Millás saca su lado más 'elegante' en El País: "Lo de Madrid 2020 era una hinchazón que se ha resuelto con un pedo que ha aliviado al paciente"

«Durante la Diada TVE emitió información intercambiable con TV3»

Hermann Tertsch califica a la autonómica catalana de "cadena de agitación de la Generalitat"

Dos días después de la cadena humana independentista, las repercusiones de la misma dominan los espacios de opinión de la prensa de papel española. El 13 de septiembre de 2013 son bastantes los columnistas que se centran sobre todo en las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, el cual no recoge demasiados elogios.

Pero, como en los dominios de PRISA las cosas de palacio van despacio, encontramos en El País un artículo sobre el fin del sueño olímpico, al tiempo que en los dominios de ABC hay quien sale a defender a Ana Botella frente a quien la quiere dar por muerta políticamente.

Sin entrar en las declaraciones de Margallo, Pilar Rahola escribe en el periódico del Conde de Godó y Grande de España metido a independentista sobre El otro lado. Ese «otro lado» son, claro está, es simplemente España. Arranca la columnista de La Vanguardia:

Si cinco son los caminos que nos llevarán a la consulta, tres son las actitudes que puede tener España ante el reto catalán: una, el ninguneo, por la vía de rebajar la fuerza de la protesta, despreciar los contenidos, demonizar a los líderes y/o dar la callada por respuesta. Es lo que ha hecho España, a lado y lado del espectro ideológico, durante el año que ha pasado desde la manifestación del 2012 hasta la cadena del 2013.

Continúa:

Otra actitud sería la de atajar el conflicto de raíz por la vía expeditiva de una intervención militar, en línea con lo que piden los nostálgicos del régimen y micrófonos amigos. Pero es impensable que un miembro de la UE use la violencia institucional para frenar el deseo democrático de un pueblo.

No vamos a negar que existan algunos, muy pocos, a los que le gusta el recurso de «los tanques», pero la verdad es que estaría bien que Rahola aclarara a qué «micrófonos amigos» de los «nostálgicos del régimen» (suponemos que la dictadura franquista) se refiere. Habrá que rebuscar mucho, muchísimo, para encontrar una radio donde se pida algo así.

Añade:

Otra cosa es la violencia de los grupos de extrema derecha, cuya patita apareció anteayer en la sede de la Generalitat en Madrid, y cuya gravedad no es menor. En este caso cabe exigir una contundencia democrática rotunda contra el fascismo organizado que, hoy por hoy, no existe. Es inconcebible que una democracia europea tenga la permisividad que se da en España con la extrema derecha, a la que no se aplica la dura vara de la ley de partidos, nacida exclusivamente para ilegalizar los partidos vascos.

El párrafo se las trae. Por supuesto que hay que exigir contundencia contra quien recurre a la violencia. Lo que no dice Rahola es que al día siguiente del ataque ultraderechista doce de los asaltantes ya están detenidos. Ahora esperamos que sean condenados según marca la ley. Por el momento, en este caso no hemos visto permisividad, aunque sea ese el nuevo mantra de la prensa subvencionada. Y cuidado con la trampa de que la ley de partidos nació «exclusivamente para ilegalidad los partidos vascos». ¿Son ilegales el vasco PNV y el no menos vasco EA? No, esa norma se creó contra las ramas políticas de la organización terrorista ETA, detalle que olvida la columnista. Por cierto, ¿no merece también una condena los vivas a Terra Lliure que se pudieron escuchar durante la Diada? Coherencia, por favor. Por cierto, cuando la extrema derecha o la extrema izquierda actúen de forma violenta, que se actúe contra ellos y se les persiga. Mientras no den ese paso, por mucho asco que nos den, algunos pensamos que han de ser legales.

Continúa:

Y luego está la tercera opción, la única razonable: observar lo que ocurre, tomar nota de la fuerza ciudadana del proceso catalán, y empezar a asumir la acumulación de errores y agravios que se han cometido respecto a Catalunya. Cualquier democracia seria resolvería este conflicto por la vía del diálogo, y, desde luego, permitiría una consulta si así lo quiere la mayoría. Si España no encuentra margen para hablar con los catalanes, el efecto bumerán será demoledor para la propia España.

Cuando lee esta constante contraposición entre «los catalanes» y «España», este humilde lector de columnas se pregunta si para Rahola catalanes no nacionalistas como Juan Carlos Girauta, Javier Montilla o Albert Rivera no merecen ser considerados eso, catalanes.

Concluye:

Y es que ya lo decía Tarradellas: no existe el problema catalán, lo que existe es el problema español.

Lo que ella diga.

Tomamos el puente aéreo y aterrizamos en Madrid. Hacemos un alto en el tema del nacionalismo catalán, al que volveremos, para centrarnos el elegante texto de Juan José Millás en El País sobre el resultado de la votación olímpica que dejó fuera a Madrid. Se titula ¡Qué alivio!

Incluso para quienes hemos seguido de reojo la aventura delirante de Madrid 2020, resultaba excesiva la hinchazón retórica de las autoridades y medios. Hinchazón que, como suele suceder, se ha resuelto en un pedo que ha aliviado al paciente, aunque también, paradójicamente, le ha hecho daño.

Juan José Millás.

Añade:

De modo que vamos a Buenos Aires con el 80% de las infraestructuras realizadas y con el 98% de posibilidades de ganar, y caemos a la primera. ¿Por qué? Porque eran gases. No había más que auscultar al enfermo para detectar los vapores retóricos asociados a una inflamación patriótica de la peor especie.

Concluye:

Solo esperamos que ella [Ana Botella] también se haya desinflado, adquiriendo conciencia de su verdadera estatura, y que el fiscal actúe de oficio para que los golfos apandadores devuelvan lo que se gastaron en ese 80% de infraestructuras que, como el aeropuerto de Castellón, nos tenemos que tragar usted y yo.

Y tras esta muestra de elegancia, de sutileza literaria, volvemos a los artículos sobre el nacionalismo catalán y cómo se le responde desde el Gobierno. Federico Jiménez Losantos publica en El mundo La mayoría muda, en irónica referencia a la mayoría silenciosa de la que hablaba Soraya Sáenz de Santamaría.

Con quien trata el Gobierno que vicepreside Soraya es con los ruidosos enemigos de España mientras que a los silenciados por la horda separatista los tiene encerrados en el cuarto de los ratones, para que sus gemidos no estorben los «encuentros discretos» con Artur Mas.

Continúa:

En Cataluña no hay una mayoría silenciosa, sino una parte aterrada que no comparte las cadenas ni las antorchas del separatismo pero que ve cómo la inmensa máquina totalitaria del separatismo los confina en sus casas y los reduce al silencio, confiada en su impunidad y sabedora de que, al final, con quien habla el Mudito de la Moncloa no es con el falso Martin Luther King sino con el auténtico Ku-Kux-Klan.

Concluye:

La mayoría silenciosa en España no es la que calla sino la que no se quiere oír. La que desearía que la muda mayoría absoluta del PP alzara la voz e hiciera algo en defensa de la España silenciada por el separatismo. La que observa, silenciosamente espantada, como toda traición tiene recompensa y toda fidelidad castigo a manos de un Gobierno votado por los ciudadanos para enmendar la herencia de Zapatero, no para prorrogarla. Sin embargo, estamos en plena prórroga y le importamos un pito al árbitro.

 

Vitoria Prego.

También en el diario de Unidad Editorial, Victoria Prego no se muestra nada comprensiva con el ministro de Exteriores en su artículo Un grave error:

El ministro Margallo se equivocó ayer de plano. No era el día, en absoluto, para que el titular de Asuntos Exteriores nos hiciera partícipes de sus particulares reflexiones sobre lo sucedido en Cataluña el miércoles pasado. Era exactamente el día para haberse callado y haber dejado que la línea política del Gobierno fuera defendida por la vicepresidenta, que para eso está al lado del presidente y conoce bien las interoridades de su estrategia y las interioridades del encuentro del mes de agosto entre Rajoy y Mas.

Añade:

Flaco favor hace Margallo con esta intervención suya a la estrategia del presidente, que tiene la necesidad de evitar como sea que el independentismo de Oriol Junqueras, que fue el auténtico vencedor de la jornada del 11 de septiembre, siga escalando posiciones electorales y llegue a ocupar la Generalitat, cosa probable con los datos de hoy.

Artur Mas no ha ido a La Moncloa a poner a Rajoy un desafío sobre la mesa, sencillamente porque no puede.

Continúa:

Y ahora, con un Junqueras reforzado por la cadena humana de la Diada, el panorama de Mas ya es aterrador y necesita algún tipo de salida antes de que todo esté definitivamente perdido para su partido. Desde luego todo esto es por su culpa, por su insensata estrategia. Pero, al final, habrá que esforzarse en enderezar las cosas y en tratar de reducir, como primera medida, el protagonismo que los independentistas tienen en este momento en Cataluña.

Concluye:

Se necesita desde el Gobierno un discurso valiente y vigoroso que oponer a los embustes, que han podido hacerse fuertes en una parte de la sociedad catalana porque no ha habido nada enfrente que se les haya opuesto con la fuerza de la verdad.

Pero lo que no se necesita de ninguna manera es que, desde el mismo Gobierno al que acude Mas en busca de árnica, un ministro ofrezca al día siguiente de la manifestación independentista entrar a revisar la organización territorial de España. Eso desde luego no.

En ABC, Hermann Tertsch publica Sostiene Margallo:

Nuestro ministro de Asuntos Exteriores no deja de hablar de un asunto interior que los enemigos de la Constitución, de nuestra democracia y de España, quieren convertir en exterior. Aunque sólo fuera por eso, por no darle la razón a todo ese tropel de gente malintencionada, ya sería prudente que el ministro de las cosas de fuera, callara respecto a estas cosas de dentro. Pero además hemos comprobado ya que, a la hora de hablar de Cataluña, poca gente se equivoca más al elegir las palabras que el por lo demás elocuente e inteligente ministro José Manuel García Margallo.

Añade:

No, señor ministro. No ha sido un éxito [la cadena], porque no puede serlo. El aquelarre separatista ha recibido toda la propaganda de sus organizadores. Pero como estamos en España, también de quienes tienen el deber constitucional de hacerles frente. Las televisiones privadas y públicas volcadas en esta cobertura están copadas por comentaristas simpatizantes con la causa separatista en diverso grado. Y cuando no, exquisitamente neutrales. Y TVE emitiendo información intercambiable con la de TV3, la cadena de agitación del Gobierno ya abiertamente sedicioso de la Generalidad.

 

Decenas de miles de personas forman una cadena en la Diada por la independencia de Cataluña

Ver vídeoDecenas de miles de personas forman una cadena en la Diada por la independencia de Cataluña

 

Concluye:

El Gobierno pretende aun apaciguar al nacionalismo. Es el miedo al conflicto que le engaña. Jamás el apaciguamiento ha sido solución ante una agresión a la ley. La vicepresidenta Sáenz de Santamaría contradijo ayer a Margallo y parece intuirlo: «El Gobierno tiene que escuchar a la mayoría silenciosa». La mayoría sufre ya años de sinsabores y necesidades. No añadan humillación y agravio permanente. Porque unos piden «encaje» y privilegios bajo chantaje, pero la mayoría pide respeto para su sacrificio permanente. Y su paciencia no es una farsa oportunista manipulada. Escuchen antes de que levante la voz.

Dejamos ya los temas referidos al nacionalismo catalán. En el diario madrileño de Vocento, Jaime González publica Pese a todo, medio llena. Este un un título humorístico, por la referencia al dicho sobre la botella, para un artículo en el que el jefe de Opinión de ABC sale en defensa de la alcaldesa de Madrid.

El equipo habitual de desolladores pretende arrancarle la piel a Ana Botella a cuenta del último fracaso olímpico y su «relaxing cup of café con leche», que con el paso del tiempo será lo único dulce que quedará en el recuerdo de aquella noche porteña candidata al olvido. Botella es la presa más fácil, porque la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana, de manera que quieren que se coma solita los cinco aros en señal de penitencia.

Añade:

La tragedia del Madrid Arena la colocó en la diana; sus errores contribuyeron a alimentar los instintos más bajos del equipo habitual de desolladores, pero aunque sus errores no hubieran sido de bulto le habrían arrancado igualmente la piel, porque Ana Botella ya había sido condenada con carácter preventivo.

Concluye:

Me voy a poner del lado de la alcaldesa de Madrid y promover una asociación de «relaxing cup of café con leche» -a poder ser con porritas y churros-, un hallazgo que el tiempo pondrá en su justo valor, cuando cese la inquina de los desolladores. Y si no cesa, me quedaré para siempre con esa Botella medio llena que algunos pretenden vaciar poniéndola boca abajo. Ahí siguen, tratando de derramar hasta la última gota.

Terminamos con el periódico de la ‘disciplina’, donde el hombre bautizado por Beatriz Manjón como ‘el American Dad español’ escribe sobre Griñán. Alfonso Merlos titula Cinismo a raudales:

La actitud de Griñán no tiene ni medio pase. Es terrible. Se le perdieron centenares de millones de euros que fueron robados a los parados. Ha dejado una región con un 37% de paro. Se pide su imputación en un auto judicial demoledor que le obliga a explicar la trama de los falsos ERE. ¡¿Y qué se le ocurre a este buen hombre?!

De un lado, descalificar furibundamente a la juez Alaya (¿hay algo más antidemocrático?). De otro, erigirse de la noche a la mañana en senador (por obra y gracia de los socialistas, ¡faltaría más!).

Concluye:

El hombre que recibió el desastroso legado de Chaves para empeorarlo hasta extremos tremebundos (¡toma mérito!) da la razón a los españoles que entienden que hay razones más que fundadas para estar hasta el copete de muchos de nuestros cínicos e incompetentes políticos.

Decía el clásico que hay dos clases de cobardes: los que huyen hacia atrás y los que huyen hacia delante. La de Griñán es -digámoslo sin ambages- una huida esencialmente sin sentido, fallida. Al tiempo.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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