OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Ignacio Camacho: «Quién les iba a decir al PSOE que acabarían temiendo a un Pablo Iglesias»

Los veteranos columnistas recurren a los chismes: Pablo Sebastián habla de una rubia y Curri Valenzuela de una filtración de FAES

Ignacio Camacho: "Quién les iba a decir al PSOE que acabarían temiendo a un Pablo Iglesias"
Ignacio Camacho. PD

Ónega y Camacho instan al PSOE a volver al centro político

No acaba de producirse la abdicación y yo ya estoy deseando que acabe. Porque en los periódicos se ha pasado de las ovaciones a los secretitos. Y si me cansa a ver a un rico hablando de cuánto debemos todos al Rey, como si hablase de un vendedor de éxito en la fiesta de su jubilación, me da grima ver a los periodistas de toda la vida, esos que a diferencia del Rey no se jubilan ni a tiros, llamando a sus contactos y recurriendo a su imaginación para añadir una anécdota o un cotilleo a estos momentos ciertamente históricos.

Pablo Sebastián (Republica.com) se atreve a hablar de próximas cenas de Don Juan Carlos con una hermosa mujer rubia en Londres.

Las lenguas de doble filo, inquietas y dicharacheras, dicen que muy pronto vamos a ver a don Juan Carlos almorzando en un restaurante de Chelsea, Londres, cerca de Eaton Place en buena y rubia compañía. Y si eso es así nos alegramos por él, que se ha ganado un buen reposo de ese guerrero que fue. Aunque hay que esperar, todo a su tiempo.

¿Hacemos una porra con el nombre de la rubia compañía?

Raúl del Pozo (el Mundo) atribuye el impulso de la abdicación a una conspiración de financieros, editores y ricos de familia. Vamos, una viñeta de Forges.

ni este Rey merece ser despedido con almohadillas, después de que le haya hecho el truco del almendruco un extraño y mínimo pelotón de jarrones chinos, cendoyos de banqueros, leguleyos del Ibex y patrones mediáticos. Esta vez no han sido los monárquicos ni los políticos del Gobierno los que se han cepillado a un rey, como solían.

Y Curri Valenzuela (ABC) saca a pasear a su topillo e insinúa de dónde vino la filtración de la abdicación, que obligó a adelantar esta.

El anuncio de la abdicación del Rey pudo adelantarse unos días a causa de la filtración llevada a cabo por el entorno de uno de los expresidentes del Gobierno, a todos los cuales que viven – Felipe González, José María Aznar y José Luís Rodríguez Zapatero- Don Juan Carlos les comunicó su decisión la semana pasada. El topillo cree que el culpable se esconde en uno de los despachos de FAES, la fundación que preside Aznar, aunque asegura que este «no ha sido y si se entera alguien se va a llevar una bronca monumental, pero hay datos de que el filtrador comentó el bombazo informativo a un medio de comunicación por cuya redacción circuló la noticia el pasado sábado». Alertadas Moncloa y Zarzuela, se precipitaron las declaraciones del Presidente y del Rey para reventar lo que habría sido una gran exclusiva «por más señas, de un periódico digital», susurra el topillo.

Fernando Rayón (La Razón) no tiene secreto que contarnos, pero sí una anécdota de la que él deduce que el príncipe sabía quién era desde hace años.

Sucedió en una de las recepciones que, quiero recordar, tuvo lugar tras la entrega de unos premios Príncipe de Asturias. Estábamos dos personas conversando con Don Felipe y se acercó Sabino Fernández Campo para decirle al oído -no resistí la tentación de poner el mío- que uno de los invitados tenía que marcharse pues le esperaba su avión particular. Y no podía hacerlo, por protocolo, antes de que el Príncipe se retirara. El invitado en cuestión era y es un conocido banquero.

Don Felipe se dio por enterado. No pestañeó y siguió conversando con nosotros -yo me puse un poco nervioso a medida que alargaba nuestra conversación-, ¡y luego con otras personas durante media hora más! Yo veía que a Sabino se le iba y venía el color mientras Don Felipe saludaba a unos y otros como si no hubiera oído nada. Quiso demostrar entonces que sabía ya muy bien quien era y lo que representaba. Y que no admitía presiones ni siquiera de los más poderosos.

Así que me alegro de que tres monárquicos como Alfonso Ussía, Salvador Sostres y Luis María Anson dediquen sus columnas de hoy el primero a Rafa Nadal, el segundo al sindicato único UGT-CCOO y el tercero a la obra de teatro cuya entrada le regalaron.

JUEGO DE TRONOS EN EL PSOE: A SABLAZOS

Si bien en la dinastía borbónica no hay problemas sucesorios, el PSOE parece una temporada de Juego de Tronos.

Fernando Ónega (La Vanguardia) constata que el PSOE se esta alejando de la centralidad política. 

Me explico: el PSOE perderá gran parte de su crédito si nos hace pensar que una sola persona, Pérez Rubalcaba, es la única que mantiene los compromisos del proceso constituyente.

Y dudoso porvenir tenemos si el país está condenado a vivir con la incógnita de que cualquier día un partido importante entienda que ha llegado el momento de cambiar de régimen, simplemente porque lo manda la tradición.

Ignacio Camacho (ABC) insiste en el mismo asunto:

Muchos socialistas miran a babor con una mezcla de miedo y envidia; por una parte recelan de que los fagocite el populismo extremoso de Podemos -quién les iba a decir que acabarían temiendo a un Pablo Iglesias- y por la otra les pide el cuerpo apuntarse a esa emergente izquierda desacomplejada y coletuda. A Felipe, incluso al Zapatero inicial, este debate le duraría dos días; en el atribulado partido actual sin embargo falta capacidad prescriptiva porque su dirección está con un pie fuera y el otro sujetando a duras penas el desplome de la fachada.

Este PSOE desangrado está perdiendo una oportunidad dorada de reforzar ante los españoles su imagen desleída de partido de Estado, de fuerza estabilizadora del orden democrático.

Si la socialdemocracia quiere seguir siendo un valor de referencia tiene que recuperar el protagonismo institucional sin inseguridades. Otra cosa es que se arrepienta de los errores y ofrezca voluntad de regenerarse.

El socialista Nicolás Redondo es autor de una interesante tribuna en El País, en mi opinión el mejor artículo del día, dedicada a la izquierda para pedirle que renuncie al juancarlismo y proponer un pacto entre el PP y el PSOE.

ha llegado el momento para la izquierda institucional de pasar del juancarlismo militante -forma chusca de establecer una cautela de conciencia de los que no quieren olvidar su republicanismo romántico- a la aceptación plena de la Monarquía. ¿O no? Ya no podrán ampararse en triquiñuelas de ningún valor intelectual para esquivar la cuestión.

Durante los últimos años se ha creído que todo era posible, que era posible un Estado incontrolable, que era posible plantear y conseguir los objetivos últimos de todos; olvidando que las pretensiones maximalistas arruinan las expectativas probables, que los fines últimos solo sirven de orientación a cambio de renunciar a su consecución, que las utopías son una referencia, y su realización, una pesadilla. Hoy, los acuerdos básicos entre los grandes partidos son tan necesarios como a finales de los años setenta del siglo pasado. 

Y hoy también es necesario un gran esfuerzo de imaginación para redefinir, por ejemplo, el marco de convivencia en el que nos hemos encontrado la mayoría de los españoles estos últimos 35 años, que pasa ineludiblemente por la Constitución de 1978. Y, tal vez, siempre respetando la ley, dar satisfacción a la sociedad catalana, no a los políticos catalanes, y haciéndolo sin desairar al conjunto de la sociedad española, que es en quien reside el supremo derecho a decidir.

NO SE BUSCA LA REFORMA, SINO LA RUPTURA

Los columnistas catalanes también intervienen desde su hecho diferencial.

Arcadi Espada (El Mundo) denuncia que los republicanos de hoy y los mayores que les empujan quieren generar la ruptura que los españoles rechazaron en 1976 y 1977. El título de su columna es ‘Bah’.

Sí, no hay la menor necesidad de reformar la Constitución. La reforma quieren hacerla los separatistas: una Constitución española que instaure un sujeto de soberanía catalán: una reforma de usar y tirar que les permita votar y largarse. Están en ello también los exóticos federales que quieren que la federación reconozca privilegios a determinados federados (blindajes les llaman, con su léxico de planchistas), y que la nueva Constitución instaure un indeciso derecho a decidir. Está Herrero de Miñón.

Y luego están esos chicos que quieren reformar la Constitución, pero sólo porque no la votaron: narcisos de la generación facebook, cuyo arsenal de autoatribuidos derechos se cuenta por terabytes.

¿Reforma? Bah. Ruptura. Por eso quieren llamarla la segunda transición.

En cambio Josep Ramoneda (El País) sigue erre que erre en conseguir más privilegios para los catalanes. Incluso propone un Parlamento con más partidos, como era el italiano antes de Silvio Berlusconi. ¡Cráneo privilegiado el filósofo este!

El fervor reformista que ha seguido a la abdicación del Rey, tiene una clamorosa ausencia: el PP y ciertos medios de la derecha. Parece que las señales del 25-M no han sido suficientes para despertar a Rajoy. Necesita mayor castigo.

La agenda reformista debería empezar por abrir el juego -es decir, el espacio y los mecanismos de representación-, sin miedo a pasar del bipartidismo imperfecto al pluripartidismo real; por garantizar la separación de poderes; por asumir el carácter plurinacional de España; por redistribuir el poder de manera más eficiente, resolviendo el desajuste de un sistema muy descentralizado en el gasto y muy poco en la decisión política; por desarrollar la cultura de la función pública y la defensa de un Estado de bienestar en riesgo; por romper la promiscuidad entre política y dinero (no hay corrupto sin corruptor); en suma, por volver a la política.

Laura Freixas (La Vanguardia) se ve obligada a decir que había catalanes a las órdenes de Felipe V y de Franco.

en 1714, en 1808 o en 1936 hubo catalanes en ambos bandos, por más que ahora intenten esconderlo: en el Cultura/s del 28 de mayo, señalaba Sergio Vila-Sanjuánque las historias de la cultura catañlana pasan de puntillas sobre figuras como Ignacio Agustí o Gironella (…). Pero claro, es tan fácil echar a otros la culpa de todo lo que va mal; es tan agradable pensar que somos estupendos y que sólo el maligno enemigo nos priva del paraíso terrenal.

TALIBÁN ES TODO EL QUE TIENE PRINCIPIOS

Ignacio Ruiz Quintano (ABC) nos deja el pensamiento del día, sobre la falta de libertad que crece en Europa.

En España, como en toda Europa, es talibán quien no es socialdemócrata. El socialdemócrata, veleta de estos tiempos, tiene por talibán a todo aquél, rojo o facha, que se muestre irreductible en sus principios.

La columna ridícula del día es la Tercera de José María Carrascal (ABC). Parece mentira que un corresponsal que ha recorrido medio mundo y con cuyas crónicas desde EEUU aprendí a leer y a conocer ese país haya metido tantas veces la pata. Su texto es sobre el éxito de Podemos, que lo atribuye a un trasvase de votos dentro de los partidos de izquierdas.

O sea, que ha sido un trasvase dentro de la izquierda, no un avance de la izquierda. Como en Francia ha habido un trasvase dentro de la derecha.

Pues no. Como lleva explicando Juan Pedro Quiñonero desde hace 25 años en ABC, el Frente Nacional crece captando votantes de izquierdas; el PCF casi se ha extinguido.

Y segundo error.

Francia es la más dañada, al menos así se presenta, dado el formidable avance del Frente Nacional de la nieta de Le Pen, más temible que su abuelo, que exhibía el parche de pirata en un ojo.

Amigo José María: te has saltado una generación. Marine Le Pen es hija de Jean Marie, el del parche, no su nieta.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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