Esperpéntica rueda de prensa en Bruselas

Un atolondrado Puigdemont no permite preguntas de medios españoles salvo TV3

Un atolondrado Puigdemont no permite preguntas de medios españoles salvo TV3
Carles Puigdemont, expresidente autonómico de Cataluña, en Bruselas. EF

Unanimidad de banderas españolas y de gritos en favor de la unidad recibieron a Puigdemont en la calle Froisart de Bruselas, detrás del edificio del Consejo Europeo.

Probablemente había imaginado un escenario en el que despertase ese interés en esta ciudad, pero en su ensoñación independentista tal vez esperaba que fuera como presidente de una nueva república.

En realidad, sus gritos pidiendo una reacción de la comunidad internacional y de las instituciones europeas no han sido nunca tan vanos.

Como eunta el veterano ENRIQUE SERBETO en ‘ABC‘ este 31 de octubre de 2017, no sólo no ha sido recibido por ningún representante europeo significativo -como siempre- sino que en esta ocasión ni siquiera ha podido utilizar la sede de la «Representación Permanente de la Generalidad de Cataluña» que se encuentra a escasos 150 metros del Club Internacional de Prensa que le ha acogido.

La intención inicial de la estrambótica comitiva era alquilar una sala del Residence Palace, que es el entorno habitual para este tipo de actos y tiene instituciones más adecuadas para una rueda de prensa de este tipo, pero el Gobierno belga, que es el propietario, se lo ha negado, señal más que evidente de que no es bienvenido en Bruselas.

Es verdad que la libre circulación europea le permite a Puigdemont moverse a donde quiera, pero la señal que le han enviado las autoridades de este país es que no es bienvenido y que no puede esperar ninguna complacencia en las actuales circunstancias. Y por parte de las instituciones europeas, tampoco.

El portavoz de la delegación española del grupo popular europeo, Esteban González Pons, ha advertido que no sería legal que esta rueda de prensa se haya pagado con fondos proporcionados «por algún eurodiputado».

Y había al menos dos: Ramón Tremosa y Josep maria Terricabras. Y el encargado de conceder la palabra era precisamente el asistente de Tremosa, que, por cierto, no quiso dar la palabra a ningún periodista español, exceptuando a TV3.

En la conferencia de prensa, de media hora de duración, Puigdemont respondió en inglés, francés y catalán a Euronews, BBC, Sky News, Tv3 y a una televisión local. Al término de la rueda de prensa, varios medios españoles gritaron «vergüenza» por no haber recibido la palabra en el turno de preguntas.

La sensación de que Puigdemont no era consciente de la situación en la que se encuentra la reforzó incluso su ex consejero de Interior, Joaquim Forn, que estaba en la mesa junto a él, cuando dijo no entender por qué se expone a una condena de 30 años de cárcel «cuando nos hemos limitado a hacer nuestra obligación».

En silencio estaba su ex colega de salud, Antoni Comin, que hace menos de dos semanas que había estado en la ciudad para participar en el acto de presentación de la candidatura de Barcelona para albergar la agencia europea del medicamento en la sede de la Embajada de España y que aún entonces decía que no había ninguna contradicción entre esa aspiración y las de proclamar la independencia de Cataluña.

Es posible que a partir de ahora empiecen a palpar la realidad.

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