Pero no sólo eso. Es que además nos daban lecciones de periodismo porque, según ellos, no hemos llamado al presidente del Congreso
Más información
José Bono tiene que estar más solo que la una, mediáticamente hablando, si tiene que recurrir a El Plural para vender la burra. “La Gaceta ha publicado 200 presuntas insidias, 30 de ellas en portada, contra el presidente del Congreso”, titulaban ayer los del digital que menos honor hace a su nombre. Lo curioso es que salvo una opinión en Radio Inter y algunos ejemplos más –poquitos para esos dos centenares de “insidias”–, los de Enric Sopena atribuían a este periódico incluso informaciones que no son nuestras.
Vean, por ejemplo, al hilo de los caballos de la Hípica Almenara lo que escribían, cargándonos con el mochuelo de haber dicho que “el líder socialista los había pagado con billetes de 500 euros envueltos en periódicos”. Y con suficiencia: “Al final, no fue ni una cosa ni la otra. Todo era falso. Eran graves inexactitudes de la misma cuadra”. Claro, tan inexacto que el ‘enterao’ que redactó la noticia ni se ‘pispó’ de que lo de los Bin Laden de Bono era de El Confidencial y hacía mención tan sólo a un caballo.
Pero no sólo eso. Es que además nos daban lecciones de periodismo porque, según ellos, no hemos llamado al presidente del Congreso. ¿Para publicar notas de los registros hace falta llamar a Bono? Las lecciones siempre están bien. Pero que las den un periódico y uno que han sido condenados por intromisión ilegítima en el derecho al honor del ex presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Francisco José Alcaraz, y su esposa en una sentencia que calificaba de “información falsa” lo publicado sobre ambos y que señalaba que “una mínima diligencia por parte del periódico digital hubiera llevado a conocer que era incierta la noticia que publicaba”, es de traca.
Muy mal debe estar Bono si sólo le queda El Plural como búnker. Cuidado, Sopena, no vaya a ser que a ti también te venda mercancía informativa averiada. Si es que eso te importa.
SIGUE GARZÓN
La obsesión ‘garzonita’ vuelve, como el anuncio del turrón por Navidad. En El País, donde descubren que Carlos Iturgáiz achacó lo que le está pasando a Francisco Camps a una conspiración de “hienas bolcheviques”, Javier Pradera, de los Pradera tradicionalistas de toda la vida, mutaba un poco y se quitaba el modo ‘valeriana on’, reconociendo que las competencias de la Audiencia Nacional para lo del franquismo eran “más que dudosas”.
Según el habitualmente plúmbeo articulista de Prisa, se está vendiendo que lo de Garzón tiene como “único objetivo impedir el castigo de los crímenes franquistas”, cuando “esta tesis ofrece demasiados flancos a la crítica, además de reservar a Garzón el incómodo papel de tribuno salvador tomado a chacota por La Internacional”. “La atracción irreprimible por los escenarios iluminados, la necesidad compulsiva de adulación periodística, el apetito insaciable de gloria y los celos rencorosos por los éxitos ajenos son frecuentes no sólo en la política sino también en la judicatura”, apuntaba, en una descripción que hacía aparecer la imagen de Garzón como ilustración perfecta de la misma.
DOBLE ATAQUE DEL FISCAL FRANQUISTA
No se crean, pese a todo, que no hay inasequibles al desaliento. Precisamente en el diario polanquista regresaba Carlos Jiménez Villarejo, acompañado de un cuate, Andrés Márquez Aranda, ex presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, ex director general de Instituciones Penitenciarias y, si mal no recuerda este Trasgo, también tertuliano de la SER.
“A Garzón se le está negando un juicio justo”, titulaban toda una página plomiza. Sólo entonces se comprendía que a Pradera le hubieran puesto a tono. ¡Hubiera sido demasiada ración de somnífero para el personal! Eso sí, lo que cunde la jubilación. El ex fiscal franquista se dejaba caer también por Público con otro artículo, “El magistrado y el banquero”, donde aleccionaba sobre Manuel Marchena y la doctrina Botín. Tiene tela. Hay que ser o muy estulto o muy ‘jeta’ para comparar la situación de Botín con la de Garzón. Especialmente ahora que viene el segundo ‘round’, el del “Querido Emilio”. ¿Se le habrá olvidado eso a Jiménez Villarejo como se le olvidó que también juró los Principios Fundamentales del Movimiento? Estará mayor…
EL ICONO
Si Garzón es un mártir para la izquierda española, empeñado ahora en ‘vender’ que los que hace años le aplaudían ahora le atacan –con lo fácil que es mirarse al espejo y ver cómo esa izquierda que ahora le aplaude antes le atacaba–, no podía faltar uno de los iconos de la progresía, Javier Bardem. “Es terrible que la Falange lleve a un juez al banquillo”, leíamos en forma de declaraciones suyas en el papel de Jaume Roures. Lo terrible es que los grandes timoneles de la izquierda española –si es que puede llamarse izquierda– sean tipos como él. Se ha pasado de Besteiro o Zugazagoitia, incluso López Aranguren, a los Bardem. ¡La decadencia!
BARRA LIBRE EN TVE
En el ente público español, cosa que manda ‘carallo’, se despachaba a gusto Cristina Kirchner. Lady Bótox volvía de nuevo a la carga como un gaucho de la pampa pero en versión cebón y con recauchutes varios. ¿A qué carga, se preguntarán ustedes? Pues a la de poner verde a la Justicia española. La señora argumentaba que ella no se inmiscuía en asuntos internos porque los derechos humanos “no son cuestiones internas de ningún país”.
“Ningún dirigente puede explicar con tanta claridad sus bienes como lo hemos hechos nosotros”, aseguraba tras ser preguntada sobre las acusaciones de enriquecimiento. La respuesta, por cierto, recordaba a las del rey Midas de Salobre. Esperemos que al menos la Kirchner no tenga amnesia sobre sus propiedades.
Por lo menos Carlos Herrera, en Onda Cero, se preguntaba si “con tipos como Evo Morales o Cristina Kirchner puedes hablar de nada serio”. Pero, sobre todo, se hacía la misma pregunta que otros muchos: “¿Cómo no se le piden explicaciones a una sujeta como esta señora, que se permite el lujo de llegar a un país en una visita de trabajo y poner a parir al Tribunal Supremo y a la Justicia de ese país?” Pues sí. No sólo no se la piden explicaciones, sino que se le cede un espacio de la cadena pública para que siga con su cantinela. O, como decía José Antonio Vera en la misma emisora radiofónica, para que diga “cuatro sandeces”.
Originalmente publicado en La Gaceta.

