Palpito Digital

José Muñoz Clares

MI PROBLEMA CON EL CASTELLANO

Básicamente consiste mi problema en que el castellano lo hablo muy mal. Lo entiendo, que ya es raro entender y no hablar un idioma, pero lo hablo fatal. Sin embargo el español estándar, me refiero al que se habla en RNE (de la 1 a la 5) y en TVE 1 y 2, ese no sólo lo entiendo sino que lo hablo con fuerte acento sureño pero razonablemente bien. El acento sureño va desde por debajo de Madrid, de este a oeste, hasta Cádiz; yo soy de la sección sureste, donde construimos bien, sin laísmos ni leísmos, pero pronunciamos entre mal y muy mal. Le pasa algo parecido a nuestros vecinos almerienses y jienenses, con quienes nos llevamos y entendemos muy bien.

En Murcia se nos pegó la atávica distinción entre vocales largas (que se comen las eles, eses, enes y eres finales) y breves, por eso decimos lah palmerah (la hache alarga la vocal, comiéndose la ese), que no es ni las palmeras ni la palmera, como se empeñaban en afearnos los curas valencianos que impartían clase en los capuchinos de Murcia, uno de los cuales se empeñaba igualmente en imponer la distinción entre el sonido de la be y de la uve entre el desentendimiento y cachondeo general. Somos dejados en la pronunciación, qué le vamos a hacer. El nombre Carlos aquí acaba siendo Cahloh; Ester queda en Ehteh. Y el recriminatorio «vamos que es que» acaba en un vamohquehque que le rompe los esquemas a cualquier extranjero que oiga hablar a un murciano cerrao. De hecho, se dice que hay una frase que dicha por un murciano sólo tiene vocales: ahoíoeh (¿has oído, eh?)   

Uno de los aspectos más chocantes del triunfo de la ideología identitaria de la izquierda reaccionaria que padecemos, secuestrada por golpistas catalanes y chupasangres vascos, es que se dejó en su día meter el gol de que en España hablamos castellano, hasta el punto de que en los Óscar del año pasado una tal Gisela se anunció que cantaría en “castillian” mientras una mexicana lo haría en “spanish”. Y la gente flipaba. ¿Castillian? ¿What the hell is castillian? (¿Qué demonios es eso?) Y más se asombraron cuando, tras cantar las mozas, descubrieron que las dos cantaban en el mismo maldito idioma, lo llamaran spanish o castillian.

El argumento para semejante confusión resulta hoy risible: vascos y catalanes exigieron que a nuestro idioma se le llamara castellano en la Constitución porque ellos también eran españoles y no podían tolerar que el español fuera la lengua común de los españoles porque el vasco, el gallego y el catalán eran también lenguas españolas. Esos mismos que ahora les dices que son españoles y les da una apoplejía identitaria. El asunto venía preparado por el hecho de que en el bachiller el manual de nuestro idioma era un libro de Lengua castellana; no había un manual de español como no lo había de castellano, pero sí de lengua castellana. Es una tradición que data de los primeros balbuceos que se fueron apartando del latín: la lengua que al final se impuso fue la forma de corromper el latín propia de los castellanos, los de la Vieja y los de la Nueva que, como saben, luego se aliaron con aragoneses, granadinos, andaluces en general, extremeños, etc, etc, para echar del país a los bereberes invasores, y dieron lugar a que la antigua Hispania romana y visigótica se acabara llamando definitivamente España.

Así que fingieron agravio, que no era tal, para retrotraer la historia al momento (Siglo XV) en que había por aquí cuatro idiomas y una profusión de acentos que ahora algunos reivindican como idiomas porque, por ejemplo, en Murcia llamamos leja a la balda y algunos particularismos más, esos que la RAE abrevia como Mur., Zar., Cub., Ven. y otros. Meros particularismos, algunos  con pretensiones. Los complejos poco menos que imperiales de catalanes, que reivindican medio mundo, y vascos, que reivindican Navarra y parte del sureste y oeste de Francia, han impuesto el término “castellano” que, según los lingüistas, es un dialecto del español que se habla, efectivamente, en la antigua Castilla, remota y feliz vertebradora de España.

Conclusión: que los italianos hablan italiano, los rusos ruso, los franceses francés, los catalanes catalán y los españoles… ¡castellano!, y todo por obra y gracia de esos desleales que sueñan con republiquetas bananeras y, a la vez, con que las pensiones se las siga pagando España. Y eso se tiene que acabar ya, y hora es de que se enteren y pierdan toda esperanza al respecto. Si se quieren ir, que ganen una guerra o que lo negocien con la UE. Y a pasar frío, penurias y que no piensen que mantendrán el mercado común español si es que osan ir más allá de las bravatas de Rufián, Otegui y compañía. Si quieren independencia, que se la ganen y se la paguen de su bolsillo. Y si no, a ser posible que se callen y dejen de ladrar improperios contra la nutricia España y sus habitantes, esos que hablamos español.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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