LA SECRETARIA DE ESTADO DE IGUALDAD, EN PLAN VICTIMISTA

Ángela Rodríguez Pam reivindica su sobrepeso en un insultante alegato contra la sociedad española en el diario de Ignacio Escolar

"Me he puesto más atrás en las fotos, me he vestido solo de negro, he ido al gimnasio, he dejado de comer, he vomitado hasta perder la cuenta, he querido irme, he querido desparecer y sobre todo he dedicado muchísimas horas a esto aun sabiendo que era algo imposible de cambiar"

Ángela Rodríguez Pam.
Ángela Rodríguez Pam.

Un artículo lleno de rencor e insultos.

Ángela Rodríguez Pam recibió la invitación de Ignacio Escolar para escribir una tribuna en su medio, eldiario.es y utilizó la oportunidad para saldar cuentas pendientes que solo existen en su imaginación:

Me pidieron que escribiera un artículo sobre el machismo cotidiano que he sufrido como secretaria de Estado de Igualdad y contra la Violencia de Género del Gobierno de España. Lo cierto es que he tardado mucho en escribirlo porque sabía el dolor que me iba a provocar hacerlo. No me considero una víctima, ni creo que muchas mujeres que están ahora en situaciones similares se consideren víctimas tampoco.

A partir de ahí comenzó a quejarse de los muchos insultos recibidos por la calle y por las redes sociales:

Los miles de comentarios semanales sobre mi físico me parecen un asunto relevante. Debajo de los cuestionamientos a mi salario y a mi posición sobre el asunto que corresponda recibo: “Vete a un gimnasio tarada”, “menuda barbacoa, cómo te vas a poner”, “unos churros y se te pasa”, “haz una huelga de hambre”, “vete a parar las balas que tienes con qué”, “trabaja primero por el alto a la comida”, “a ti lo único que te duele es el estómago de hambre”, “nadie te tocaría ni con un palo”, “gorda, gorda, das asco, gorda, asco”. Mi psicólogo, mi madre, mis amigas, mi novia, el equipo con el que trabajo me dicen que no lo lea. Y casi nunca lo hago, pero por desgracia traspasa lo que ahí sucede.

Ser una gorda es mucho más que un peso determinado, es ser, sobre todo, una mala mujer. Se han metido con mi forma de vestir, con mi voz, con mis capacidades intelectuales, con mi manera barriobajera de expresarme, me han tocado sin que yo quisiera, me han agarrado del brazo por la calle, me han increpado mientras paseaba, me han escupido a la cara, me han mandado mensajes subidos de tono, mensajes amenazándome con violencia sexual, física o la muerte, han intentado también perseguir a las personas que más quiero, y, sin embargo, nada me ha dolido tanto como el desprecio absolutamente normalizado a mi físico.

También dijo haber seguido varias prácticas para evitar ser señalada por gorda:

Me ha dolido tanto que me ha hecho intentar por todos los medios dejar de ser una gorda. Me he puesto más atrás en las fotos, me he vestido solo de negro, he ido al gimnasio, he dejado de comer, he vomitado hasta perder la cuenta, he querido irme, he querido desparecer y sobre todo he dedicado muchísimas horas a esto aun sabiendo que era algo imposible de cambiar. Si ser mujer y hacer políticas de izquierdas ya te coloca en el punto de mira, hacerlo con un cuerpo gordo es una osadía imperdonable que quieren recordarme cada día. Ojalá poder decir ahora que esto #SeAcabó, pero ni la violencia política, ni la gordofobia ni un TCA son cosas que se terminen con un artículo o con muchos artículos, de hecho. Y ojalá se dejase de ser una gorda solo con adelgazar.

Y acaba mezclando el hecho de ser gorda con la idea del feminismo:

Así que, y ahora sí, y porque soy secretaria de Estado de Igualdad, quiero (y debo) decirles a todas las niñas y mujeres que sufren porque creen que su cuerpo no es lo suficientemente válido que nuestro silencio se tiene que acabar. Que sois válidas y maravillosas. Que somos válidas y nos merecemos estar. Que juntas podemos hacer que la sociedad camine en dirección contraria a la gordofobia. Que gracias a las que ya habéis roto el silencio. Que ninguna mujer o niña tendría que sufrir por esto. Que nadie tiene que aguantar esto. Que no existe ningún precio a pagar por estar en política. Que yo seré gorda, pero lo suyo se llama violencia política. Y que hay esperanza siempre y se llama feminismo.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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