LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Arcadi Espada, a palos contra Carmena y su cabalgata: «No puede convertir en maricón al lobo de Caperucita»

"Las grandes ciudades españolas están en manos de una troupe que entre sus tareas de gobierno incluye, y en lugar destacado, la del adoctrinamiento"

Arcadi Espada, a palos contra Carmena y su cabalgata: "No puede convertir en maricón al lobo de Caperucita"
Manuela Carmena. EP

Fin de las Navidades. Tras el paso de los Reyes Magos por los hogares y que todos hayan disfrutado de los regalos dejados por sus Majestades de Oriente, este 7 de enero de 2016 toca volver a la realidad. Y esa no es otra que seguir erre que erre con lo que puede pasar con la formación del Gobierno en España.

No obstante, aún queda resaca de la famosa cabalgata de Manuela Carmena en Madrid y, desde luego, no la pintan muy bonita a la alcaldesa los columnistas que abordan el tema en cuestión:

Arrancamos en El Mundo y lo hacemos con el siempre polemista Arcadi Espada que tiene claro que algo tan inocente como la cabalgata no se puede pervertir a gusto de consumidor:

La alcaldesa Carmena, sus labores, cree que los Reyes Magos existen y viven en Vallecas. Es una viejecita entrañable y hay que respetarla. Sería interesante, sin embargo, que ella aprendiera a respetar a la abusiva mayoría, incluidos esos niños sabios y elegantes, que cree que los Magos son una ficción. Uno puede prescindir de las ficciones; pero no puede convertir en maricón al lobo de Caperucita. Además esta idea de disfrazar a unos paisanos de Reyes Magos y hacer tocar el bongo al negro no deja de ser decepcionantemente socialdemócrata. Lo suyo, de Carmena y amigos, habría sido adoptar el calendario republicano y bautizar (ecs) el 5 de enero como el día del sílex. Eso sería cuajo revolucionario ante la tradición. Pero no rematan.

Añade que:

Las grandes ciudades españolas están en manos de una troupe que entre sus tareas de gobierno incluye, y en lugar destacado, la del adoctrinamiento. La doctrina es algo que se va a buscar. Yo aún he conocido dulces muchachas que te decían: «Esta tarde voy a doctrina». Y se busca dónde, cuándo y cómo uno quiere. La doctrina de las instituciones debe limitarse al reparto del presupuesto. El resto es obscenidad de raíz totalitaria. En Barcelona la alcaldesa Colau está aficionándose a aleccionar a los ciudadanos mediante carteles colgados en las calles. Hay uno, inscrito en una campaña contra lo que llaman violencia machista, que muestra a un zampabollos macho cariacontecido y debajo esta leyenda seminal: «Cuando una chica dice no es no». No pude resistir el adosarle una pregunta de las memorias de John Allen Paulos: «Si te pido que te acuestes conmigo, ¿me darás la misma respuesta que a esta pregunta?». Estas navidades ha colgado otros en que alecciona sobre la necesidad de regalar camiones a las niñas y muñecas a los niños. La primera condición del adoctrinamiento suele ser la de operar contra la realidad y este es un ejemplo de libro: una infinidad de estudios prueban que esas preferencias lúdicas infantiles son innatas. Y que es la naturaleza y no el ambiente la que decide. Es así, por ejemplo, que los hijos de parejas homosexuales eligen sus juguetes como los hijos de parejas heterosexuales, y no solo los juguetes, sino a sus futuras parejas sexuales.

Y sentencia:

Estas maniobras de la izquierda indigente han sido siempre letales para la idea de progreso. Entre otras cosas porque insinúan que la izquierda es, en sí misma, una burda construcción social. Y que lo natural, lo naturalísimo, es la derecha, y propiciar en todo lugar y tiempo su gobierno.

Lucía Méndez se muestra contrariada por las críticas a la cabalgata de Manuela Carmena. Debe ser la jefa de opinión de El Mundo de las poquitas que debe estar contenta con el espectáculo grotesco ofrecido en las calles de Madrid:

Vaya por Dios. Los Reyes Magos han pasado por España y regresan a Oriente sin dejarnos en los zapatos la sensatez que habíamos pedido este año. A ver si el próximo hay suerte. A falta de problemas mayores, los políticos y líderes de opinión son capaces de organizar una trifulca colorista y viral a propósito de las túnicas de los Reyes Magos y de las ocas de la Cabalgata.

Dice que:

Detrás de la vestimenta de Melchor, Gaspar y Baltasar se escondía -según parece- la aviesa intención de adoctrinamiento político e ingeniería social propia de los soviets, tan ladinos ellos en sus métodos para lavar cerebros. Y detrás del tuit de la ciudadana Cayetana Ávarez de Toledo se esconde el PP, partido que ha condenado al ostracismo a la citada ciudadana. Todo muy sensato. Carmena se la ha cargado por vestir de magos a los Reyes Magos.

Finaliza:

Todo vale para la política. Las ocas, los VIP, las reinas magas, la música étnica. Los problemas de un país rico lleno de Cabalgatas en el que todas las casas han aparecido llenas de regalos. O igual no. Pero qué más da. El Baltasar de Carmena cantaba fatal.

En ABC, Isabel San Sebastián carga contra el totalitarismo que corre por las venas de muchos alcaldes populistas y que no han dudado en aplicarlo a las cabalgatas. No obstante, también recuerda que la espita la abrió la controvertida Alicia Moreno, concejal de Cultura en tiempos de Alberto Ruiz-Gallardón:

Las sociedades armadas de creencias sólidas resisten unidas frente a los ataques, ya sean físicos o ideológicos. El relativismo, en cambio, es un disolvente de acción rápida cuyo efecto debilitador ha quedado sobradamente demostrado en los hechos, desde la caída del Imperio Romano hasta los «felices años treinta» que precedieron al fascismo. Por eso los totalitarismos del siglo XX se encargaron de «matar» a Dios antes de lanzar su asalto definitivo al poder. Por eso la formidable maquinaria militar de la Unión Soviética primero y los Estados Unidos después se reveló incapaz de derrotar a unos cuantos montañeses afganos aferrados a su fe inquebrantable en Alá. Por eso la extrema izquierda unida bajo el estandarte de Podemos se empeña con todas sus fuerzas en descristianizar a España.

Señala que:

El desfile de carnaval organizado por el Ayuntamiento de Carmena con el engañoso nombre de Cabalgata de Reyes no fue ni casual ni mucho menos inocente. Melchor, Gaspar y Baltasar no iban vestidos de magos de Hollywood por azar. Los soldados clones de Star Wars, las bailarinas exóticas o el dragón chino no sustituían a los pajes, camellos y ocas tradicionales con el propósito de adaptar la tradición a la modernidad, no. Antes al contrario, se trataba precisamente de liquidar la tradición y con ella el significado que encierra. Desvincular cualquier celebración navideña del nacimiento de Jesús (completamente ausente del evento) y convertir esta efeméride en un homenaje al multiculturalismo impregnado de demagogia populista. Equiparar las fiestas de la Natividad y Epifanía con cualesquiera otras, autóctonas o foráneas, privándolas con ello de la menor trascendencia.

Subraya que:

Utilizar sin recato la ilusión de los niños como reclamo para deslizar las consignas al uso y verter en sus mentes vírgenes la idea de que la religión es una fantasía más, semejante a la producida por la industria cinematográfica, con personajes de ficción perfectamente intercambiables e igualmente imaginarios. Como si, al margen de las creencias o no creencias que cada cual profese en su interior, Jesucristo no fuese uno de los principales protagonistas de la Historia, con mayúscula, y la influencia determinante de su mensaje no constituyese un elemento nuclear de la cultura occidental, diferente a cualquier otra, que nos ha llevado no solo a progresar en términos materiales más que ninguna, sino a ser pioneros en la defensa del humanismo, las libertades y la democracia. Como si el cristianismo fuese puro mito pasajero, menor, desechable.

Es verdad que no ha sido Carmena quien ha abierto la espita de esta perversión de la cabalgata, iniciada por el alcalde Gallardón en tiempos de Alicia Moreno. Aquello fue el arranque pretendidamente «progre» de una embestida hoy cargada de intención. Entonces se trataba de ser «modernos». Ahora lo que se busca es destruir cualquier sustrato espiritual susceptible de impedir que arraigue entre nosotros la ideología podemita, enemiga jurada de la libertad individual. Lo de Moreno fue simple estulticia. Estos aplican una estrategia estudiada.

Y sentencia:

Los inspiradores de esta Parada del Orgullo Multicultural son los mismos que asaltan capillas al grito de «¡Arderéis como en el 36!». Los mismos que intentan por todos los medios liquidar la Educación concertada a fin de imponer su modelo único de Enseñanza doctrinaria. Los mismos que, erigiéndose en defensores de la mujer, atacan sin piedad a la Iglesia católica, pero jamás critican al islam. Saben muy bien lo que hacen, saben muy bien lo que quieren y saben muy bien cómo lograrlo. Nada de lo que ocurre es inocente.

Luis Ventoso asegura que en tres meses estaremos nuevamente votando en España y, de paso, recomienda al PSOE que cambie ya de una vez a Pedro Sánchez y ponga a Susana Díaz:

En tres meses repetiremos elecciones. Es lo más probable, aunque avezados ufólogos divaguen sobre misteriosos cenáculos, donde demiurgos del Ibex y algún viejo druida del PSOE cocinarían con la habitual enviada especial del PP una solución de gobierno.

¿Es un cataclismo continuar tres meses con un Ejecutivo en funciones? No: Bélgica estuvo quinientos días así… y los datos del paro y el déficit incluso mejoraron. ¿Es positivo repetir las elecciones? Tampoco. En un país más sereno y menos cainita se aplicaría la solución obvia: un acuerdo de los tres partidos constitucionalistas y centristas, que defienden el libre mercado, el imperio de la ley y la unidad de España (los demás socavan esos pilares de cordura). PP, PSOE y Ciudadanos suman 253 de los 350 escaños. En contra de lo que se está contando, la mayoría de los españoles se han situado en la centralidad y el sentido común. Lo normal sería que los socialistas y Rivera apoyasen un Gobierno de quien ganó claramente los comicios, Rajoy, con 1,7 millones más de votos que Sánchez, quien sin pudor y haciendo el ridículo calificó de «histórico» su paupérrimo resultado. Pero el PSOE, infectado todavía de sectarismo zapaterista, enfatiza que jamás dará el plácet a Rajoy.

Explica que:

Una peculiaridad de la democracia española respecto a las anglosajonas es que no se va nadie. Miliband renunció al minuto, con un 8 por ciento más de votos que Sánchez. Un contendiente que pierde en Estados Unidos pasa de inmediato al olvido. Pero ahí sigue Garzón, riñéndonos a todos tras achicharrar a IU; o el gran Sánchez, con su castañazo «histórico»; o el propio Rajoy, que ha ganado, sí, pero con un resultado frustrante, pues, aunque se apliquen paños calientes, la verdad es que a día de hoy sus cifras no le permiten gobernar, de ahí su aire lánguido.

Si al PSOE le quedase un dedo de frente, dentro de tres meses presentaría a Susana Díaz. No es ninguna eminencia (diez años para acabar Derecho, no se le conoce idea nueva en la Junta, es la heredera del corrupto Griñán y en sus autonómicas logró un resultado similar al de Rajoy el 20-D). Pero Díaz posee una elemental lealtad con España (una proeza en el actual PSOE), es elocuente, enormemente trabajadora, y tiene nervio político. Si Susana diese el paso (aunque parece que hará su clásico: amagar y no dar), el PP tendría un problemón, pues ella mejoraría mucho las cifras de Sánchez (que, entre otros detalles, cae humanamente mal a muchos españoles).

Y también da un consejo al PP:

En el otro lado, es un hecho empírico que Rajoy no resulta un político valorado (véase cualquier encuesta). Ha sido un buen presidente para un momento agónico de quiebra, pero ahora choca con su techo de cristal. Dentro de tres meses recuperará algunos votos estériles que se fueron a Ciudadanos, pero es dudoso que los escaños que arañe le alcancen para formar Gobierno con comodidad. Si enfrente tuviese a Díaz, incluso podría registrarse un nuevo nudo, un empate PP-PSOE. Hace bien el PP en fingir unión en torno a Rajoy en tiempo de tribulación, pero la realidad es que ahí llegará también la hora de un relevo que abra nuevas expectativas electorales. Soraya y Feijóo lo saben. Bajo cuerda, hace tiempo que fabulan con la sucesión y la trabajan.

En El País, Jorge M. Reverte asegura que Mariano Rajoy se está moviendo como pez en el agua en esta situación de ingobernabilidad:

Nos guste o no, que es lo que le pasaría a un gallego, el Partido Popular ha conseguido una sólida minoría en el Parlamento, lo que le da una fuerza casi inédita a la hora de hacer propuestas a los demás. Sería tremendamente incómodo tener que hacer propuestas de alianzas a otros partidos sin que le hicieran falta. Porque eso daría una impresión de debilidad innecesaria: «Esos que no nos necesitan ¿para qué nos necesitan?». Y, claro, la respuesta siempre es torticera.

Así que lo mejor para una situación como esta es no tener la solución. Yo creo que Rajoy donde se mueve bien es en esta agua turbia de la falta de claridad. Ahora, les ha echado la obligación de decidir a Pedro Sánchez y a Albert Rivera. Rivera ya lo propuso él mismo hace tiempo, y no tiene que explicar nada, pero Sánchez está obligado por todos los demás a contar las razones de su no.

Recalca que:

Un no que, como le ha pasado a la CUP con Mas, está ya demasiado dicho como para no ser fiel a él. A Sánchez le han escrito la respuesta no sólo sus asesores políticos, sino sus rivales. ¿De la posible coalición con el PP y Ciudadanos, qué tiene que decir?

Y él, sin cambiar mucho el gesto tiene que decir que lo mismo de siempre, o sea que no tiene nada que decir.

Y así estamos. Que ni el líder de la minoría más estable ni el de la minoría más inestable tienen nada que decir. Porque lo que sí sabemos no necesita mayoría estable.

Repasemos: unidad de España, igualdad de los españoles, política exterior apañada, política antiterrorista y de defensa… Basta con eso que se llama políticas de Estado, a las que son tan aficionados nuestros dirigentes. En una tarde en el bar del Palace los tres jefes (PP, PSOE y Ciudadanos) lo acordarían.

Y lograrían de paso darle vidilla a un bar que fue tan fundamental en otros momentos también duros y que ahora parece que no vale ni para tomar un gin tonic clandestino.

Y remata:

O se dan prisa, o va a venir Susana Díaz a Madrid y les va a poner a todos firmes. Y se va a dar cuenta Rajoy de que los pactos se los tiene que proponer a la persona adecuada.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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