Palpito Digital

José Muñoz Clares

Las burbujas del cava

Se está desinflando el ímpetu independentista a la misma velocidad con que se queda sin burbujas una copa de cava abandonada. Al poco no hay quien se lo beba a menos que esté uno suficientemente borracho como para beberse hasta los posos de un mal vino.

Empezaron fuerte. La traición de Trapero y sus mozos obligó a emplearse a la Guardia Civil, que estuvo a la altura de las acometidas. Las imágenes – algunas falsas de toda falsedad y otras inevitables – circularon hasta alarmar a los mojigatos europeos, los mismos que no dudan en emplear mano dura cuando los antisistema les quieren reventar una reunión de jefazos. Luego vino el recuento de heridos y al cabo resultó que se había hecho el milagro: los cacareados 900 o no eran tales o curaron en minutos, y especialmente sanó a velocidad de vértigo la estafadora histórica de los dedos rotos “uno a uno” y las tetas manoseadas. Todo muy en sintonía con el recuento de muertos de cuando los atentados de agosto: cuando las redes contaban 13 muertos Forns, el melífluo consejero de interior, lo dejaba en uno por aquello de engordar la posverdad. Pero los muertos no hay quien los tape y acabaron siendo los que fueron, como los votos contados al catalánico modo resultan ser votos de más, habiéndolos incluso en colegios donde no se pudo votar.

El canto unánime de la falta de democracia en España se lo han desmontado desde cabeceras internacionales escandalizadas por la farsa. Las menciones a Franco se las han tenido que ir tragando una tras otra, y resultó muy llamativa la afrenta televisiva que Javier Nart le plantó en la trompa al carácter antifranquista del Barcelona FC, cuando les recordó, sin réplica posible, que no sólo concedió a Franco una medalla de oro y brillantes sino que le dio dos, una en el 72 y otra en el 74, es decir, mientras la afición esperaba que Franco se muriera cuanto antes y nos dejara por fin en paz. Adulación servil, sin más.

Ya casi nadie se atreve a soltar el “España nos roba” porque las cifras que se han publicado avergonzarían hasta a los desvergonzados de CDC, que han saqueado las arcas catalanas dos décadas y a manos llenas, en plan Roldán. Ya nadie se atreve a sostener que Cataluña, fuera de España, se encontrará con 16.000 millones de euros extra cada año. Ya nadie habla de los bancos que no se irán y, al contrario, todo el mundo habla de los bancos y las empresas que sí se han ido, mientras Junqueras calla como el cobarde que es y Mas anda mendigando para pagar sus responsabilidades por el 9N. A última hora los zarrapastrosos de la CUP andan pidiendo que todo el mundo saque el dinero del banco y se lo gaste alegremente para reflotar la economía catalana. Es lo único que falta para que en Cataluña no queden ni cajeros automáticos y se escapen a provincias hasta los compraventas de oro y las casas de empeño. Y todo se lo debemos a los alegres sediciosos.

Si en su patológica deriva creían que dañando la economía catalana – y también la española, pero menos – se acercarían a la independencia, es claro que el tiro les ha salido por la culata: están llenado España de empresas catalanas, los capitales huyen a territorio no hostil, y no sólo los grandes inversores: el cuentacorrentista catalán empieza a trasladar su cuenta a una oficina en Aragón con tal de saber que sus muchos o pocos ahorros seguirán amparados por las autoridades bancarias españolas y protegidos bajo el paraguas del BCE. Y espérense a que empiecen a llegar los parados catalanes, jóvenes en su mayoría, a abrirse camino en el resto de España y empiecen a ver que esto no es, como se les ha dicho, Corea del Norte.

El cava, que ya se ha ido a La Rioja y a Navarra, vive de sus burbujas, y las burbujas con que se celebraban las ocurrencias de los secesionistas ya no fluyen. Los sediciosos de Omnium y ANC siguen en prisión y Barcelona no ha ardido. El ímpetu se apaga a medida que desde el gobierno se le da cuerda al art. 155. El horizonte se cierra, los catalanes silentes vuelven los ojos angustiados a los autores del desaguisado y no encuentran ni respuesta ni promesa de cesar en la barbarie. Finalmente se volverán contra ellos; entonces insultos y acosos los sufrirán quienes no estén en prisión, porque, tal como se les advirtió, el 2 de octubre siguió vigente la ley nacional española, incluido el Código penal. Y ahí sigue.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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