Palpito Digital

José Muñoz Clares

Presidente «de verdad»

No sé si habrán tenido oportunidad de enfrentarse a un paranoico en plena crisis delirante. Yo sí. Muchas veces. La estrategia no pasa por razonar. Razonar con un paranoico no  consigue más que la ampliación del espectro conspirativo incluyendo al que niega la conspiración. La estrategia consiste en no discutirle nada y avisar sigilosamente a los médicos, que ellos sí saben qué hacer. Y lo que suelen hacer es administrar haloperidol o cosa similar, es decir, un antipsicótico que recomponga momentáneamente el mal funcionamiento del cerebro. Puesto que a la señora Colau la hemos de entender incluida en el delirio colectivo de la república que no es ni está, el presidente que no es pero sí sabemos dónde está – detenido en Alemania -, un tal Franco que murió pero sigue vivo y un pueblo invencible que tiene la cabeza rota a base de estrellarse una y otra vez contra un muro que se creen que no existe pero sí existe, va a ser difícil convencer a la alcaldesa de que sería bueno que el agua que distribuye en Barcelona recibiera una dosis, por pequeña que fuera, de algún antipsicótico que baje a algunos ciudadanos – cada vez menos – que siguen subidos a una ideación paranoica que atiende por «prusés».

Elsa Artadi, otra que tal, parecía una chica modosa y normalita. Ha resultado que no, que también necesita un tratamiento urgente de antipsicóticos. La sola imagen de Puchifrites detenido le ha revelado una verdad concordante con la paranoia colectiva: este es el momento, dice, de nombrar a Puchifrites «presidente de verdad», con mando efectivo en plaza y residencia en no sabemos dónde dado el incierto panorama judicial que se abre ante el «puto amo» (P. Rahola), cuya astucia le permitió burlar la euroorden de detención para ir a meterse directamente en la boca del lobo alemán. Ya lo dijo el tío Óscar: la mejor forma de vencer una tentación es caer en ella. Cambien lo que haya que cambiar y ese ha sido el astuto impulso puchifritesco.

Ha habido, sin embargo, algún atisbo de lucidez. Hay quien piensa, entre paranoia y paranoia, que como catalanes no se pueden permitir lo que sí se permiten como indepes: que haya más presos. Pero luego recapacitan y a eso abocan, a multiplicar el número de detenidos a base de hacerle caso a cuatro desesperados, cuatro, que aconsejan reemprender la expulsión de empresas, el daño a la economía y la movilización permanente que conduzca a romper con España, salir del capitalismo, acabar con la maldita Europa y su euro podrido… Y ese es el momento en que una familia sensata llama al 112 y se presentan unos señores muy amables con una extraña camisa que no cura pero sí seda, y unas jeringuillas que inoculan paz espiritual en el cuerpo del enajenado.

Los mismos que renunciaron a nombrar presidente a Puchifrites porque ni desde la cárcel ni desde Waterloo se podía gobernar una esquina de España, ahora han visto la luz: es él, es nuestro presidente, el puto amo, la luz que ha de iluminar al mundo… El componente mesiánico se acentúa en delirios religiosos muy bien estructurados. Una pariente mía se relajó mucho en el ámbito hospitalario en que dio por sus locuras cuando apreció que todos, todos los que la asistían, eran cristianos devotos, probablemente sacerdotes. Era así, explicaba, porque todos llevaban una cruz en la bata. Que fuera un cruz griega y azul no restaba credibilidad al signo. Al contrario, reforzaba su fe. Ayer circuló un muy atinado twit de un tal Kim Junq-ueras: «Puchi, no quiero meterte miedo pero la última vez que detuvieron a un mesías en Semana Santa la cosa acabó regular».

Pues de nada ha de servir la advertencia. Al contrario. Visto que unos miles de fieles creyentes se echan a la calle a apedrear mozos de escuadra, el fugado hoy preso – ya veremos cuánto – ve el principio de la victoria final, como el más enloquecido Hitler creía, en abril de 1945, que la división de Steiner iba a atacar a los rusos y los pondría en desbandada. Los generales se miraban entre sí pero no osaban decir al alucinado que la división de Steiner sólo existía sobre el papel, que había sido machacada y que las últimas fuerzas disponibles eran críos y viejos. Ya conocen el final. Y los paralelismos que la historia se empeña en trazar cuando encuentra locos iguales para tiempos y sitios distintos.

Camisas de fuerza y haloperidol en el agua del grifo. No hay otra.

 

 

 

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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