Pacos

Paco Sande

Y ahora los “escritores en lingua galega”, inquina “progre” a la Ciudad de la Cultura.

El primer gran golpe en contra de “La Ciudad de la Cultura de Galicia», lo dieron con la llegada del bipartito –tándem, Quintana-Touriño- a la presidencia del Gobierno de la Junta. La nueva Consejería de Cultura y Deportes decidió redefinir el proyecto con el fin de darle un giro al uso de los edificios puesto que el original no era, al parecer, de su agrado, esto triplicó el coste del proyecto.
Con todo, a trancas y barrancas, ralentizándose en el tiempo y encareciéndose enormemente, la obra siguió adelante, con los ataques del “progrerio” acrecentándose exponencialmente al avance de la misma.
Los últimos en poner el grito en el cielo en contra del proyecto y pidiendo la paralización del mismo han sido los escritores que, por medio de su director Cesáreo Sánchez, han dicho: -literalmente- “que se pare el Gaias por falta de proyecto».
¡Hay que joderse! Me perdonan la expresión…
Pero bueno, tampoco hay que asombrarse tanto, puesto que, a poco que uno conozca la fauna“progreril y gorrona” del ecosistema galaico, se dará cuenta enseguida de que a los intelectuales autóctonos, además de la inquina natural que siente por la obra, por ser ésta hija de quien es, también les atañe en el bolsillo.
Y me explico: durante los años de bonanza económica en Galicia, al igual que en el resto de España, se puso de moda crear una O.N.G de lo que fuera y vivir de las subvenciones. Y en Galicia las que más subvenciones recibían, y con más facilidad, eran aquellas que usaban en su nominación el adjetivo galego “gallego”. Así hubo O.N.G.s en pro de la “gallina ponedora gallega, del pollo de corral gallego, de la vaca rubia gallega, del mejillón gallego, de la vieira, de la almeja, del berberecho” y hasta del copón, digo, capón. Había de todo y para todo, a alguien se le ocurría un nombre, le añadía “galego” y ya tenía O.N.G y subvención.
Pero las que se llevaron realmente el dinero, la parte del león, o sea, crudo, fueron las “mesas de normalización lingüística”, las “academias da lingüa galega” los “periódicos en gallego” y, cómo no, los “artistas galegos”.
Pero llegó la crisis y con ella las vacas flacas y empezaron a quitar subvenciones. Primero les tocó a las gallinas y vacas varias, luego comenzaron a caer los periódicos, los de la “mesa” también andan muy disminuidos y ahora les está llegando el turno a los “artistas”.
Y es aquí donde entra nuestro hombre, don Cesáreo Sánchez, al frente de los “Escritores en Lingua Galega” (sic) “manifestando su malestar ante el hecho de que se desvíen fondos de la Consejería de Cultura hacia el proyecto del Gaias”
“No se puede poner en el Gaias ni un euro más de la Consejería de Cultura” avanzó.
La mayoría de estos “Escritores en Lingüa Galega», si pueden vivir de su trabajo como escritores es porque escriben en gallego y están subvencionados, puesto que, si tuviesen que vivir de la venta de sus libros iban a pasar más hambre que Gandhi.
Ahora ven peligrar sus habichuelas y se ponen nerviosos. Se entiende. Pero alguien debiera decirles que, ellos son muy libres de ser todo lo escritores que quieran y en la lengua que quieran y si venden muchos libros y se hacen millonarios, mejor para ellos, pero si no son capaces de vender ni en panfleto pues entonces tendrán que dedicarse a otra cosa. Puesto que, de gente que viva del cuento ya está el cupo cubierto.
En cuanto al coste de la Ciudad de la Cultura, es verdad que es bastante alto, pero también en su día fue alto el coste de la construcción de la Catedral, y hoy es el orgullo de Santiago y de Galicia.
También es alto el coste de la Sagrada Familia de Barcelona, y Cataluña está tan arruinada como Galicia, pero por no eso han parado los catalanes en su construcción, ni pararan hasta verla terminada.
Los seres humanos pasamos, las obras perduran. Y dentro de mil años los gallegos de ese futuro podrán enseñar orgullosos la hermosa “Ciudad de la Cultura” que hoy les legamos. De eso estoy seguro. No lo puedo estar tanto de que para entonces perdure todavía la magna obra que está creando este doto don Cesáreo que hoy pide que se interrumpa su construcción.

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