Palpito Digital

José Muñoz Clares

La pinza olvidada por el SMS

Alguien ha apuntado al carácter meramente hipotético de las informaciones vertidas en la entrega anterior, y de la imposibilidad en que estamos de comprobarlas. Veamos.

Respecto del paciente que fue intervenido por quien dirige Cirugía Cardiovascular y tuvo que ser intervenido de nuevo, el hecho es que el cirujano olvidó dentro del paciente una pinza de coronaria – conocida como «bulldog» – que, durante la intervención, impide el tránsito de la sangre a la zona que se está  operando. Lógicamente, al acabar la intervención debió retirarse tal pinza para que la sangre fluyera y normalizara la situación, pero en un descuido insignificante, el cirujano se olvidó de la pinza, lo que repercutió muy negativamente en la salud del enfermo, que acabó sufriendo una infección en zona pericárdica que se extendió hasta el esternón. El deterioro de su salud – el organismo humano tolera mal los cuerpos extraños incrustados – hizo que el paciente fuera revisado, y ahí fue donde una radiografía confirmó que la pinza seguía allí, ocluyendo la vía coronaria, de modo que la única solución consistía en reintervenir al paciente y extraer la pinza olvidada. Los responsables no se atrevieron a contarle al paciente la verdad, porque se exponían a querellas y demandas, así que lo engañaron, acudieron a su particular jerga y con palabras muy técnicas, todas falsas, lo convencieron de que lo abrían para otra cosa muy distinta y ajena a sus responsabilidades, y así lo volvieron a intervenir, la pinza desapareció y con ella se fueron los dolores del paciente y el riesgo vital en que lo habían puesto los encargados de que eso no ocurriera. Pero ocasionar una grave enfermedad por imprudencia es un delito que da lugar a responsabilidades penales y civiles – que acabará asumiendo el SMS – que no han prescrito; tampoco la falsedad en documento oficial.

¿Dejarán que prescriban sin más? ¿El señor Fiscal Jefe de Murcia no tiene nada que decir al respecto? Tan sensible con los ruidos de los bares – con toda la razón – e insensible en cuestiones de salud a vida o muerte. ¿Tanto les cuesta investigar las listas de cirugía cardíaca de julio y agosto de 2015 y comprobar quién fue el único paciente que hubo de ser intervenido dos veces en tales fechas? Y una vez metidos en harina, ¿es imposible rastrear la radiografía que acreditaba el desaguisado y quién fue el responsable principal del mismo? Y, ya puestos, sería de desear que facilitaran a la opinión pública lo que hicieron constar en la documentación de la intervención que, sin duda, ha de pertenecer al género de la literatura fantástica pues se tuvieron que inventar una complicación inexistente para tapar otra existente cuya responsabilidad resultaba imputable al responsable del olvido. Queremos saber qué pusieron por escrito…

Por otra parte, de cara a la demostración inapelable del ejercicio libre de la cirugía por parte de quien, por ley, no podía hacerlo, y el cobro en negro de sus intervenciones, bastará con investigar a la comunidad de bienes CCV, que se anuncia en internet e identifica el hospital donde ocurrió parte de lo expuesto y, si se lo toman en serio, descubrirán necesariamente comprometedores email y wasap entre los socios de CCV y con el cirujano que operaba sin reflejar su nombre en la documentación, con indicaciones  e ideas sobre cómo repartir el dinero extraoficialmente – cómo pagar a quien no puede cobrar -, presupuestos por intervenciones carísimas y, en general, todos los pormenores usuales de una más entre las formas de corrupción que, en esta comunidad, siguen activas a ciencia y paciencia de los llamados por ley a impedirlas. No es precisa mucha imaginación para saber cómo cursan estas cosas y orientar la búsqueda. Basta con haber conocido casos similares para saber dónde hay que buscar, y de eso los fiscales andan sobrados. La UCO lo hace bien pero sólo la exhiben en asuntos municipales, al menos mientras aquí mandaba el anterio fiscal jefe. ¿Seguimos en las mismas?

En el lío, siquiera sea omisivamente, están implicados jueces que no investigan, fiscales que no denuncian, los más altos mandos del SMS, especialmente el jefe de cirugía cardiovascular de la Arrixaca, y todo un equipo de cirujanos, anestesistas y personal de enfermería y quirófano que, si se les abruma con pruebas documentales obtenidas mediante autorización judicial, no serán capaces de negar lo que vieron. Puede que, como en otras ocasiones, esta noche funcionen a tope las destructoras de documentación pero no podrán eliminar las fotocopias existentes ni neutralizar a todos los profesionales que, conscientes de su responsabilidad, hicieron constar el nombre del verdadero cirujano que hizo cada intervención. Con que haya uno que conserve un mínimo de coraje cívico el asunto podría dar mucho de sí: ceses políticos y de altos funcionarios, impuestos para las arcas estatales con sus correspondientes sanciones, mayor control de la actividad privada al margen de la ley, mejora de la lista de espera y reducción del número de muertos sin intervenir, extrañas donaciones a una extraña fundación de cirugía cardiovascular por parte de empresas que suministraban material quirúrgico a la sanidad murciana, etc., etc., etc.

Vuelven, si alguna vez se fueron, los tiempos en que los maletines circulaban profusamente por los hospitales de esta comunidad. Uno de esos maletines le costó el puesto a un presidente autonómico (que acabó siendo absuelto). De eso hace ya 26 años. ¿Y aún seguimos así? Bastaría  que un juez o un fiscal quisieran aclarar oficialmente este asunto que, recuerden, ha dado lugar al incremento de la lista de espera en cirugía cardiovascular, al alargamiento de los tiempos de espera, a la no implantación del servicio en el hospital Santa Lucía de Cartagena y, sin duda, a la muerte de pacientes sin operar debido al despilfarro de tres cirujanos, uno que no está y dos que es como si no estuvieran por decisión expresa del jefe del servicio.

¿Necesitan una tercera entrega?

PS. Señores aludidos: antes de llamar a sus abogados les sugiero que lean la STC de 25 de febrero de 2019, tan reciente que no tiene asignado número; la pueden consulta en el diario La Ley. Va de libertad de expresión e información. Verán que el mundo ya no es el mismo en materia de perseguir al mensajero.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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