A Silva, o a su séquito, le salió rentable levantar la voz. Del Bosque digiere con naturalidad esos pequeños motines. No le enojan, ni siquiera le descolocan. Más bien los atiende. Así que contra la falta de cariño, casi de justicia, que denunció el canario, el seleccionador le regaló dos días consecutivos en el once …
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