LA CLAVE DEL DÍA

La Razón culpa a los jueces de izquierdas de la fuga del etarra Plazaola

El Mundo se pregunta si la "pedagogía democrática" sobre el terrorismo de ETA está siendo la "adecuada" para su condena moral

Marhuenda reclama que el Supremo unifique los criterios jurisprudenciales para evitar que la ideología no condiciones la justicia

La fuga del etarra Alberto Plazaola, puesto en libertad por la Audiencia Nacional en una decisión que ahora ha revocado el Tribunal Supremo, indigna a los editorialistas de La Razón y de El Mundo este 12 de marzo de 2015.

El Mundo pide responsabilidades al Supremo por la filtración de su auto y La Razón señala a los jueces de izquierdas que imponen su ideología en las sentencias. El periódico que dirige Francisco Marhuenda es el más duro, ya que da los nombres de los magistrados de la Audiencia que suelen trasladar su ideología a las sentencias porque están infectados por el «virus progresista».

Ante la reunión de unas decenas de simpatizantes de ETA en favor del etarra, el periódico de García-Abadillo concluye su editorial preguntándose si la que llama «pedagogía democrática sobre la derrota» de los terorristas está siendo «la adecuada».

LA RAZÓN

Conceptos como el «uso alternativo del Derecho» o la «alarma social», que fueron tan caros a la izquierda  marxista europea en la década de los 70 del pasado siglo, parecían haber quedado felizmente superados por la construcción, en el caso español, de un sólido sistema de libertades en el que el Derecho positivo, emanado del Poder Legislativo, se revestía de la absoluta legitimidad democrática, dejando inoperante la pretensión de una interpretación y aplicación progresista de la legalidad, que se contraponía a una fantasmal coacción capitalista del Estado. Pero a tenor de algunas decisiones judiciales adoptadas por nuestros jueces, cabría concluir que no todos los miembros de la Magistratura española han superado el virus progresista

La norma excluía, pues, a los etarras Santiago Arróspide Sarasola y Alberto Plazaola -otra vez en busca y captura- de los beneficios legales, pese a lo cual fueron excarcelados por la Sección Primera de lo Penal de la Audiencia Nacional, en la que figuran los jueces Ramón Sáez deValcárcel, Javier Martínez Lázaro y Manuela Fernández Prado. Aunque los tres son «progresistas», sin duda, es Sáez de Valcárcel el que mejor responde a esa tendencia de libre interpretación de la norma, muy arraigada entre los togados de mayor edad procedentes de la izquierda judicial -que se articuló en la Transición en torno a la asociación Jueces para la Democracia-, lo que le ha convertido en protagonista de algunas sentencias que entroncan directamente con la lucha de clases y el conflicto social, tal y como se interpretaba desde el marxismo más rancio.

Ante estos hechos, reiterados, sería deseable que la Magistratura española avanzara hacia la unificación de criterios que, sin perjuicio de su independencia, garantiza que la ideología personal no condiciona la Justicia.

EL MUNDO

El dispositivo conjunto de Policía y Guardia Civil mantenía localizado a Plazaola en su casa hasta la mañana del martes. A las 12.40, la agencia Efe emitió el primer teletipo confirmando que tendría que regresar a prisión. De manera sorprendente, a la Audiencia Nacional, competente para ordenar su arresto, la decisión no se le notificó de forma oficial hasta varias horas más tarde.

Resultan incomprensibles la ausencia de prudencia del Supremo que propició una filtración, la falta de coordinación entre los dos órganos judiciales y la inoperancia de los cuerpos policiales. La huida de Plazaola es el último de un cúmulo de despropósitos que comenzó con la tardanza del Gobierno en transponer una directiva europea y continuó con una sucesión de resoluciones contradictorias de la Audiencia. El Alto Tribunal debe aclarar ahora qué sucedió pero, sobre todo, el ministro del Interior tiene que dar la cara para esclarecer quién es el responsable de que un terrorista se escabullese cuando desde el 13 de enero se sabía que habría que detenerle. Al Ejecutivo se le abre de nuevo una de las heridas que más le duele, la de las víctimas.

Mención aparte merece que el entorno social de ETA sea todavía capaz de movilizarse tan impunemente, no sólo para enaltecer a un condenado por asesinato, sino incluso para oponerse a su arresto. Las imágenes mueven a la reflexión de si la pedagogía democrática sobre la derrota de la banda está siendo la adecuada.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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