Palpito Digital

José Muñoz Clares

Demasiado amor

El amor está sobrevalorado en este país. Me refiero al amor sentimental, el de contigo pan y cebolla. Por eso se sobrevaloran también los cuernos y la gente se toma al respecto unos disgustos innecesarios y tremendos. Contra los amoríos, razón; y cuanto más asentada esté la razón en el componente económico de la vida en común, mejor. Y dado que el amor suele abocar al matrimonio, hay que asimilar de una vez por todas que los matrimonios que más duran son los que se inscriben en el registro de la propiedad, por más que los bendiga un registrador de la propiedad y no un cura, que siempre suscita división de opiniones. Unir a dos tortolitos es cosa de un calentón mientras que unir dos fincas y hacer un fincón tiene vocación de permanencia, siquiera sea por los réditos que supone para una parte y para la otra. Y eso es lo que tendrían que entender tanto españoles como catalanes si al cabo resultan no ser la misma cosa. Que el destino nos ha hecho siameses unidos por la cuenta corriente y el mercado único, por más que el amor se haya terminado entre nosotros. Bien, se ha terminado: ¿Y qué? ¿Cavamos un canal navegable que nos separe aprovechando que Cataluña ocupa una esquina y así acercamos el mapa de España a la proporción DIN-A4? ¿Establecemos un puente aéreo para que los españoles no tengan que pisar suelo catalán para ir a Perpignan a ver películas porno? ¿Convertimos la A7 en una vía pecuaria para que el Junqueras y la Gabriel saquen a pastar sus cabras vestidos de pastorcitos? No nos conviene. Eso nos empobrecería a ambos y, sin animus molestandi, más a los catalanes que a los españoles. Nuestro mercado se reduciría en siete millones y medio pero el suyo perdería 39 millones de consumidores y 16.000 millones de euros de superávit anual en el balance. Que se busquen un código de barras cuando quieran, a ver si se atreven a señalar con tanta facilidad los orígenes de la manufactura para que la gente elija. Y que se vayan haciendo a la idea de que lo de incrementar las exportaciones hacia el exterior con aranceles de por medio tiene mala cama, máxime si , como le ha pasado a Kosovo, no los dejan entrar ni en la UNESCO, que parecía una cosa cultural, más bien sencilla, y resulta que ha salido, igualmente, tururú. Que ha sido que no, vamos, y ahí está Kosovo, independiente pero heteroadministrada. ¿Es eso lo que quiere Mas para Cataluña? ¿Andar dando tumbos de institución en institución hasta ver si en algún foro internacional la reconoce? ¿Ponerse en la cola de todos los sitios civilizados mendigando que los admitan como Mas anda de pedigüeño frente a unos tipos que, en buena lógica, no deberían ni dirigirle la palabra?

Hay que dejarse los amoríos y considerar seriamente si lo nuestro no podría ser un matrimonio de conveniencia, de esos que al final, cuando los cónyuges llegan a viejos, resulta que se acaban, si no queriendo, sí acostumbrando el uno al otro después de mucho compartir cuarto de baño. Y se perdonan hasta los cuernos pasados, igual que la derecha catalana le tendrá que perdonar a CDC los cuernos que le está poniendo Mas con unos tipos impresentables y  antisistema que preferirían ver a Cataluña de vuelta a la Edad Media antes que dar a torcer  su brazo anarquista. Es el momento de que Mas deje de arrastrar el nombre de Cataluña por los suelos que le señalan esos tipos y hora es ya de que la endeble economía española, que apenas sale de un crisis ya la están metiendo en otra peor, deje de ser traqueteada por los caprichos de un mequetrefe que, al cabo, se descubrirá que a lo que aspira es a una ley de amnistía que borre las hazañas de su partido y del padre fundador del mismo, sumido en la deshonorabilidad y en la sólida sospecha de haber capitaneado una trama mafiosa del 3%. O sea, dejarse de amores y atender a las pesetas.

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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