El País sacude a ZP por la chapuza diplomática de Kosovo

El País sacude a ZP por la chapuza diplomática de Kosovo

(PD).- Nervioso y acorralado, Zapatero, acosado por todos, se mofó de que España recuperara la soberanía de Perejil. Sin atisbo de autocrítica, sigue invocando la decisión de acudir a Irak. Tan solo se ha quedado ZP en Babia, que el diario El País, tradicional aliado del PSOE y su más firme sostén mediático junto a la cadena SER, manda este jueves un ácido «recadito» a Zapatero donde le sacude duramente por la chapuza diplomática de Kosovo. Prisa, con sus graves problemas financieros a sus espaldas, aprovecha para recordarle a ZP : «¿Qué hay de lo mío?».

La sesión de control del Congreso le dejó retratado. El jefe del Gobierno se atrincheró a su estilo: se puso a hacer de oposición de la oposición y esta vez hasta de sus antiguos aliados nacionalistas catalanes, vascos y republicanos. Y la principal novedad en la réplica a las críticas de Rajoy fue pasar de la «guerra ilegal» de Irak al reproche por «la hazaña de Perejil», la recuperación del islote ocupado por los marroquíes en julio de 2002. Hoy El País le dedica un corrosivo editorial donde le critica por su forma de gobernar y el papel de «ayudantes» que le otorga a sus ministros:

Las consecuencias de la decisión unilateral de retirar las tropas españolas de Kosovo pesarán sobre la agenda internacional del Gobierno durante los próximos meses, pues coinciden con la reformulación de la política exterior emprendida por Obama en un momento en que España no debería ver hipotecada su posición en los nuevos equilibrios mundiales. Se trata de una iniciativa mal calibrada, peor gestionada y transformada, por último, en una comedia de enredo por la disparidad de criterios exhibida por el Gobierno en el curso de unas pocas horas.

Este error deja también al descubierto los límites de una forma de gobernar que introduce modos presidencialistas en el sistema parlamentario español, reduciendo el papel de los ministros al de meros ayudantes del jefe del Ejecutivo y sacrificando experiencia y usos democráticos al tacticismo y a la improvisación. La preo-cupación por la imagen y la proliferación de canales informales, al margen de los institucionales y administrativos, se han convertido en signo distintivo del quehacer de Rodríguez Zapatero.

El riesgo de un grave traspiés era cuestión de tiempo, y la retirada de Kosovo se ha convertido en la ocasión más inoportuna para que salten estos frágiles esquemas que el presidente ha venido confeccionando a su medida. Para ello ha hecho falta la concurrencia de un ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, privado de la dirección de su departamento hasta el punto de no controlar siquiera el nombramiento de los segundos escalones y el de una ministra de Defensa, Carme Chacón, a la que se le encomienda una cartera por razones de proyección política ulterior, y que organiza un anuncio del calado del realizado en Kosovo la semana pasada sin atender a más calendario que el suyo propio.

Unos por otros, y con el presidente del Gobierno en la trastienda, han ofrecido el espectáculo de anunciar un día la retirada de las tropas antes del verano, corregir al día siguiente el plazo y regresar, por último, al punto de partida. Si en esta cadena de rectificaciones y desmentidos alguien se extralimitó o no cumplió con su tarea, cabe exigir como mínimo una explicación política. Sigue siendo difícil de entender por qué se ha decidido la retirada unilateral a tan sólo unos días de una importante reunión de la Alianza Atlántica y del primer viaje de Obama a Europa.

Según Zapatero, ambos episodios eran los principales exponentes de la, a su juicio, desastrosa política exterior de los Gobierno del Partido Popular que contrastan con «el buen hacer y la confianza generada hacia España» que se ha registrado desde que él mismo llegó al poder. Rajoy lo tuvo fácil para responder. Ante el empeño en esgrimir Irak, comentó que Zapatero se puede convertir en «estatua de sal» -«y así nos va»- de tanto mirar al pasado y sobre la apelación a Perejil le devolvió la pregunta: «¿Qué pasa si alguien invade nuestro territorio, cómo actuaría usted en ese caso?». Los diputados del PP interrumpieron con aplausos a su jefe. El presidente del Ejecutivo evitó responder de forma directa y prefirió añadir que aquel episodio fue «surrealista» y fruto de la política exterior de Aznar.

El editorial de El País le da la puntilla. A ZP le ha estallado Kosovo en plena crisis de Gobierno:

Sin alianzas estables después de los resultados electorales de Galicia y País Vasco, al presidente le ha estallado Kosovo cuando se disponía a plantearse una crisis de Gobierno. No es la primera vez que este peculiar presidencialismo tropieza con la tozuda realidad. En otros territorios tan delicados como la política exterior ha cosechado Zapatero fracasos parecidos. Con la política autonómica, la inmigración o la economía ha sufrido percances similares, debido a la misma combinación de negacionismo respecto a la realidad y de voluntarismo presidencialista. Sea cual sea el papel que el presidente del Gobierno haya previsto para la ministra de Defensa, la factura de este episodio pesará gravemente sobre su estrategia y sus planes.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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