EDITORIAL DE 'EL QUILOMBO'

Hasta nunca, Carmena: la alcaldesa que quiso convertir Cibeles en un Tribunal de Guerra

Ya nadie se acuerda de que se negó a poner una pancarta de Miguel Ángel Blanco en el Ayuntamiento porque eso irritaba a los batasunos de Ahora Madrid

Por si todavía alguien no lo sabía, Manuela Carmena nos trajo la democracia. «Lo que nos costó traer la democracia fue tanto que no lo podemos olvidar», nos recordó en su despedida como alcaldesa donde mostró mal perder, rencor y una fingida voluntad al diálogo.

Carmena nos hizo una apelación al diálogo y al entendimiento, dos cosas que brillaron por su ausencia en su propio partido durante su mandato. Ya no se acuerdan que se negó a poner una pancarta de Miguel Ángel Blanco en el Ayuntamiento de Madrid porque eso irritaba a los batasunos de Ahora Madrid.

Ya nadie se acuerda de que cinco ediles suyos se levantaron y se fueron antes de firmar una declaración sobre la Transición que decía: «Bajo la Constitución que consagra como sistema político la monarquía parlamentaria, mayoritariamente refrendada por los españoles el 6 de diciembre de 1978, hemos vivido la más larga etapa de libertad, estabilidad y bienestar de nuestra historia contemporánea».

Carlos Sánchez Mato, Mauricio Valiente y Yolanda Rodríguez, Rommy Arce y Pablo Carmona se fueron del pleno. Es más, luego formaron otro partido, eso sí que fue una paradoja porque fueron los que le restaron votos a Carmena impidiéndole su reelección. Entre los paladines de la democracia y el entendimiento estaba Mauricio Valiente, el que tenía un poster de Lenin en su despacho y el que se levantó en la votación de un monumento en Madrid a las más de 3.000 víctimas de la represión comunista soviética en Hungría en 1956.

Nos habló de diálogo y respeto –con la que ‘asaltacapillas’ Rita Maestre a su lado– pero no fue capaz de acordar con su ediles una idea de lo que fue la etapa de mayor concordia entre españoles como fue la Transición. Su deseo íntimo era el de convertir el Ayuntamiento en un Tribunal de Guerra donde juzgar a las derechas por sus crímenes.

En ese afán de entendimiento, Carmena inició una cruzada para cambiar 52 vías del callejero por contener referencias franquistas. Para unir más a los madrileños –dicho con toda la ironía– creó un Comisionado de Memoria Histórica solo para recordar a las víctimas del franquismo. Quiso cargarse las calles de Jardiel Poncela, Salvador Dalí, Jacinto Benavente, Azorín, Miguel Mihura cuidándose mucho de no citar ninguna de las chekas del horror que hubo en Madrid.

«Una democracia debe reconocer los atropellos contra los derechos humanos de unos y otros, porque todos son condenables», le dijo Pedro Corral pero ella entendía que los centros de tortura del Madrid republicano no contaban como violaciones a los derechos humanos. Si no saben lo que fue la Transición, cómo no iban a venir a reabrir la división entre el “ellos” y el “nosotros”, rescribiendo y manipulando la historia silenciando lo que les conviene.

Carmena, en su despedida, tuvo la caradura de aleccionarnos: “Cuidar la democracia significa no emplear manipulaciones y mentiras”. Los madrileños hemos elegido cuidar la democracia enviándola a su casa, hartos de su sectarismo, su odio y sus mentiras.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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