Palpito Digital

José Muñoz Clares

Los restos enloquecidos de ETA

Sostiene Marian Beitialarrangoitia, la impresentable e impronunciable portavoz de Bildu en el Congreso, que las acciones de los Estados francés y español para desarmar a ETA impiden el desarme de ETA. Necios vocacionales como son, han heredado de la banda asesina la perversión del razonamiento que hacía responsable al Estado español por la bomba que explotaba matando a quien la estaba preparando para matar a otros: en la medida en que era la propia existencia de España la que provocaba la acción justiciera terrorista, nosotros, los españoles, éramos responsables de toda acción liberadora de la oprimida nación vasca, incluida la impericia de los dinamiteros que, en un instant karma tranquilizador, acababan hechos pedazos. La serpiente que presidía el emblema de la banda se acaba por morder la cola en asuntos del pensar y conduce a un círculo vicioso infinito: desarmar a ETA impide el desarme de ETA; sí, decimos nosotros, en la misma medida en que desratizar una ciudad impide que las ratas se arrepientan de sus pecados – se comen un 10% de las cosechas mundiales – y pasen a una dieta respetuosa con los agricultores. Los ejemplos son infinitos como infinita es la estupidez que los alienta. Se trata del asalto a la razón, la negación de la capacidad de pensar que tanto nos costó instaurar como norma básica de la acción humana. Es un camino iniciado hace tiempo que, muerta ETA a manos del Estado, sigue dando sus frutos: también sostuvo otra iluminada que si se autorizaban los toros en el País Vasco entonces que no le hablaran más de las víctimas de ETA, en una asimilación toro/humano propia de una sociedad rural que a base de no salir de su valle había terminado por valorar más al animal que a los vecinos. Y mucho más sutil pero igualmente estúpido fue aquel esperpéntico plan Ibarretxe, el extraterrestre que gobernó el territorio durante demasiado tiempo como para no haber dejado su huella de sinrazón en la sociedad a la que adoctrinaba: el País vasco no podía ser una entidad subordinada a España, y eso lo decía, como hace ahora Rufián y su banda, desde la institución española de la palabra y de la razón, actuando bajo ley española, con euros con la efigie del Rey y pagando los pocos impuestos que pagan según la fiscalidad española.
Aceptado universalmente que no se pueden permitir las tonterías en la esperanza de que no surtan efecto alguno, la escuela de pensamiento retorcido plenamente instaurada en la izquierda independentista vasca no puede conducirnos, por puro cansancio, a dejar de sostener lo que tanto nos costó erradicar: la violencia etarra apoyada por un pueblo vergonzosamente silente y ciego ante la ejecución sumaria. Lo que hay detrás de esa sinrazón es el posibilitamiento de que alguna vez los pocos etarras que quedan en libertad escenifiquen un fin voluntario a décadas de horror. Y no: a ETA le puso fin el Estado de Derecho, singularmente representado por la Guardia civil, el Cuerpo Nacional de Policía, los jueces y los fiscales, todos ellos bajo mandato constitucional. No hubo arrepentimiento, ninguna reconsideración de lo equivocados que estuvieron y están quienes pretendían cimentar la paz a base de muertos y más muertos y la libertad a base de secuestros atroces. Los cinco años sin muertos que recientemente celebramos no se deben a iniciativa etarra alguna, al igual que el fin de los crímenes del “solitario” no se debe a su voluntad de no matar más. El Estado ha actuado implacable y debe seguir desarmando a ETA allá donde pueda para propiciar que si alguna vez quieren escenificar el desarme lo hagan entregando tirachinas. No es otra la imagen patética que deben dejar para la historia.

GRAN SELECCIÓN DE OFERTAS MULTI-TIENDA

CONSOLAS

ACTUALIZACIÓN CONTINUA

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

Lo más leído