Diccionario Kafka

Vladimir Nabokov

“Pero tiene que haber en nosotros cierta célula, cierta gen, cierto germen que vibre en respuesta a sensaciones que no se pueden definir ni desechar. Belleza más compasión: eso es lo máximo que podemos acercarnos a una definición de arte … La belleza debe morir; siempre muere, la forma muere con la materia, el mundo muere con el individuo”.

“El personaje central entabla una lucha absurda, patética y trágica por salir de él e incorporaral mundo de los humanos y mueren en la desesperación”.

“A Kafka le gustaba extraer sus términos del lenguaje del Derecho y de la Ciencia, dándole una especie de precisión irónica, sin intrusiones de los sentimientos personales del autor, igual que Flaubert”.

Ernesto Sábato

“Valdría la pena examinar ese fenómeno, en que una especie de fría objetividad expresiva, que por momentos recuerda al informe científico es, sin embargo, la revelación de un subjetivismo tan extremo como el de los sueños. Describe su mundo irracional y tenebroso con un lenguaje nítido y coherente”.

“El hombre de hoy vive a alta presión, ante el peligro de la aniquilación y de la muerte, de la soledad y la tormenta. Se encuentra frente a los límites últimos de la existencia”.

“Los laberintos de Kafka son corredores oscuros, sin fondo, inescrutables, y la angustia es una angustia de pesadilla, nacida del desconocimiento absoluto de las fuerzas en juego. En Kafka, hay una ley inexorable, pero infinitamente ignorada; sus personajes se angustian porque sospechan la existencia de algo, se resisten como se resiste a uno a las pesadillas nocturnas, luchan contra el Destino y su Belleza está justamente en que ese esfuerzo es vano”.

“Nuestra conciencia racional es inapta para comprender una realidad incomprensible, inconmensurable; el hombre no parece soportar la infinita crueldad de ciertas visiones infernales, y nuestro instinto de conservación nos preserva con máscaras y símbolos de lo que de otro modo sería hasta mortífero”

Jorge Luis Borges

“El destino de Kafka fue transmutar las circunstancias y las agonías en fábulas. Redactó sórdidas pesadillas en un estilo límpido. No en vano era lector de las Escrituras y devoto de Flaubert, de Goethe y de Swift. Era judío pero la palabra judío no figura, que yo recuerde, en su obra. Esta es intemporal y tal vez eterna. Kafka es el gran escritor clásico de nuestro atormentado y extraño siglo”.

Jorge Guillén

“(En Kafka encontramos)Una dependencia que ya es colectiva y en apariencia poliforme, pero diseminadamente unánime y anónima”

Luis Izquierdo

“Kafka es un nostálgico de la naturalidad en un mundo que ignora la naturalidad. La escritura de Kafka es una acto – ¿o un acta?. Está en lugar de una expresión vital que en la existencia no llegó a encarnar ni a materializarse”.

“La Metamorfosis es un embarazo al revés. Gregor Samsa, su demostración material, está descripto como aquello que es mentalmente para la familia; en cuanto no sirva a este apoyo será entonces un verdadero desastre, un insecto monstruoso, al que es preciso barrer para mantener incólume el decoro familiar”.

“Santa Teresa: “Nos apartamos infinitamente de lo mismo que deseamos”. Kafka necesitaba sin duda de los demás, de su cariño y de su comprensión pero había algo que le precisaba a él y era el infinito impulso de escribir y de hacerlo perfectamente…Cabe gustar o rechazar el laberíntico microcosmos kafkiano, pero sería injusto confundir sus leales diagnósticos con la prosa vulgar de un discurso forense”.

“Kafka era un caso acabado y una existencia densa y substantiva…Ausculta el rumor cotidiano, contempla el monótono teatro familiar y escruta las efemérides a través de las rendijas. Luego, por las noches, levanta acta. Uno tiene la impresión, más allá de la líneas del texto, de espiar una realidad que se nos había escamoteado, una realidad que no registra fechas ni grandes momentos estelares y que, hecha substancia en nosotros mismos, yanos habíamos acostumbrado a ignorar. Es la ignorancia ejercida contra lo más revelador nuestro y que se nos enseña a marginar, es la lucha en la que llegamos a intervenir sin convencimiento y que va agotando la espontaneidad. Se trata, en fin, de la maroma de la existencia, tensa entre los avisados y los desprevenidos, nunca aplacada, y ante la que el sueño sólo supone un paréntesis, desde luego provisional. Se trata de una nostalgia impotente por otra vida (que no es sino ésta, mejor llevada) y sobre la cual no se ha dicho nada definitivo, tal vez porque el hombre está harto de preguntas sin respuesta”.

“Kafka indaga en esa situación con pertinaz ironía … Hay multitud de vericuetos, puertas falsas y salidas de emergencia en la prosa de Kafka. Conviene recordarlo, porque a menudo se identifica al autor con las características del mundo actual, sin más: su burocratización, su neurosis competitiva y el corrosivo recelo entre hombres transformados en colegas, olvidando el preciso mecanismo de un lenguaje cuyo funcionamiento es la razón más alta del mensaje kafkiano. Aquí radica el rasgo de su genio. Kafka se vuelve una y otra vez contra sí mismo, en cuanto los ataques a cualquier enemigo externo se acentúan en exceso. De ahí que la eliminación del contrincante resulte más demoledora”.

“El hombre de hoy vive a alta presión, ante el peligro de la aniquilación y de la muerte, de la soledad y la tormenta. Se encuentra frente a los límites últimos de la existencia”.

“Los laberintos de Kafka son corredores oscuros, sin fondo, inescrutables, y la angustia es una angustia de pesadilla, nacida del desconocimiento absoluto de las fuerzas en juego. En Kafka, hay una ley inexorable, pero infinitamente ignorada; sus personajes se angustian porque sospechan la existencia de algo, se resisten como se resiste a uno a las pesadillas nocturnas, luchan contra el Destino y su Belleza está justamente en que ese esfuerzo es vano”.

“Nuestra conciencia racional es inapta para comprender una realidad incomprensible, inconmensurable; el hombre no parece soportar la infinita crueldad de ciertas visiones infernales, y nuestro instinto de conservación nos preserva con máscaras y símbolos de lo que de otro modo sería hasta mortífero”

“Castigo y solidaria culpabilidad por materializarlo: el coto cerrado de la situación llaga a hacer intercambiables los papeles. ¿Es Samsa un monstruo insoportable, o es la traducciión exacta de la consideración informulada que en el fondo le profesa la familia? ¿Hay mayor monstruosidad que la indiferencia creciente, la molestia indisimulable y el olvido final con los que progresivamente sancionan un afecto supuesto hacia Gregor sus seres queridos?…Lo dijimos, La Metamorfosis es un embarazo al revés. Los tres, padres e hija, se sienten verdaderamente embarazados con una presencia que es un estigma delator de esa monstruosidad chata que es la normalidad ejercida afectuosa e implacablemente. Desembarazados por de aquello que la denunciaba, al no sentirse vigilados ni culpables, escriben tres cartas a sus respectivos jefes, despachan a los tres huéspedes y se van los tres a tomar aire”.

Esther Díaz

“A veces, las situaciones más absurdas, los compromisos más inicuos, los bloqueos más cerrados, no se mantienen por ningún condicionante externo, sino porque nosotros mismos no somos capaces de atrevernos y salir, de proponernos y avanzar, de arriesgarnos y probar. Y, como el campesino kafkiano, preferimos simplemente, esperar”.

Marthe Robert

“Escribir (para Kafka) era acceder de golpe a esta sociedad de lo alto de la que nos habla en un relato de juventud y que, más tarde, adquirirá irónicamente el sentido de un más allá o de un paraíso, del Gran Teatro de Oklahoma o del inaccesible Castillo. Escribir era elevarse por encima de las limitaciones y las barreras humanas, era entrar de un solo impulso en una esfera donde el individuo comunica de golpe con lo general y donde el retrato mismo de la mentira puede convertirse en verdad. Para él, en su calidad de excluido y de exiliado era su mayor oportunidad de salvación”.

Herman Hesse

“La obra de Kafka describe con la más absoluta fidelidad, incluso con pedantería, un mundo en que la persona y la criatura se saben sometidas a leyes sagradas, pero oscuras, nunca totalmente comprensibles, juega un juego peligroso e ineludible con regla de juego extrañas, complicadas, probablemente muy profundas y significativas, pero cuyo conocimiento completo no es alcanzable en la vida de un hombre y cuya validez fluctúa constantemente según el capricho de las fuerzas dominantes desconocidas… Y también los seres humanos se entienden de una manera trágica, el malentendido parace ser la ley fundamental del mundo. Tienen una intuición de orden, patria y seguridad, pero vagan sin esperanza en un mundo extraño, quisieran obedecer y no saben a quién, quisieran hacer el bien y no encuentran el camino, oyen como un dios oculto los llama y nunca lo pueden encontrar. El mundo de Kafka está constituido por malentendidos y miedos, es rico en personajes, rico en acontecimientos, rico en encantadoras ideas poéticas y en metáforas profundamente conmovedoras de lo inefable, porque siempre este Kierkegaard judío, este buscador talmúdico de Dios, es al mismo tiempo un poeta de gran potencia y sus especulaciones se vuelven carne y sangre, sus pesadillas se convierten en obras de arte bellas y totalmente mágicas”.

“Y Kafka no fue sólo un desesperado. Sin duda lo fue a menudo como lo fueron Pascal o Kierkegaard en su tiempo (conoció a ambos). Pero no dudo de Dios, ni de la suprema realidad, sino sólo de sí mismo, solo de la capacidad del hombre de establecer con Dios, cmo el dice a veces con la ley, una relación auténtica y llena de sentido… El problema de Kafka es el carácter ambiguo de nuestra existencia y del misterio de sus orígenes y causas, de la inasequibilidad de Dios, de la fragilidad de la idea que tenemos de él, de nuestros intentos de encontrarlo o de dejarnos encontrar por él”.

Max Brod

“En Kafka llena la escena la profunda seriedad del hombre religioso. No manifiesta seriedad por los abismos. Los ve contra su voluntad. No siente la voluptuosidad de la decadencia. Decae, aunque ve y ama el buen camino, la decisión y la firmeza, nada le es más querido que el cielo azul, inmaculado que lo cubre, el cielo de la salvación eterna, perfecto. Pero ese cielo comienza a arrugarse como un colérico rostro paterno. Y en la misma medida en que el temor de no poder conservar puro el cielo es más terrible y más atroz que el estudio del parasitismo de algunas enormidades infernales, es más intensa la conmoción producida por la obra de Kafka que la sensación causada por lo álbumes patológicamente interesantes del género fantástico”.

Michel Foucault

“El cuerpo está directamente inmerso en un campo político; las relaciones de poder operan sobre él una presión inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos”.

Gilles Deleuze

“En las sociedades de disciplina siempre se estaba empezando de nuevo (de la escuela al cuartel, del cuartel a la fábrica), mientras que en las sociedades de control nunca se termina nada: la empresa, la formación, el servicio, son los estados metaestables y coexistentes de una misma modulación, como un deformador universal. Kafka, que se instalaba ya en la bisagra entre ambos tipos de sociedad, describió en El Proceso las formas jurídicas más temibles: el sobreseimiento aparente de las sociedades de control son dos modos de vida jurídica muy diferentes, y si nuestro derecho está dubitativo, en su propia crisis, es porque estamos dejando uno de ellos para entrar en el otro. Las sociedades disciplinarias tienen dos polos: la firma, que indica el individuo, y el número de matrícula, que indica su posición en una masa. Porque las disciplinas nunca vieron incompatibilidad entre ambos, y porque el poder es al mismo tiempo masificador e individualizador, es decir que constituye en cuerpo a aquellos sobre los que se ejerce, y moldea la individualidad de cada miembro del cuerpo”.

Juan Gelman

“En La montaña mágica, novela publicada en 1924, anuncia a través del cuerpo humano la catástrofe que la Primera Guerra Mundial significó para Occidente, es decir, el cambio que la guerra moderna introdujo en la relación mundo – humanidad. Años antes del conflicto, Hans Castorp, protagonista de la narración, se instala en los benficios de la enfermedad aunque está sano, ve el cuerpo de la amada com “materia viva y corruptible … destinada a la anatomía de la tumba”, le besa la radiografía del torax como verdad final de las turgencias del seno, sentimiento del que fue precursor solitario Baudelaire. Es el cuerpo percibido como recipiente de procesos naturales que conducen a su decadencia y dscomposición. O el amor pergeñado por la muerte… Tal concepción del cuerpo fue definida por Walter Benjamin respecto al conflicto bélico de 1914 – 1918: “Una generación que había ido a la escuela en coches tirados por caballos se encontraba bajo cielo abierto frente a un paisaje en que nada cambia, en un campo de fuerzas de explosiones y torrentes destructivos, se encontraba el diminuto, frágil cuerpo humano”. Hemingway y Céline hablaron con parecida intensidad del cuerpo como huésped de miserias en ese siglo, cuerpo ya no de libertad sino de sufrimiento”.

Jonathan Crary:

“El trabajo de Foucault demuestra que la revolución industrial coincidió con la “emergencia de nuevos métodos de administración” de grandes poblaciones de trabajadores, habitantes urbanos, estudiantes, prisioneros, pacientes de hospital y otros grupos … Se planificaron nuevos órdenes descentralizados para controlar y regular masas de sujetos relativamente desagragados. Para Foucault, la modernidad del siglo XIX es inseparable de los modos en que mecanismos dispersos de poder coinciden con nuevos modos de subjetividad. La modernidad consiste en esta producción de sujetos manejables a través de lo que el llama “una cierta política del cuerpo”. Foucault también describe el rol de las recientemente constituidas ciencias humanas en la regulación y modificación de la conducta de los individuos. El manejo de los sujetos dependía sobre todo de la acumulación de conocimientos sobre ellos, ya sea en medicina, psicología, fisiología, la racionalización del trabajo o el cuidado de los niños. Gracias a este conocimiento adivino lo que Foucault llama la “tecnología de los individuos”.

(En relación a En la colonia penitenciaria) “Estos aparatos son el resultado de una compleja reconstrucción del individuo en tanto observador como algo calculable y regularizable, y de la visión humana como algo mensurable e incluso modificable. Estamos en presencia de un proceso más amplio de normalización y sujeción del observador”.

Horacio Vazquez Rial

“La lengua empleada para redactar Bartleby difiere esencialmente de la que su autor había acuñado para resolver Moby Dick: Melville renuncia al tono épico , a la vehemencia con que ha narrado la historia de Ahab y su maligno objeto, en beneficio del que Borges define como “un idioma tranquilo y hasta jocoso cuya deliberada aplicación a una materia atroz parece prefigurar a Franz Kafka”. Si Ahab implicaba a los pobladores de su mundo en su obstinada acción hasta el punto de llevarles a la muerte, Bartleby implica a cuantos le rodean en su obstinada inacción y les conduce a un punto del que tampoco hay regreso.
A la trágica propuesta de Ahab de llegar hasta el fin de mundo en pos de la ballena blanca, Bartleby, no menos trágico, hubiese respondido que él “preferiría no hacerlo”. La mención de Kafka no es ociosa por lo que al estilo y a su empleo atañe. También el núcleo perceptivo es común: ambos escritores aluden a la esencial carencia de sentido de las relaciones entre los hombres. No obstante, las correspondencias entre el uno y el otro llevan a pensar, más que en la semejanza entre dos rostros, en la exacta inversión que vincula un relieve con su molde; no podía ser idénticas, puesto que no miraban el mundo desde el mismo lado, las visiones de un americano sajón de New York de la época de ascenso de la nueva burguesía, y las de un judío checo de lengua alemana en la Gran Guerra: por el contrario, eran, debían ser, rigurosa, geométricamente opuestas.

“Para Kafka, el sinsentido procede del mundo y aplasta al individuo. Para Melville, el sinsentido procede del individuo e infecta el mundo. K. duda de sí mismo ante la coherencia del absurdo proceso al que es sometido. Bartleby induce la duda en los demás. K. Se imagina culpable. Bartleby obliga a los otros a poner en duda la justicia de sus actos y, aun, de sus opiniones. A este respecto, ha apuntado Borges: “Es como si Melville hubiera escrito: Basta para que sea irracional un solo hombre para que otros lo sean y para que lo sea el universo. La historia universal abunda en confirmaciones de este tenor”.

“La fantasía kafkiana de un ineludible universo maligno cuyo sistema y cuya estructura abarcan y explican toda la historia, aboliéndola, exime al individuo de toda responsabilidad en la construcción de su destino, y en el trazado de sus semejantes. En su mundo, como en el Islam, las cosas suceden porque están escritas, realizan el discurso de una instancia superior – tal vez Dios, tal vez alguna entidad demiúrgica -, sin que sea posible intervenir en su rumbo. No obstante, al materializar esa voluntad exenta de razón, el hombre peca: no hace lo que decide o lo que desea, sino lo que está establecido que haga; pero, si de su acción resulta el mal, es culpable”.

“Melville está en las antípodas de tal concepción. Para él, cada uno de los hombres es responsable de su conducta y de su historia, y de sus elecciones depende el curso de los acontecimientos que influyen sobre la conducta y la historia ajenas. La tradición a la que Melville pertenece por entero es la de la libre interpretación de las Escrituras, el libre albedrío y la relación personal con Dios. Pero, como ha anotado Cesare Pavese, “tener una tradición es menos que nada: para vivirla es preciso buscarla”. Esa búsqueda es lo que hace que, en cierto sentido, Moby Dick sea una lectura de la Biblia, un alarde de voluntad, a la vez que una exaltación del poder individual para desafiar los designios divinos – que no siempre se diferencian con claridad de los diabólicos -. El desafío Ahab es activo; el de Bartleby, contemplativo. Pero ninguno de los dos, ni el que elige hacer ni el que prefiere no hacer, se somete”.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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