y mandó a Jesús y luego publicó en su blog de Periodista Digital. Quien escriba una tesis doctoral sobre su literatura tendrá que leerlas detenidamente y, solo así, llegará a entender qué quiero decir. Sin el concurso de ese educando (que no fue discípulo, en sentido estricto) tan especial, que también estudió en el extinto seminario menor de Navarrete, aunque no coincidió con usted, estoy completamente seguro de que usted no hubiera logrado ser el estupendo hacedor de historias, bululú y/o cuentacuentos que es hoy.

“Al principio, cuando empecé a leerle, desconfiaba de muchas de las anécdotas que contaba. Como tengo un amigo que nació y reside en Tudela, pues ambos prestamos juntos el servicio militar obligatorio en Araca (Vitoria-Gasteiz) y esa relación de amistad aún se mantiene, le pedí que hiciera unas averiguaciones, como si fuera un detective privado. A cuanto le puse objeciones de que fuera verdad pura y dura, él me confirmó o ratificó que era cierto, certísimo. Me extrañaba que usted no tuviera ordenador, y sigue sin tenerlo. Sería una incongruencia mayúscula que lo tuviera y no lo usara. No me creí que usted escribiera a diario y me consta que lo hace, porque yo mismo lo comprobé con mis propios ojos. Tuve que viajar en coche a Bilbao al funeral de un familiar alejado (en el linaje y en el espacio). A la ida, me detuve en Tudela, acudí al número 14 de la calle Herrerías, sede del Archivo Municipal y la Biblioteca “Yanguas y Miranda”, en el precioso palacio del Marqués de Huarte, y vi cómo pasaba a ordenador sus textos, y las medias cuartillas amarillas en las que había escrito, de su puño y letra, con la ayuda inestimable de un BIC azul, su borrador.

“Como me dijo Fermín que usted había sido profesor de Creación Literaria, barrunté que algunos de los trabajos de sus alumnos los había publicado en su blog sin su consentimiento, como si fueran propios. Pero no encajaba, porque ninguno de sus discípulos lo había denunciado por flagrante plagio. Además, de esas clases habían pasado más de tres décadas. Y eso tampoco cuadraba con su personalidad, de una probada integridad o probidad a prueba de bombas, honrado a carta cabal y de una fuerza mental inusitada. Mantener durante veinte años ese ritmo creativo diario con un nivel literario alto es un desafío que solo lo coronan los firmes de criterio, los auténticos titanes. Esa regularidad, emparejada con su estilo peculiar, característico, hacen de usted un escritor inigualable, con cuatro piernas en lugar de dos, dando a los cuatro pedales de ese tándem.

“Sospeché que Otramotro pudieran ser varios profesores o escritores, pero el acervo lingüístico, el tono, el trazo y la mirada pertenecían al mismo autor, usted, Ángel. Como le ocurre a la huella dactilar de nuestros dedos, su manera de hacer literatura se puede remedar y hasta remendar, pero es muy difícil de falsificar.

“¿Si no he atinado en todo, lo he hecho en mucho?

“Anónimo (¿se sorprenderá si, para dejarle con la intriga, me enmiendo y firmo Anónima?)”.

De lo que me admiro, y muy gratamente, por cierto, es de tener lectores (ellas, ellos y no binarios) avispados, inteligentes, y tan capaces como sagaces. Si he tenido que ver algo en la perspicacia y dicacidad que demuestras y prueban, me sentiré, amén de orgulloso, satisfecho.

Son muchos los comunicantes que se hacen cruces por esta circunstancia notoria, que nunca he cobrado un solo euro por todo lo que he escrito. Les suelo contestar a todos lo mismo, que, si cobrara por ello, eso sería la repanocha, la repera, miel sobre hojuelas. Saber que a uno lo leen a diario cien personas (mejor, si son cien mil) es un premio impecune que, a mí, que no aspiro a ser rico (en dinero, sí me apetecería seguir siéndolo en ideas) ni ambiciono tener posesiones, llena mi mochila de civis mundi.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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