Pobres con dignidad ante sus cabras.
Con una voz sencilla y lastimosa
frecuentas invasoras confusiones
dejando atrás los lastres de lo que eres.
Fuerza de pacotilla y sobresales
en las aspiraciones titubeantes
de conducir las plagas a tu antojo.
Festejando lo malo como bueno
del conocido al caos de los enjambres
a la propia olvidada parte en la otra.
Tu hartazgo del anhelo que no llega
a plebiscitos blancos de los males
deteriora dorado del derecho.
Conocimiento ausente a voluntad
la libertad salada de la tierra
y la idea despierta suprimida.
Al más cínico de los cagalástimas
vanidad misteriosa que lo engaña
mintiéndose así mismo y ensanchándose.
José Pómez
