Lo garantiza el sol del aire vivo
repica el mirlo arriate mojado
lo confirman con ganas entretejidas
las mondas del repliegue entre los pétalos
otra vez finaliza desprendida
la delicia transforma toda lengua
todo misterio y toda soledad.
La caricia provoca primavera
acorta noches merma la tristeza
y clava la mirada en el suspiro
como volviendo al bien entre las rocas
interpelado cuenta que te quiere
insiste y lo agradece con la vid
todavía elevándose a los cielos.
Parlanchina de plata ardiente llama
susurro escandaloso incontrolado
apenas sin esfuerzo me resulta
agradable mimarlo junto a ti
el mediodía exacto administrado
cuanto más se sumerge más reflota
con la velocidad aterradora.
José Pómez

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