Palpito Digital

José Muñoz Clares

Catetos convergentes

Coinciden en el tiempo los tímidos intentos  del gobierno para que se permita a los alumnos catalanes estudiar en español como opción plenamente constitucional y el recrudecimiento de heroicas iniciativas para dar pasos evolutivos en la dirección contraria al tiempo y rescatar de un pasado inexistente vestigios hueros de lenguas que vengan a complicar los sistemas educativos de las Españas.

Por un lado la llamada Academia de la Llengua asturiana, a la que algunos llaman bable con grave cabreo de quienes insisten en el término llingua como cuestión poco menos que de honor. Es nuestra antigua tendencia al cisma Cocacola/Pepsicola. Conviene al respecto que el lector se ilustre: lo que entienden por llingua se escribe y suena como sigue a la hora de señalar una auténtica conspiración contra la benemérita tarea de elevar la jerga a la altura que le reserva el destino: “…l’entamu d’una verdadera campaña escontra la llingua y cultura asturianes que xurde de sectores sociales marxinales y minoritarios, pero con una innegable incidencia nos medios. L’orixe d’esta estratexa d’ataque al asturianu, según la opinión de nueso, deriva de dos circunstancies, asocedíes apocayá, y especialmente favoratibles pal futuru de la llingua asturiana: los resultaos del III Estudiu Sociollingüísticu d’Asturies (presentaos a lo cabero del mes de xunetu de 2017) y les resoluciones del XXXII Congresu de la FSA-PSOE (de setiembre-ochobre de 2017).”

Si exceptuamos “entamu” (comienzo) y apocayá (desde hace poco), el resto nos suena a un español a medio cocer a partir del castellano antiguo, que quedó en Asturias varado en valles y caseríos, descolgado de la evolución que condujo a los demás a parir la lengua española. Y todo dentro de un entorno supremacista a la catalana: para llingua la nustra, y no es español en el que se encerraron tipos como Cervantes, Quevedo, Galdós y Unamuno.

Como anticipé,  no se trata de un hecho aislado. Apuntando a la gesta de tot un poble, resuena la iniciativa en otros esfuerzos no menos meritorios, y así encontramos que en Murcia, la tierra de las Españas donde peor se pronuncia el español entre la vergüenza de unos (pocos) y el regocijo de los más, hace tiempo que se pretende rescatar de la inexistencia una supuesta habla murciana, a medio camino entre el cachondeo de los señoritos de ciudad que remedaban el mal hablar de los huertanos y un cruce exótico de castellanos, aragoneses y valencianos que nos repoblaron, todo ello sobre un fondo de habla desganada que en su día tomaríamos de los pueblos islámicos que nos ocuparon hasta que conseguimos, en buena hora, expulsarlos y restablecer la independencia. También entiendo preciso que el lector conozca las excelencias de la pretendida llengua murciana: “Er murciano y er panocho no son lo mesmo. Er trémino MURCIANO es remaniente ar ‘dialeuto castillano’ o llengua que se platica en toa er cornijal der sureste e la penisla y que tié como jronteras los ríos Júcar, Vinalopó y Armanzora, y ar río Segura encomedio tos ellos. Tanimientras, er PANOCHO es na más q’un dialeuto der murciano que se platica en las Vegas e la Metá y Baja der Segura (comarcas e la Vega e la Metá, Güerta e Murcia y Vega Baja).”

Señoras, señores, portavozas y portavoces: el murciano es una lengua y el panocho un dialecto, lo que confiere al «murciano» el título de lengua madre de la que se han de derivar otras muchas al modo en que el indoeuropeo y, más allá, el sánscrito, parieron idiomas allá donde sus hablantes se asentaron.

Si a lo anterior le añadimos que alguno estudiosos de la Llingua asturiana achacan a Franco el declive de la misma, la trituradora de la historia no hace sino rearmarse para convertir a esta pobre España en una macedonia lingüística de lenguas y llenguas, cargadas de agravios y persecuciones sobre las que construir futuras nacionalidades que miren a Madrid con ira y llamen a España “estao” o “estau” pero nunca nación o patria, horror de los horrores, palabros que cuadran bien a todos pero no a los españícolas que, como en el caso de los Quiñones, para asaltar torreones el español no nos basta: hacen falta más Quiñones. Y a una señal, dispararon/los certeros ballesteros,/y de tal guisa atinaron,/que por el suelo rodaron/corceles y caballeros.

En esas estamos.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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