LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Luis Ventoso apuesta por Feijóo en su duelo con la ‘fontanera’ Sáenz de Santamaría por el trono de Mariano Rajoy

Manuel Marín: "Tras el éxito de la moción de censura de Sánchez, España lleva tres días sin hablarse de Albert Rivera"

Luis Ventoso apuesta por Feijóo en su duelo con la 'fontanera' Sáenz de Santamaría por el trono de Mariano Rajoy
Soraya Sáenz de Santamaría y Alberto Núñez Feijóo. PD

Mariano Rajoy es el nombre que brilla este 6 de junio de 2018 en las tribunas y editoriales de la prensa de papel. Su marcha, amén de todo el repaso a su biografía política, también abre el melón sucesorio con un nombre claro, Alberto Núñez Feijóo, presidente de Galicia, como el máximo favorito.

Federico Jiménez Losantos, en El Mundo, considera que existen dos hipótesis que expliquen la dimisión de Mariano Rajoy como presidente del PP:

Sólo caben dos hipótesis: que los barones no le han dejado seguir y/o que Sánchez le ha tranquilizado sobre su horizonte judicial, en el que tendrá el mismo trato de favor que etarras y golpistas, a cambio de no estorbar y apretar juntos el cordón sanitario -horca electoral- contra Rivera.

El editorial de El Mundo subraya que a Rajoy le duele irse dejando un PP más débil:

Si algo le duele a Rajoy es legar un PP más débil del que recibió, menguado por la fragmentación del electorado y la competencia de un partido joven.

El editorial de ABC cree que Rajoy acierta al no haberse encastillado en el PP después de su traumática salida como presidente del Gobierno:

Rajoy ha incurrido en una notable falta de reflejos frente a los unánimes ataques de la oposición contra la corrupción institucional protagonizada por relevantes pesos pesados del partido. Durante su etapa, y durante la de José María Aznar. Por eso recordó ayer que ha pagado por culpas propias, pero también por culpas ajenas. Rajoy ha sido generoso al no encastillarse en el PP. Ha asumido como una evidencia beneficiosa para el PP que no podía ni siquiera pilotar su sucesión, y ha evitado con buen criterio cualquier imposición a dedo.

Álvaro Martínez entiende que en el PP, más que la figura del sucesor, lo que preocupa realmente es saber hacia dónde se quiere ir:

Sin duda, la pregunta es ¿ahora quién? Pero una vez resuelta esta incógnita, ese nuevo PP del «postmarianismo» debe contestar ¿y ahora qué?, es decir, la propuesta que lanzará a los españoles para recuperar su confianza. Pero para ver el futuro con claridad es esencial no sacarse los ojos.

Ignacio Camacho resalta que el PP debe de reconstruirse por completo y hasta sugiere la venta de Génova 13. Eso sí, también considera esencial preservar los aspectos buenos que ha tenido el mandato de Mariano Rajoy:

La supervivencia del partido exige una tarea -ingrata para el que le toque- de implacable limpieza, de ruptura simbólica y real con la etapa de poder pretérita. Hasta la sede, si fuera posible, habría que venderla, porque la marca está contaminada por el amianto de la corrupción y sufre una fatiga de materiales agravada por el estigma del odio de la izquierda. […] Falta saber si queda en la organización, acostumbrada a la obediencia y al sometimiento, inteligencia colectiva para hacer esa imprescindible transición sin devorarse en duelos internos. A Rajoy, quizá la Historia le haga un monumento. Virtual para que no lo derriben los caínes sempiternos.

Luis Ventoso apunta que el duelo de la sucesión de Rajoy se lo juegan Feijóo y Sáenz de Santamaría y su apuesta es que saldrá triunfador el primero:

Al final la sucesión se la jugarán (si así lo desean) los dos mejores: la reina de la maquinaria administrativa española desde 2011 y uno de los pocos políticos europeos que ha enlazado tres mayorías absolutas en plena resaca de la crisis.

El orensano Feijóo, de 56 años, y la pucelana Santamaría, de 47, hasta ahora correctos enemigos íntimos, guardan similitudes. Representan una derecha poco ideologizada; podrían estar en Ciudadanos, o en el flanco diestro del PSOE felipista. ¿Dónde comienzan las diferencias? En el único lugar que importa en democracia: las urnas. Y ahí media un trecho: Feijóo es un ganador testado, mientras que Santamaría jamás se ha probado como cabeza de cartel, pues ha hecho su carrera en la fontanería interna.

Manuel Marín se fija en el hecho de que la moción de censura ha dejado desactivado a un Albert Rivera que lleva tres días sin recibir atención mediática:

El éxito de la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy ha surtido un efecto disuasorio sobre Ciudadanos en general, y disolvente sobre Albert Rivera en particular. En España lleva tres días sin hablarse de Rivera, y resulta inédito tras la dimensión que le habían adjudicado las encuestas hasta hace tan solo una semana. En cierto modo, Ciudadanos ha quedado fuera de foco político y mediático, porque más allá de la sobredimensión que pueda atribuirse al crecimiento real de ese partido, Pedro Sánchez designando Gobierno y despidiendo a la selección de fútbol hacia el Mundial, o la emoción de Mariano Rajoy abandonando la presidencia de un PP en estado de shock tras cuarenta años en la política activa, no tienen competencia.

El País celebra el anuncio de lealtad máxima de Rajoy a quien sea su sucesor:

La decisión de Rajoy facilitará esa regeneración tan necesaria frente a una nueva formación de corte centrista y conservador -Ciudadanos- que le viene comiendo el terreno. Este país se verá beneficiado por esos modos democráticos que sanean la vida pública. Recuérdese que el propio Rajoy fue elegido a dedo por José María Aznar; un sistema que sigue siendo moneda corriente en el partido. La lealtad prometida por Rajoy al nuevo líder de la derecha es otro gesto que le distancia felizmente del pasado aznarista.

El editorial de La Razón, valorando lo que ha sido el Gobierno de Rajoy, insiste en que la transición y la sucesión debe ser ordenada y sin guerras internas:

Rajoy pone punto y final y se abre así un proceso de relevo y renovación del PP. Durante estos años no ha dado muestras de querer que su sombra se proyecte sobre el partido. En los partidos grandes, estructurados y vertebradores de la política nacional hay que acumular la experiencia del buen gobierno, de un equipo de cuadros cualificados capaces de ponerse al frente de España cuando les toque, pero evitando las tutelas. Rajoy da vía libre para elegir a un nuevo líder tras un congreso que no deberá demorarse. El PP tiene capital político, militantes, votantes y, sobre todo, capacidad para gobernar de nuevo en España. La gestión de Mariano Rajoy es su mejor aval.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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