Pacos

Paco Sande

No sé si nos gusta dar lastima o somos así de quijotes

Decir que estamos metidos en el fregado más grande desde la Guerra Civil, es un axioma.

La dificultad, el peligro, el trance por el que estamos pasando es de tal magnitud, y el camino hacia la gran depresión, a la más absoluta ruina, es tan evidente, que solo de pensarlo se le quitan a uno las ganas de todo.  La gallina en piel, que diría Arsenio Iglesias.

El mundo entero está siendo azotado por una plaga para la cual nadie tiene idea de cómo atajarla o cuando y como acabará.

Y España, como siempre ocurre con todo lo malo, se está llevando la peor parte.

Y, además, somos quijotes.

En esta historia nadie dice la verdad.

Cada país hace sus test y cuenta a sus muertos, como le sale de la flor.

No hay un protocolo a nivel mundial. Ningún país sabe realmente como lo está haciendo el vecino.

¿Ningún país sabe si el país vecino hace el mismo porcentaje de test o no?

Nadie sabe si en el país vecino, alguien que tenía un cáncer terminal y muere infectado por el virus, ¿su deceso será considerado “muerte natural” o pasará a engrosar las estadísticas de la pandemia?

Nadie lo sabe.  Pero, eso sí, estoy seguro que la mayoría, están tirando a contar a la baja.

Menos en España. Aquí nos hemos liado a hacer test a discreción y venga a salir infectados y venga a cerrar ciudades y venga a destrozar empresas, destruir puestos de trabajo y aniquilar la economía.

Dicen que los test fallan más que una escopeta de feria, pero no importa, es tal nuestro celo en ser campeones en infectados y muertos por el virus que, si alguien es atropellado por un autobús y se queda espachurrado en el acto, si anteriormente se había hecho el test y había dado positivo, será considerado una víctima más de la pandemia.

Y es que, ¿no sé si nos gusta dar lastima o somos así de quijotes?

-Donde digo quijotes, quise poner gilipollas pero hoy voy de fino-

Pero lo del “fregado” o sea, nuestra tragedia, no acaba aquí, ¡qué va!

Tenemos el peor Gobierno en el peor momento.

Un Gobierno hecho de remiendos, que funciona como tal.

Un Presidente cuyo único objetivo en la vida es ser Presidente, y para ello, para seguir siéndolo, vendería, y vende, a su madre, a su partido y a su país.

Para que le aprobasen los PGE, se alió con los separatistas vascos y catalanes y está pagando el coste de ese soporte, acercando al país vasco a los presos de ETA, indultando a los golpistas catalanes y, mucho me temo, acabará por nombrar héroes nacionales a Otegui y Puigdemont, y si no al tiempo.

Y eso no es lo peor, no señor, hay más, mucho más.

Han terminado con la Constitución del 78.

Han acabado con la separación de poderes –han enterrado a Montesquieu-

Han eliminado a obligación de estudiar en castellano –Español- en las aulas.

Nos han comunicado que hacienda podrá entrar en las viviendas sin previo aviso.

Han acabado con la imparcialidad de los jueces.

Han acabado con la libertad de expresión.

Han acabado con la Historia, con la economía y con nuestra lengua.

Y han puesto los cimientos para el ministerio de la verdad.

-El ministerio dirigido por Carmen Calvo señala que: los ciudadanos deben tener acceso a una “información veraz y diversa” y que se ve “cada vez más amenazada” por la “difusión deliberada” de información falsa-

– ¿¡Y ellos, los del Ministerio de la Verdad, serán los que decidan cual es la información “veraz y diversa” ¡?  George Orwell, en su libro, 1984, decía: El Ministerio de la Paz se ocupa de la guerra, el Ministerio de la Verdad, de las mentiras, el Ministerio del Amor, de la tortura y el Ministerio de la Abundancia con la inanición. Estas contradicciones no son accidentales, ni resultan de la hipocresía ordinaria: son ejercicios deliberados del doblepensamiento-

Y no olvidemos a “nuestro Vicepresidente”, esa basura con patas que atiende por Pablo Iglesias. Este ya ni se oculta, ya se ha echado en tumba abierta al acoso y derribo del Estado actual lanzándose sin ambages a por la yugular de éste, la Casa Real.

Está dispuesto, y lo publica a los cuatro vientos, a convertir a España en una republica, algo que no ve con malos ojos Pedro Sánchez, que ya se ve presidente de dicha republica.

Porque, a ver: ¿Qué les importa a estos dos facinorosos, las calamidades, penurias, necesidades y privaciones que estemos sufriendo los españoles?

Ellos van a lo suyo, ser los amos, los mandamases del cotarro y, lo demás, les importa un pepino. A los españoles que los zurzan.

Y si esto fuera poco, todavía nos queda esa otra tragedia que representa para España, para Europa y para Occidente en general, la invasión de los ilegales. Ese chorreo sin fin de pateras que cada día llega a nuestras costas.

Y con ellos llega una cultura ajena y hostil a la nuestra.

Una cultura basada en la teocracia, supeditada a un dios que no perdona a nada que no le sea fiel, enraizada en el fanatismo y sustentada por el miedo.

Este es el  cuarto  “jinete del apocalipsis”, la muerte.

La muerte, la destrucción de occidente, de nuestra civilización, de nuestra cultura, de nuestra forma de vida, de la esencia de lo que Europa representa, la misma esencia que llevaron a las Américas los colonizadores y que ahora se tambalea igual que aquí.

Desde Pakistán, de Uganda, de Nigeria, de Sudán, de Kenia, de Tanzania, de Argelia, de Túnez, de Marruecos, de Mauritania, de Chad, de Camerún, del Congo, de Burundi, de Libia, de Somalia, de Eritrea, etc., estamos siendo invadidos por el Islam.  Y nos están conquistando sin derramar una gota de sangre y esta vez, no habrá un Carlos Martel, ni un Don Pelayo que pare su avance sobre la vieja Europa.

En Inglaterra: Londres, Birmingham, Leeds, Blackburn, Sheffield, Oxford, Luton, Oldham y Rochdale, tienen alcalde musulmán. Más de 3.000 mezquitas.

Más de 130 tribunales de la sharia y zonas prohibidas para no musulmanes por todo el Reino unido.

En Francia todavía es peor. En Bélgica se puede decir que está tomada por los musulmanes y así toda Europa.

Sobre esto que he escrito aquí, saldrá algún pijo progre, que por la edad bien pudiera ser mi nieto, tachándome de facha y racista. Tal vez tenga razón. Tal vez yo sea un facha y racista.

Pero hace una semana que he cumplido los 68 años y puedo decir que conocí a la  Europa de los 60, 70, 80 y 90, una Europa alegre, viva, libre y feliz. Una Europa que se desdibuja ante nuestros ojos, una Europa que ya casi no existe, que dentro de diez o quince años desaparecerá para siempre, y yo me voy con ella y me alegro, porque quiero recordarla siempre como era, con fotos en blanco y negro al principio y en color mas tarde. Un color que ahora se vuelve sepia sobre la cartulina, pero que llevo en mi mente con todos sus matices.

Quiero llevar conmigo el recuerdo de aquella España y aquella Europa que conocí.

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