Palpito Digital

José Muñoz Clares

Cartagena y el caballo de su alcalde

Después de que ardiera el Reichstag en 1933 a manos de los nazis el siguiente parlamento que ardió en suelo europeo fue la Asamblea Regional de la Comunidad Autónoma de Murcia, con sede en Cartagena (Murcia). Fue el 3 de febrero de 1992, al hilo de la reconversión industrial y de una recalificación de suelo con mordida millonaria imputada -y no probada – al PSOE, por más que el espectro de un maletín sigue dando vueltas por el imaginario político del lugar. La situación se tensó por las cargas policiales frente a obreros armados con tirachinas, lanza cohetes y cócteles Molotov, que acogotaron  a las fuerzas de orden público hasta el punto de traer tanquetas y helicópteros que, junto con el humo, le dieron a la ciudad un aspecto Mad Max muy vistoso. Fue por la tarde – la cosa parecía estar calmada – cuando un aguerrido compañero de la metalurgia acertó a situar un cótel molotov en el lugar adecuado y la Asamblea Regional de Murcia empezó a arder con humo muy espeso. Por entonces escribía yo en un periódico de Murcia – se lo crean o no sigue ostentando el increíble nombre de La Verdad pese a haber echado malamente a uno de sus mejores columnistas por mantener el 11M que los atentados no eran cosa de ETA – y fui objeto de grave censura tachona por proponer que se sancionara al jefe de los bomberos por haber apagado el incendio, pues de no haberlo hecho nos hubiéramos librado de un edificio del que poco más se puede decir que lo que dijo SM la Reina Dª Sofía tras inaugurarlo: «Muy de provincias, muy de provincias», a lo que contribuye notablemente una decoración interior que a muchos recuerda la del tren de la bruja pero con menos gracia. También propuse cambiarle a los cartageneros la Asamblea Regional por el Palacio Episcopal, sito en Murcia, y que se llevaran al sr. Obispo a vivir a la Asamblea – después de retaurada -, así que entenderán que un sector de la población cartagenera me profesa escaso afecto, que yo les pago acercándome con mucha frecuencia a sus museos, sus calderos y los muchos amigos que allí tengo, pues es de destacar el hecho de que Cartagena ha tenido, desde hace tres mil años, gente muy sensata y muy cabal, a los que un murciano ha de frecuentar si uno no quiere quedarse en cateto de secano.

Ahora vuelve Cartagena a los titulares de la política nacional por las alcaldadas de un tal López que si gobierna en la ciudad es gracias al PSOE, líder de la política pueblerina que nos embarga; gente como PSOE y Podemos ha encumbrado a personajes rigurosamente impresentables en muy distintas alcaldías. En Cádiz gobierna – o eso dice – un fulano que siendo ya mayorcito aún se hace llamar Kichi. Va esto en la línea de lo que ha hecho Mas con los impresentables de la CUP, que de no ser nadie han pasado a ser todo. No se lo pagará Dios, espero, pero sí se lo va a tener en cuenta la ciudadanía a la hora de votar.

Es el tal López personaje malencarado y de hábitos que lo sitúan entre déspota común y sátrapa sin refinar, teniendo como tiene la refinería de Escombreras a tiro de piedra para que le hagan un lavado químico que lo deje en condiciones de presentabilidad. Deben ver el vídeo que han colgado en la red sobre cómo dirige los plenos municipales y así entenderán que haría bien, como Calígula, en nombrar concejal a su caballo… y dejarlo gobernar, pues hasta un caballo lo haría más propiamente que el López del que les hablo. Transmite la impresión de que le sobra la oposición; apoyado en la mayoría que le da el PSOE se aburre en los plenos porque no piensa permitir ni el debate. Un demócrata cumplido, vamos. Y eso tras mantener, como ha mantenido, que el Servicio Murciano de Salud pretende resolver la sanidad matando a los habitantes de Cartagena. Literalmente. Y ahí sigue, sobre la base de que sus palabras se han sacado de contexto.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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