OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Raúl del Pozo y Pablo Sebastián sustituyen a Rajoy y ponen ministros y alcaldesas

"Yo soy de Putin" recuerda Emilio Campmany que dijo el Rey Juan Carlos durante el plan de Lukoil de comprar Repsol

Raúl del Pozo y Pablo Sebastián sustituyen a Rajoy y ponen ministros y alcaldesas
Raúl del Pozo y Pablo Sebastián. PD

El funcionario Vallespín denuncia "nuestro miedo pequeño burgués" ante la "esperanza de los sin rostro"

Visto que Mariano Rajoy practica la política femenina de la compresa (no se mueve, no mancha, no traspasa), la aristocracia del columnismo empieza a hacerle la crisis de gobierno. Quizás incluso por sugerencia de ministros y de mindundis-que-quieren-ser-ministros-y-no-se-atreven-a-decirlo.

Raúl del Pozo (El Mundo) es un poco como Jaime Peñafiel (el del chal de Farah Diba), al que le van a contar chismes las cotillas del reino; a don Raúl le piden audiencia los conspiradores, pero como él explica los conspiradores ya no quieren apoderarse de la reina niña Isabel, sino irse a Estrasburgo.

La lucha por el poder ha degenerado hasta convertirse en enjuagues por colarse en las listas electorales. Detecto alguna maquinación de los ex, aunque el camareta infiltrado, que suele darme noticias de los almuerzos con gente importante, no ha podido pasarme muchos detalles de la comida del Cigarral del Ángel Custodio.

El Cigarral del Ángel Custodio está situado en la ribera del Tajo, con jardines árabes y una preciosa ermita. Al almuerzo llegaron un ex presidente del Gobierno, un ex presidente del Congreso, un ex director de periódico, un aspirante al liderazgo del PSOE y un fontanero de altura no de cloaca.

Y al final de la columna nombres que destaquen en negrita.

Alberto Ruiz-Gallardón se siente solo, entre la indiferencia de Rajoy, el enfado de los jueces y las agresiones de las abortistas. Le han echado a los lobos y, como no sabe esperar, se ha echado en manos de Jorge Moragas, ese diplomático que aprendió de Talleyrand a utilizar el soslayo y el escondrijo.

Parece que a la mano derecha de Rajoy no le desagradaría ser ministro de Exteriores, y a Alberto Ruiz-Gallardón no le importaría suceder a María Dolores de Cospedal en la secretaría del partido. Pero todo eso son quinielas de moqueta. El desenlace está en las rodillas de Mariano, el que baraja las cartas.

No sé qué habrá de verdad en su relato, ¡pero qué bien lo cuenta! Si hasta parece importante.

Aplaudir a Botella, mejor que pitar a Aguirre

Marcello (Pablo Sebastián) titula su larga columna de hoy en Republica.com con un imperativo: ‘Ana Botella debe seguir en la alcaldía de Madrid’.

Ya era hora de que el ministro Gallardón se posicionara en favor de Ana Botella para seguir al frente de la Alcaldía de Madrid y ser la candidata del PP

Ana Botella tiene mucho mérito y mucha paciencia, y ha realizado una excelente labor al frente de la Alcaldía de Madrid, máxime cuando se ha encontrado, en plena crisis económica y social, con un pésima herencia en la deuda publica (la mayor de España en municipios) que ella ahora está reconduciendo en pos de lograr el equilibrio presupuestario de la capital

Las maniobras desleales y populistas de Esperanza Aguirre para asaltar la alcaldía de Madrid son impresentables y están en línea con su más reciente trayectoria de desafío permanente y guerra abierta contra Mariano Rajoy

da la impresión de que Aguirre lo que está buscando es su ruptura con el PP para pasarse al partido Vox, donde ella sería la reina del mambo.

Como decía Camilo José Cela (el que resiste gana), Ana Botella tiene que resistir los embates de la condesa y dar un paso al frente para anunciar su disposición a liderar una segunda legislatura en la Alcaldía de Madrid.

Ay, Pablo, mira que eres mentirosillo. Ana Botella te cae mal, pero Esperanza Aguirre te cae peor. Elogias a la primera para denigrar a la segunda.

Y una última conspiración, para tener de qué chismorrear el fin de semana. Emilio Campmany se sorprende de que la primera capital europea que visitó el ministro de Exteriores ruso fue Madrid, donde se reunió con el Rey y Rajoy.

Mientras me hacía estas preguntas de conspiranoico empedernido que quizá no tengan otra respuesta que «porque sí», me acordé de aquello que publicó El Mundo cuando supimos que Corinna, además de dedicarse a cuidar a nuestro soberano, ejercía de intermediaria en contratos internacionales y estuvo al parecer metida en la intentona de Lukoil, la compañía estatal de petróleos rusa, de quedarse con Repsol. Aquella operación por lo visto estuvo respaldada por Juan Carlos, que recordó a unos empresarios: «Como sabéis, yo soy de Putin». Pues si él es de Putin, me parece que nosotros, sin saberlo, también.

Las fronteras… qué malas son

Los incidentes en la frontera de Ceuta y Melilla son cosa mala, pero cosa peor es la barahúnda progresista.

Hermann Tertsch (ABC) advierte de la extensión del autoodio en España.

Al final, todos convencidos de que la Guardia Civil disparó a matar. Ya saben, «la frontera mata». Quienes la defienden matan. El mensaje tóxico cunde. La comisaria Mallström tiene a su lado una socialista española que ya se ocupa de transmitirlo. Los demás Estados tienen a ciudadanos suyos situados cerca de los órganos de decisión de la UE para defender sus intereses. España los tiene para que saboteen los suyos. Así fue con el juez López-Guerra en Estrasburgo. Y ahora con Ana Terrón del PSC a la vera de la comisaria.

Ignacio Camacho (ABC), como ayer Sostres con Putin, se apunta al bando de los realistas, los malos y los duros.

En una sociedad de emocionalidad creciente chirría el ceño fruncido de los Estados. Vivimos en la civilización del sentimentalismo humanitario, el buenrollismo, la ética indolora, y ante ese espíritu de filantropía universalista tienen muy mala prensa las fronteras con su siniestra escenografía de alambradas, perros de presa y vigilantes armados.

Son tiempos de empatía, de pacifismo, de retóricas afectivas, de pensamiento positivo, de gurús del intimismo biempensante, de espiritualidad romántica. Tiempos de Moccia, de Paulo Coelho y de abre la muralla.

En ese contexto no hay Gobierno que pueda ganar la batalla de los marcos mentales. Negros pobres hambrientos desarmados siempre generarán más simpatía que guardias blancos con cascos y fusiles de bocacha.

Y al final rinde homenaje a los hombres de verde, como Jack Nicholson a los marines en Algunos hombres buenos.

Pero toca firmeza, guste o no; el ejercicio del poder implica una responsabilidad que es independiente del agradecimiento. Y del populismo.

Si buscamos un progre para saber qué piensa esta panda, encontramos a dos en en El País. El primero, Juanjo Millás, que pone su columna al servicio de la causa justa.

El crítico pone a la novela en cuestión de vuelta y media y a otra cosa, mariposa, que está el hombre también muy mal pagado y tiene que despachar reseñas a destajo para sacarse un sueldo. Viene esto a cuento de que cuando alguien, no importa quién, hace una crítica concreta a la actuación de un guardia civil o de un grupo de guardias civiles, ha de soltar antes un discurso de adhesión incondicional al cuerpo que a la propia institución debería parecerle sospechoso de algo, aunque no sabríamos decir de qué.

El segundo, Fernando Vallespín, que titula su columna ‘Invasiones bárbaras’.

Sí, ya sé que no podemos permitir la entrada a todos los que lo deseen sin tener que renunciar a la vez a las comodidades de las que gozamos. Pero seamos conscientes de una vez de la formidable contradicción en la que incurrimos. Los valores que predicamos y de los que tan orgullosos nos sentimos los subvertimos después con nuestras acciones y nuestra indiferencia y los recubrimos bajo el manto de una justicia puramente procedimental. O nosotros o ellos. A esto la extrema derecha europea lo denomina «eurorrealismo», el nuevo mantra que se abre camino en el continente y que comienza a prender también en otras formaciones políticas. Nuestro miedo pequeño burgués frente a la esperanza de los sin rostro; nosotros, los asediados, frente a ellos, los «invasores».

Da gusto recibir lecciones de solidaridad y amor de un progre que es alto funcionario y está tan encajado en el régimen que ha dirigido el CIS y escribe columnas en el diario más vendido de España. Como Ana Pastor, cuando le dijo a Marine Le Pen que acogía inmigrantes en su casa.

El maldito

El fallecimiento del poeta Leopoldo Panero hace que algunos que le conocieron o leyeron sus poesías escriban sobre él.

Ignacio Ruiz Quintano (ABC):

En la vieja noche madrileña se hablaba de Leopoldo como del Joker en el «Batman» de Jack Nicholson: -¿Alguna vez has bailado con el diablo a la luz de la Luna?

El manicomio hizo el resto. Yo lo traté, para que escribiera en el «Gente y aparte» de ABC, a través de Rosaura, de cuya voz se enamoró. Él en el manicomio de Mondragón, y Rosaura, en la Redacción de Serrano, 61. Nos escribía artículos de una lucidez espantosa. Dos folios mecanografiados que enviaba por correo a Rosaura, con quien discutía telefónicamente de Foucault y de dinero, que él tenía prohibido recibir: el importe de su colaboración se le entregaba en mano a su madre, Felicidad Blanc, mujer de finura emersoniana.

Pedro Nárvaez (La Razón):

Como un viejo chupando un limón seco, así es el acto poético. Pocos versos resumen mejor lo que es la inutilidad de la vida vista a través de los ojos de un maldito. Ahora que se ha ido Panero no habrá quien vocifere contra España con lucidez y sin dinero, ya van quedando mercaderes pseudoculturales que hacen poemas de valeriana para sentarse en un ministerio de la propaganda o artistas del lujo que lo más cerca que han estado de la locura es en las rebajas de El Corte Inglés. La España de los artistas guarda un silencio cobarde a no ser que le toquen el bolsillo o gobierne un partido que no sea de la cuerda con la que se ahorcan. No existe Cataluña, no existe Putin, el propio Panero ya casi ni existía y parecía en las fotos con bruma que ayer revisaba un extra de «The walking dead» dispuesto a morder coca colas que le reanimaran del Hoperidol.

Y Manuel Jabois (El Mundo)

los malditos literarios son especies seductora de las que da gusto escribir; en la vida real son insoportables. Por eso Michi advertía, en el mejor monólogo de la historia del cine español, de la hipocresía de la izquierda hortera y siniestra madrileña que iba por los cafés presumiendo de ser amiga de Leopoldo María hasta que éste tenía un permiso del manicomio: entonces sacaban todos billete a Civitavecchia.

La diferencia de los sexos

Por fin una Tercera de ABC que merece la pena leerse. Miquel Porta Perales escribe sobre la izquierda que ha adoptado el feminismo y reivindica la diferencia entre sexos.

¿Qué sería del feminismo y de la izquierda sin unos estereotipos sexuales que impugnar, porque tales estereotipos no existen (o son libremente aceptados)? ¿Qué sería del feminismo y la izquierda sin una mujer que liberar, o que no quiere ser liberada, o que quiere liberarse sola y a su modo, o que ya se considera liberada? Aceptar las preferencias de la mujer equivaldría a cuestionar esas dos joyas de la corona del feminismo y la izquierda que son la discriminación positiva y las cuotas en busca de la paridad por decreto. Para emancipar a la mujer, dicen. ¿Cuándo entenderán que la manera de no discriminar a nadie es, precisamente, no discriminar a nadie?

Caitlin Moran, feminista británica: «La idea de que hay «tipos» de mujer inherentemente buenos y malos es lo que ha jodido al feminismo durante mucho tiempo».

Y la tontería de cuota escrita por la doctora Rahola.

El machismo está en el ADN de la humanidad y ha conformado las relaciones durante siglos. Cambiar las leyes era prioritario y aún lo es dónde (sic) son esclavizadas. Pero ahora hay que poner el acento en el paradigma que mantiene la idea del dominio. Y no nos equivoquemos: esa es la batalla más difícil.

Pero el hecho, duro como una piedra, está en la encuesta sobre la violencia doméstica en Europa: los países con menos muertes y violencia, por muchas interpretaciones que los progres quieran hacer, son España, Polonia, Croacia, Austria y Eslovenia, todos ellos de tradición católica, mientras que los más feminicidas son Suecia, Finlandia, Estonia o Dinamarca, ya neopaganos.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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