OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Carlos Herrera: «Felipe VI eligió para su mensaje navideño un decorado propio de una vivienda de protección oficial»

Francesc-Marc Álvaro (La Vanguardia) dice que Podemos está al servicio de los "poderes fácticos" contra la independencia de Cataluña

Victoria Prego cree que Artur Mas tiene problemas de comprensión al interpretar el mensaje real

No ha habido periódico desde la muerte de Franco que no haya recibido más dádivas y concesiones del poder político ni haya tenido más influencia que El País, hasta el punto de que se le apellida «diario gubernamental». Pues este 26 de diciembre de 2014, El País se comporta con el Rey como el cuñado que eructa en la mesa, porque las buenas formas son para él resabios burgueses.

De Juan Luis Cebrián abajo, en El País están con un berrinche monumental porque el Rey no hace ni dice lo que ellos quieren. ¿Pero no son republicanos? Una prueba más de que al perro progresista quienes le dan pan se quedan sin pan y sin perro.

Aparte del editorial titulado ‘Buen discurso, pero…’, El País publica una columna de Francisco G. Basterra en que con lenguaje cortesano riñe al Rey por no mencionar a su hermana Cristina (pedido por el periódico en un editorial el día 23) e insinúa que si no apoyó la reforma constitucional, mantra del periódico, es por el veto de Mariano Rajoy.

La autoridad que ha jurado guardar y hacer guardar la Constitución difícilmente puede ir más lejos de lo que lo hizo el Rey en Nochebuena al referirse a Cataluña: obvió la sugerencia de una reforma de la Ley Fundamental. Algo que Rajoy bloquea. Vaporosas llamadas a la unidad en la diversidad y a la necesidad de atender también a los sentimientos. Escaso para reconducir un problema de tanto calado.

Y, finalmente, no abordó lo que muchos le pedían y por lo que será juzgada su primera charla navideña con los ciudadanos. Quedará en el recuerdo el silencio del Rey sobre lo más delicado: la insostenible posición de su hermana, la ciudadana Cristina de Borbón y Grecia, citada en el banquillo de un proceso penal y que, impertérrita, mantiene su puesto en la línea de sucesión a la Corona. Ya la ha castigado familiarmente y estableció muy pronto un cortafuegos con ella y su cuñado. Pero no es solo una cuestión familiar. Palabra de rey. Cuando lo posible es insuficiente.

SOSTRES DICE QUE EL REY SE ARRODILLÓ ANTE EL POPULISMO

Mientras vuelco la leche en la taza del café y aspiro el aroma, pienso que no encuentro nada tan insoportable a un salvarreyes de izquierdas como un salvarreyes de derechas. Este papel corresponde a Paco Marhuenda. El director de La Razón firma una columna que podía haber escrito para acompañar el mensaje de Juan Carlos I de 2013, 2012 o 1991.

Dentro del margen que le otorga la Constitución, trató con exquisita claridad y contundencia los temas que preocupan a los españoles. Lo hizo desde la independencia que tiene la Jefatura del Estado porque ni puede ni debe ser una institución meramente ornamental. Una cosa es que no asuma posiciones partidistas y otra distinta es que sea tan aséptica que quede desdibujada. Es un equilibrio difícil, pero que el Rey sabe manejar con indudable acierto.

Al igual que Basterra, aprovecha las palabras reales para zumbar sus adversarios políticos.

La crisis económica es otra gran preocupación, porque los indicadores son muy positivos pero los efectos han sido muy duros. El sistema ha dado respuesta al problema, pero ahora es necesario que la creación de empleo sea constante e intensa. El Estado del Bienestar ha demostrado su solidez así como la solidaridad, pero no hay que olvidar que las reformas emprendidas están dando buenos resultados. La visión catastrofista de la izquierda, movida por intereses electorales, es inconsistente y un grave error. España sigue siendo una de las grandes economías del mundo.

Finalmente, fue muy acertado su mensaje sobre el problema provocado por los nacionalistas catalanes. Cataluña nunca ha sido un problema. Es cierto que entre todos construimos un proyecto que respeta la pluralidad desde la unidad.

En el concurso de los cortesanos de la prensa por pronunciar el brindis de fin de año en el Regimiento del Rey, el ganador es Màrius Carol, por su sencillez. Mucho incienso ahoga y hace llorar a la audiencia. Así concluye el director de La Vanguardia su billete:

Fue un mensaje impecable (y de esperanza) que hacía buena la frase de de Antoine de Saint-Exupéry: «Yo que reino estoy más sometido a mi pueblo que ninguno de mis súbditos a mi».

Qué bonita manera de hacer como que se dice algo.

En cambio Salvador Sostres (El Mundo), que se define monárquico de siempre (¿también cuando aparecía en Crónicas marcianas?), dice que necesitamos un rey que nos salve del populismo, pero que Felipe VI parece dispuesto a entregarse a él.

No nos hace falta un rey para decirnos que todo y todos podríamos ser mejores, para eso tenemos nuestra ciudadanía y nuestra conciencia, y a Dios que nos ama y nos mira. Necesitamos que el Rey batallador ahuyente el falso pesimismo, y la desolación también falsa, y nos libre de la tentación de caer en las garras del populismo, que es la peor dictadura de nuestra era.

Darle la razón a la gente, que es lo que Felipe VI hizo en su discurso navideño, no sólo es lo fácil sino que es lo barato, y no sólo no nos ayuda a resolver ningún problema sino que vuelve más hondo el gran problema que tenemos.

ANTONIO LUCAS CREE QUE FELIPE REINA «EN PRECARIO»

Menuda ocasión se han perdido dos de los periodistas más batalladores -de verdad, no como Cebrián, que cobra por ser molesto como los bufones- contra los negocios y la conducta de Juan Carlos I: Federico Jiménez Losantos y Jesús Cacho. Ni una palabra, ni un comentario, ni una columna, ni un audio. Están en Internet, pero no me parece que acaben de comprender qué significa la red. Pero si les gana el veterano Luis María Anson, que en su ElImparcial.es me produce la primera carcajada del día al elogiar a Letizia Ortiz de Borbón.

La Reina Doña Leticia ha enseñado a Don Felipe a expresarse ante las cámaras de televisión. Habla como un profesional tanto en la expresión vocal como en los ademanes. En estos tiempos del fulgor audiovisual es un factor más para robustecer la imagen del nuevo Monarca

Como diría mi bisabuela, «Luis María es un caballero de los que ya no quedan».

Pablo Sebastián (Republica.com) fue quizás el primer columnista en dar su opinión. Sobre la frase de «cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción» escribe que

Debería hacer reflexionar a los poderes públicos como el Gobierno, el Poder Judicial, la fiscalía y abogacía del Estado. Los que se han reforzado en favorecer a la encausada hermana del Rey con toda clase de ‘contemplaciones’ para evitar que fuera a juicio y no fuera tratada como cualquier otro ciudadano. Lo que, de momento, no han conseguido gracias a la entereza del juez José Castro de Palma de Mallorca.

A continuación, comenta la célebre ingratitud borbónica:

El Rey Felipe, como actor televisivo, fue muy superior a su padre el Rey Juan Carlos, a quien nunca se le dio bien la lectura de discursos. Por cierto, ni un solo elogio o especial recuerdo a su progenitor, y solo de pasada una mención a la abdicación, lo que llamó la atención. Como que al hablar de futuro y de la Constitución don Felipe no recordara la figura de Adolfo Suarez, muerto este año de 2014, aunque el ex presidente del Gobierno fuera de otro tiempo y generación. De ahí que a este discurso de don Felipe le faltó algo de calor, o de emoción.

Y concluye con una opinión negativa de las palabras sobre Cataluña:

Pasó casi de puntillas sobre el desafío catalán hablando de amores y sentimientos mutuos y subrayando que en España «nadie es adversario de nadie». Pero sin decir nada concreto sobre la obligación de cumplir la ley «sin contemplaciones», a pesar de que el 9N en Cataluña no se respetó el orden constitucional, que el monarca sí dijo que «hay que respetar».

En suma, discurso preocupado del Rey Felipe VI para un país indignado y con poca esperanza que se acerca al año electoral de 2015 con ganas de votar y de castigar, lo que anuncia un más que incierto panorama electoral.

Antonio Lucas (El Mundo), que debe de conocer la historia reciente de España, se atreve a decir que Felipe VI reina «en precario». 

Este Rey de ahora (quién sabe si el último) es la versión sport de un linaje que ya no exhibe impunemente una cota de malla de acuerdos ciegos fabricada por élites oscuras. Es consciente de que está reinando en precario, a tono con el estado de ánimo general. La democracia es no dar bandazos, no bloquear el guión de la Justicia y despojarse del esperanto oficial para decir que en Casa también tienen la fiesta torcida.

Yo al Rey, a su modo, le escuché decir eso. Igual que creí advertir que nos advertía contra Podemos (qué va a hacer) y que se avergonzaba de la gentuza saqueadora que convirtió la estafa en unidad de medida de los dos grandes partidos y sus arrabales, esos que han intentando pasar por víctimas de su propia agresión (de Cospedal a Susana Díaz, de los putos sobres a los putos ERE).

Alfonso Merlos (La Razón) se ocupa de la reacción de Artur Mas al mensaje, en el que éste asegura que está contento porque el Rey ha reconocido que existe un «problema» entre «España y Cataluña».

Claro que al ayatolá en jefe del fracasado separatismo posmoderno no le conviene asumir que el quid reside en que hay un segmento de los políticos pretendiendo violar la ley y habiendo consumado ya varios atropellos. Y por supuesto que no va a hacer el más mínimo amago de autocrítica asumiendo que ha sido su peligroso proyecto el que ha deteriorado la convivencia entre gentes de bien.

Victoria Prego (El Mundo) acusa a Mas de vivir en una burbuja hasta el punto de haber escuchado palabras que el Rey no pronunció. ‘Mas no ha entendido nada’ es el titulo de su columna.

No hubo en las palabras de Felipe VI nada que le permita deducir ni remotamente que el Estado se vaya a plegar a sus exigencias inconstitucionales ni que el Rey se aproxime a ellas con un talante próximo a la comprensión y menos aún a la aceptación.

Por lo tanto, lo declarado por Mas es una extravagancia que demuestra que el líder de CiU ya no atiende más que a sus propias construcciones mentales, que cuelga del primer clavo que encuentra en su camino.

No es que Cataluña se aun problema. Lo que es un problema es lo que está pasando en Cataluña, que es muy distinto.

HERRERA: EL DECORADO EN LA ZARZUELA FUE PROPIO DE UNA VPO

En las clases de expresión oral se aconseja eliminar el sonido de quien habla y fijarse en sus gestos y en el decorado que le rodea para descubrir la esencia del personaje. Eso hacen varios columnistas. Ignacio Camacho (ABC) asegura que

sobre todo se notó un interés palmario en la creación de un lenguaje propio, verbal y no verbal, que comunicase frescura frente al inevitable acartonamiento en que había caído el de su padre. Una dicción ágil, enfatizada con gestos, y una semántica más contemporánea. El entorno de salita familiar, la luz cálida y la expresión directa mostraban el deseo de delimitar una voluntad de estilo y situarse en un marco austero, renovado y empático con la clase media.

El resto de los comentaristas no es tan amable como él. Ignacio Ruiz Quintano se pregunta por la humildad del rincón en que se metió Felipe VI.

Y sonó la hora del mensaje. El primero de Felipe VI, que, al menos, no apareció asomando por una puerta, como han puesto de moda en la TV los nuevos maratianos de la coleta.

Lo más extraño del Mensaje, bien leído y con todos los fruncidos de la seriedad en la cara, fue el rincón. En «Los domingos de ABC» había una sección, «Mi rincón», en la que salían los famosos posando en su rincón favorito con cara de estar tomando bicarbonato, que es la idea que tiene el español de la solemnidad. No recuerdo un rincón más humilde que el escogido por el Rey para su Mensaje. ¿Era el Palacio o un NH?

Con una flor de pascua en el lugar de la bandera (una idea para el Bernabéu), el Mensaje fue un sentido homenaje a una sociedad sumida en un ensueño adolescente del que no quiere despertar

Carlos Herrera (ABC) comienza explicando las obviedades: que el Rey no puede ser un cuñado desatado con un par de copas de más.

Y en lo que respecta a este esperanzador 2015, un Rey no puede lanzar campanas al vuelo ni tampoco parecer un cenizo: si se muestra feliz como una perdiz habrá quien le censure mostrar tal simpatía por las acciones del Gobierno, y si se muestra apocadamente escéptico será el propio Gobierno quien lamente su falta de empatía. Pero, evidentemente, tiene que señalar que todas las proyecciones sobre la economía española son venturosas, porque así son. Como lo hizo.

Y concluye con el ambiente.

Los exégetas de lo meramente gestual también han hecho su agosto: una foto de Don Juan Carlos más a la derecha o a la izquierda parece un catálogo de mensajes encriptados. Tiene su gracia. Y a lo mejor es así, o sea, que incorpora mensaje, pero es tan trascendente como que haya elegido un decorado propio de vivienda de protección oficial. ¡Con la de rincones que debe de haber en La Zarzuela!

Raúl del Pozo (El Mundo) se pone sarcástico con la flor de Pascua:

Se acabó el tirón borgoñón y la corte de los milagros y los pelotazos. El discurso del Rey se escenificó en un marco sobrio: una flor de Nochebuena que parecía cansada, un silloncito, una mesa modesta. Era su primer monólogo navideño y al Rey se le notaron menos falsetes en el timbre de voz que en otras ocasiones.

Menudos puyazos a los productores de la grabación… o a la reina Letizia, si hacemos caso a Anson.

REVERTE DESVELA QUE HERNÁNDEZ-MOLTÓ TIENE CHÓFER

Entre las columnas que se dedican a otros asuntos, sobresale la de Jorge Martínez Reverte (El País), que se dedica a hacer picadillo del ex diputado socialista Juan Pedro Hernández Moltó, del que nos cuenta que se mueve con chófer. ¿Quién se lo paga?

me llama mucho la atención el caso de Juan Pedro Hernández Moltó, del que guardo un recuerdo imborrable cuando interrogaba a un acabado Mariano Rubio en el Parlamento, con un latiguillo inacabable: «Míreme a la cara, de frente, señor Rubio». Rubio no estaba en sus mejores días, ni tenía a mano los mejores argumentos, pero sus pecados eran cien veces menores que los que ha reunido Hernández Moltó al frente de la Caja de Castilla-La Mancha.

Podemos pedir a Hernández Moltó que nos mire a nosotros. Es uno de los tipos más impresentables que he visto en la política. Y sigue llevando chófer y puro cuando va a un restaurante caro.

En estos momentos es difícil saber si hay un solo político del PP mediterráneo que no tenga un carpetón en un juzgado, e igual de difícil ver un sindicalista o un político de izquierda libre de culpa en una Caja de Ahorros.

La presencia de Pablo Iglesias en Cataluña inspira dos columnas. Lucas Haurie (La Razón) escribe sobre la prensencia del senil Pasqual Maragall en el mitin y culpa a su esposa.

No hay nada de misericordioso en presentar como a una autoridad a un anciano incapaz de sostenerse ni concuerda con los ideales progresistas la exhibición de Pasqual Maragall en un mitin. ¡Valiente humanismo, cristiano o laico! La progresía pretende ultimar a ciudadanos en hospitales públicos apelando a la «muerte digna», pero impide que un enfermo sobrelleve con dignidad su desgracia y lo usa, privado de voluntad, como icono propagandístico. ¿En qué diablos estaría pensando su esposa?

Francesc-Marc Álvaro (La Vanguardia) ya no encuentra tan divertido ni auténtico a Pablo Iglesias desde que éste se ha atrevido a meterse en la masía catalana. De esta manera lo califica: «el desembarco oficial de este personaje en nuestro país». Parece que el bueno de Álvaro quiere exigir pasaporte para entrar en su amada Cataluña.

Hace unos días, el 11 de este mes, Álvaro se unió a la turba podemita para linchar al periodista Sergio Martín por una pregunta que le hizo al nuevo mesías en una entrevista. Ahora, como Iglesias ha hollado su amada TV3, donde él chupa y chupa, descubre indignado lo que se denunció en este periódico.

Es sintomático que el profeta de la supuesta nueva política vaya acompañado de un séquito que recuerda las Cortes itinerantes de los reyes medievales o los equipos de las grandes estrellas del rock, como pude comprobar el pasado lunes en los estudios de TV3.

Luego se dedica a dar ánimos a los separatistas que temen que Podemos les esté quitando electorado. El partido es, cómo no, un montaje españolazo.

Podemos es una organización sucursalista típica que, bajo la falsa retórica de «la nación de naciones», coloca la voluntad de los catalanes por debajo de un eventual «proceso constituyente español» y se ofrece, por lo tanto, como garantía a los poderes fácticos contra cualquier secesión. La ausencia de banderas en el pabellón de la Vall d’Hebron no es casualidad y responde a la teoría de la ausencia significante. ¿Qué necesidad hay de hacer evidente lo que todos los reunidos consideran normal? Tampoco había banderas españolas en los mítines de aquel González que seducía a muchos catalanes. Todo está inventado.

Y trata de tranquilizar a los separatistas con las encuestas del CEO, el CIS catalán, que tiene aún menos prestigio que el primero.

Las encuestas -siempre discutibles- indican que los votos hacia Podemos provienen de la abstención, de partidos extraparlamentarios, de ICV, del PSC y de C’s. Muy poco de ERC y de CiU. El último sondeo del CEO señala que, entre los votantes de Podemos, casi un 60% pasó del 9-N, cifra que sube hasta un 80% de no cuando se pregunta si querrían que Cataluña se convirtiera en un Estado independiente.

Que haya -según el CEO- un 15% de los virtuales votantes de Podemos que aceptan la independencia es un dato que retener, pero no puede ocultar que Iglesias ha dejado claro que quiere crecer en Cataluña demonizando a Mas (como hace el unionismo habitual) y vertiendo sospechas sobre la CUP.

Francesc, hombre, pídele una valeriana a Rahola y disfruta del premio a la columna ridícula del día que te has ganado con creces.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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