«Escuché que había mujeres que querían escapar de Mosul y decidí ayudarlas», relata Abu Shehad, un campesino de 45 años cuya hazaña hasta ahora anónima ha devuelto la libertad a una veintena de mujeres yazidíes convertidas en esclavas sexuales del autodenominado Estado Islámico y sus hijos.
Esta es la excelsa historia que lleva al diario El Mundo el fantástico reportero Francisco Carrión desde su base en El Cairo y que merece una lectura y todo el reconocimiento para el protagonista de la historia:
«En ocasiones iba a Mosul por la mañana. Me dejé crecer la barba y me vestía como si fuera un militante del Daesh», comenta este vecino de un pueblo próximo a la segunda ciudad de Irak. «Durante el día recogía a las mujeres y las llevaba hasta mi casa en las afueras. Allí esperábamos a que cayera la noche para escapar. Otras veces me las traían en coche». Un itinerario jalonado de puestos de control de la organización yihadista y campos minados que aún mortifica a Simon, una de las adolescentes rescatadas por el agricultor disfrazado de adláter de Abu Bakr al Bagdadi.
Una historia de lo más interesante que puede leer al completo en El Mundo.

