ARTÍCULO EN EL MUNDO

Dragó teme que tras el 10-N Sánchez acabe soltando a los golpistas y da a sus lectores la receta para evitar tamaña ignominia

" Quien desee, como lo deseaba Ortega, que España no deje de ser un proyecto sugestivo de vida en común y anteponga eso a todo lo demás, sólo puede votar a Casado, a Rivera o a Abascal"

Dragó teme que tras el 10-N Sánchez acabe soltando a los golpistas y da a sus lectores la receta para evitar tamaña ignominia

Fernando Sánchez Dragó no se fía un pelo de las encuestas, especialmente las que hace pública un organismo como el CIS de José Félix Tezanos, pero como no hay otra base para detectar las intenciones del pueblo español, el columnista de El Mundo escribe este 3 de noviembre de 2019 sobre la hipótesis que a él le resulta más probable y avisa a sus lectores sobre el remedio para evitar su tenebrosa profecía:

Supongamos que las encuestas aciertan. Conste que, si por mí fuese, las prohibiría para evitar que esa tarotologíapueril perturbe el normal desarrollo de las elecciones. Sus vaticinios, de por sí volátiles, influyen en el voto y condicionan las promesas de los candidatos, que en función de ellas se permiten el lujo de mentir más aún de lo que lo harían sin poder arrimar el ascua a tal sardina: la del «¡Natalio, colócanos a todos!». Pero hoy quería escribir de cosas más urgentes.

Insiste en el hecho de que los sondeos fueran ciertos y Pedro Sánchez saliera presidente con más apoyos, aunque sin mayoría suficiente:

Supongamos, decía, que los sondeos llevan razón. De ser así, es evidente que a partir del 11 de noviembre sólo habrá tres vías de desagüe: la Gran Coalición, también llamada Pacto de Estado, entre el PSOE y el PP, con el apoyo explícito de éste o su abstención; el Frente Popular de Sánchez, los podemitas y sus pseudónimos, que más bien parecen topónimos, con la venia de los separatistas; y la vuelta a empezar. Mal asunto en los tres casos.

Cree que unas terceras elecciones serían un escenario espantoso y que el paco PSOE-PP le resulta casi imposible de considerar:

El último camino generaría horror vacui y, tras él, un maremoto de escepticismo democrático. El primero sería de tente mientras los beneficiarios ponen el cazo y se interpretaría por muchos (yo entre ellos) como una ablación ideológica con ribetes de traición. Ni carne ni pescado, dirían en Italia, donde tales contubernios son más que habituales.

Dragó apuesta su dinero a un Frente Popular:

Pero si yo tuviese que apostar mis ahorros en la ruleta de las urnas, lo haría por la hipótesis del frentismo. Incluyo mi análisis de bookmaker… Primera premisa: lo único que mueve a Sánchez es el deseo de seguir donde ahora está. Segunda: para que el retroprogresismo frentepopulista tenga quórum en las Cortes necesitará los votos o, como mínimo, la abstención de los secesionistas. Tercera: para conseguir, por activa o por pasiva, ese apoyo sui géneris no le quedará más remedio que soltar a los reos recientemente untados por la acomodaticia vaselina del Tribunal Supremo. Y eso es lo que a mi falible juicio va a suceder.

Pero al mismo tiempo sugiere a sus lectores cómo poder evitar que Sánchez gobierne a cambio de dejar en la calle a los golpistas:

Así que, de cara a las urnas, mi querido elector, la elección es tan sencilla como la del célebre eslogan de los años cincuenta: o Moriles, o Montilla. Quien desee, como lo deseaba Ortega, que España no deje de ser un proyecto sugestivo de vida en común y anteponga eso a todo lo demás, sólo puede votar a Casado, a Rivera o a Abascal. Mejor el último, por ser el único de los tres que se engalla frente al Estado de las Autonomías. En él está el quid de la necrosis de España. Cortemos de una vez ese nudo gordiano.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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