‘Público’ ha sacado el argumentario, las “cinco diferencias” con Irak y por qué esta guerra sí mola
Vaya que si la política hace extraños compañeros de cama, que el único parlamentario al que he podido aplaudir esta mañana en el Parlamento ha sido Gaspar Llamazares, único, por lo demás, que ha usado palabras accesibles a cualquiera en lugar de refugiarse tras una nube de confusa retórica.
Me van ustedes a perdonar si no abro con comentarios sobre la prensa escrita de ayer, sino con la ‘online’, pero después de haberme tragado la soporífera sesión parlamentaria sobre la intervención en Libia tenía verdadera curiosidad por dónde salían los del tardío entusiasmo bélico, los del «No a la guerra» de ayer que hoy la encuentran la mar de conveniente, justa y necesaria.
Ha valido la pena. «El 99% del Congreso ratifica la intervención española en Libia», anuncia, triunfal, Público en su versión ‘online’, aunque la ‘cuasiimposibilidad’ de que menos de un 1% de los españoles se oponga a la guerra de Zapatero plantea interesantes interrogantes sobre la representatividad de nuestro Congreso. En otra información: «Zapatero: «Hemos dado un paso de relevancia histórica: proteger a un pueblo», una frase que, puestos a darle a la retórica, convendrán conmigo que podría haberla pronunciado legítimamente Aznar en su día. En ninguno de los casos sería estrictamente cierto, pero eso es lo de menos.
DESCUBRA LAS DIFERENCIAS
Lo de más, en el caso zapateril, es lo del «paso de relevancia histórica». A este tipo le va lo planetario, lo cósmico, lo total; entrar en el Guinness por todos los lados. Lo suyo con Obama es, ya nos lo dijo Pajín, una «conjunción planetaria» de las que hacen época, y al que diga «Irak», se le fulmina. Qué tendrá que ver.
Y en previsión de todos a los que, indefectiblemente, vamos a reprocharles un fervor pacifista que se ha revelado mero cálculo electoralista y fanatismo tribal -aquí como en la América de Obama, donde las muchedumbres de la paz están más calladas que en misa-, la web de Público nos propone jugar al juego de las cinco diferencias. «Las cinco diferencias entre Irak y Libia«; «La operación de 2003 tiene pocas similitudes con la recién iniciada», subtitulan. Y, efectivamente, en un caso se trataba de un tirano árabe que se ensañaba cruelmente con su propio pueblo y en el otro tenemos a Gadafi. Pero nos estamos distrayendo, y quiero que los lectores jueguen conmigo a lo que nos propone Público. Veamos:
«El papel de la ONU: un mandato legal». ¡Ay, qué recuerdos, cuando la izquierda tenía una idea propia de lo que está bien y lo que está mal, sin esperar que la ONU o cualquier poder de este mundo se lo dijera! La ONU que ahora podrá ser invocada por la divinidad infalible de estos curiosos laicistas, olvidando que es una megaburocracia de compinches y aprovechados cuyo Comité de Derechos Humanos ha estado presidido por la propia Libia o, en su tiempo, el Irak de Sadam, que permitió el genocidio a machetazos de tutsis por hutus en Ruanda y que no va a dictar ninguna resolución para bombardear a los sudaneses de Darfur o imponer un alto el fuego en la interminable ‘guerra del coltán’ en el Congo. Esa es su autoridad.
Por no hablar, en fin, de que sus resoluciones son lo bastante ambiguas como para que Estados Unidos asegurara estar cumpliendo una de ellas al invadir Irak. Y ha debido de ser una invasión legítima, porque, que sepamos, la ONU no ha ‘resuelto’ que se establezca una zona de exclusión aérea sobre Washington, para que escarmiente. Pero sigamos.
«El congreso: amplio consenso». Eso es para taparlo, no para presumir. No existiendo listas abiertas y viviendo en la práctica un bipartidismo modificado, basta que se pongan de acuerdo dos personas para que exista ese «amplio consenso». El PP, en esto, es, hasta cierto punto, rehén de su pasado, y el PSOE es el que ha tomado la decisión. Los demás partidos -con la gloriosa excepción de Izquierda Unida- deben favores o los esperan, y todos sabemos que así funcionan estas cosas. ¿A quién vamos a engañar?
«Los ciudadanos: sin rechazo popular». Lo que diga puede resultar ofensivo, pero así lo pienso: haz que las caras más reconocidas de la televisión, el cine y la música digan lo horrible que les parece la guerra, y ya veremos. Eso la izquierda lo sabe mejor que nadie y, de hecho, casi todos los puntos que defiende la izquierda -aborto, matrimonio homosexual, eutanasia- empezaron siendo minoritarios hasta que la maquinaria educativa propagandística hizo su labor. El que quiera saber, que eche un vistazo al CIS.
«Las motivaciones: proteger a los civiles». Que la motivación sea «proteger a los civiles», me perdonará Público, pero no se lo cree nadie. Y no es creíble por todos esos conflictos que hemos citado antes y muchos más -hasta 32, sin contar con la represión pura y dura- y a los que, por lo visto, no se aplica la ‘responsabilidad de proteger’. Por lo demás, proteger a bombazos es un método un tanto radical, que se sabe como empieza pero no cómo acaba. Muchas personas de buena fe pensaban que «había que hacer algo» después de que Sadam asesinara a unos 300 kurdos. Que el resultado de la reacción supusiera casi un millón de muertos, ¿quién podía haberlo previsto?
«Papel del Ejército: no habrá invasión». Hay tropas y hay ataque. En contraste, los españoles de Aznar no entraron en Irak hasta que la ocupación no estuvo completada, en misión de estabilización y ayuda humanitaria, ya ven, tanto a favor de ‘los otros’.
Originalmente publicado en La Gaceta




