El propio Salmond se ha negado a compararse con Cataluña, dice El País
En esta semana que acaba de comenzar, se celebrará el referéndum en Escocia sobre la independencia o no de esta parte del Reino Unido. Los resultados influirán sin duda en España, donde el Gobierno autonómico regional también pretende realizar un referéndum ilegal sobre un inexistente derecho a decidir.
El País y el ABC editorializan este 15 de septiembre de 2014 sobre la votación escocesa. El periódico progresista, sin pronunciarse a favor o en contra de la permanencia de Escocia en el Reino Unido, se limita a poner el proceso como modelo de respeto a la legalidad y de debate limpio para los catalanes y afirma que no ha habido incidentes ni amenazas. El titulo de su editorial es ‘Escocia es única’.
ABC, por su parte, reclama a las autoridades de la Unión Europea que se pronuncien en contra, ya que está en juego la fragmentación de Europa en una miríada de pequeños Estados que convertiría al continente en ingobernable y quizás en insostenible económicamente.

EL PAÍS
El caso escocés es de una singularidad única en Europa, como ha resaltado durante la campaña electoral el propio líder independentista, el primer ministro escocés, Alex Salmond, que ha rechazado las comparaciones con el proceso soberanista de Cataluña, por ejemplo.
Reino Unido es la democracia parlamentaria más antigua del mundo. Con altibajos, ha celebrado un debate político con ideas e iniciativas, con cambios de posición y con amplias explicaciones. La decisión queda ahora en manos de los escoceses y de su singularidad. Todo ello dentro de un proceso legal, a diferencia de lo que proponen algunos de los líderes del independentismo catalán, que se apuntan a la idea de saltarse la legalidad.
ABC
Empieza a ser urgente que otros actores que hasta ahora han permanecido en una pretendida actitud de neutralidad abandonen el silencio para evitar una deriva que, según todos los indicios, no se detendría en Escocia. Para la Unión Europea, el inicio de una cascada de proclamaciones de independencia sería sencillamente catastrófico, y la Comisión Europea no puede asistir indiferente a un proceso de semejante calibre que amenaza su propia existencia.
Las advertencias que ha lanzado hasta ahora sobre el inevitable destino fuera de la Unión para el resultado de los procesos secesionistas han sido claras, pero no lo bastante como para convencer a los más recalcitrantes, que siguen pensando que, llegado el caso, Bruselas haría la vista gorda e ignoraría sus propias reglas. Las autoridades europeas tienen una responsabilidad ante los ciudadanos que votan en Escocia y ante el resto de los europeos.

