Palpito Digital

José Muñoz Clares

¿Alguien sabía algo sobre cualquier cosa?

Lo de la Infanta no era un imperativo de justicia sino un turbio negocio en manos de dos asociaciones unidas en una empresa común, o de una sola empresa camuflada de sindicato y aficionada a la pasta oscura. Manos Limpias se hizo llamar, con lo que enganchó a muchos incautos que creían que el nombre se correspondía exactamente con la cosa. El líder está en prisión pero la letrada que remataba la faena, la que redactaba querellas encajando a martillazos los hechos en la ley, anda por el mundo jactándose de su profesionalidad por continuar con la acusación pese a que sus jefes no están para pagarle. Y dice también que ella no sabía lo que se estaba cociendo detrás de aquellas querellas. Los jueces, de momento, dicen que se lo creen pese a que han pillado conversaciones de los capos en que hablaban de la letrada como de la chica que les trae el café y le hace los recados, pues aunque se pasara con la Infanta al final, decían, “hará lo que tiene que hacer”, que no es sino retirar la querella, por razones éticas, claro, y pasar por caja a cobrar, que algo se llevaría ella de los 3M€ en que habían cifrado la cosa. Como Pablito el breve: una vez se ve poltrona se olvida de los servicios sociales, y lo mismo la letrada: habiendo pasta por medio la ética se va al carajo. Pero ocurrió lo inesperado: la defensa de la Infanta no aceptó el chantaje.
Sólo nos falta descubrir que la madre Teresa de Calcuta aparece en los papeles de Panamá, ese estado soberano que tampoco sabía que en su territorio crecían las sociedades offshore como crece el trigo en Castilla. O como en Gibraltar, cuya máxima moral es la recaudación de impuestos de las miles de empresas que se apiñan en apenas doscientos metros de calle, y servir de plataforma al contrabando, que para eso son herederos de una corona que tuvo en nómina piratas y corsarios. El tal Kichi, que no quiso entregar los premios libertad por no tratarse con adversarios de su gran amigo y espejo en que se mira, Maduro el miserias, sí recibe cumplidamente al jefe de la colonia, un tal Picardo que ordenó sembrar de hierros el fondo de la bahía para acabar con las redes de los pescadores gaditanos que no votan a Podemos.
Tampoco el Papa Francisco se libra de las dudas. Tanto dorar píldoras por la tolerancia con los gays y cuando Francia le envió de embajador a uno mantuvo el Vaticano la respiración durante año y medio hasta que Francia, harta de esperar, ha acabado por ceder, retirar al mozo y, es de suponer, enviar como sustituto a un casado con cuarenta años de antigüedad en el aburrimiento, hijos a porrillo, muy devoto, un mariano cualquiera, y todo para no ofender a un Papa que por una parte promueve y por la otra deshace en la seguridad bíblica en que está de que no ha de saber su mano derecha lo que haga la izquierda.
Ya no es verdad ni la Feria del Libro, en manos de editoriales que vetan a insumisos o promueven a ineptos como si hubieran dado la vuelta al calcetín de la novela. Sólo nos quedaban los Reyes Magos en que creer y vino Carmena y los vistió como The Beatles en Magical Mistery Tour, que hasta los niños que todo se lo tragan se dieron cuenta de que aquello no podía ser un rey mago; no, al menos, como Dios manda. Así que los niños se están armando y piden a los padres escopetas de perdigones para defenderse del Ratón Pérez por si osa subírseles a la cama para llevarse los dientes a cambio de cinco euros. El muy evasor.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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