España, el país donde los cavernícolas gozan de impunidad

España, el país donde los cavernícolas gozan de impunidad

(PD).- No pasa ni pasará nada. La final de una competición de fútbol se convierte en una exhibición de independentismo, con alarde de pancartas y banderas inconstitucionales, y no pasa nada. El himno que simboliza a la nación española es recibido con pitidos insultantes, y no pasa nada. El Rey, máximo representante del Estado, es ultrajado en público por una horda de bárbaros vociferantes, y no pasa nada.

Como subraya Isabel San Sebastián en El Mundo, aquí nunca pasa nada, siempre que la ofensa venga de esa tribu cavernaria del espectro sociopolítico que tiene la sartén por el mango.

Se censura el reportaje de televisión (esa RTVE más democrática que nunca, donde resplandece la verdad y se respetan los sagrados principios de la objetividad informativa) y aquí paz y después gloria.

Lo que no se ve o no se oye, no existe. A los efectos de la audioteca las aficiones habrán tenido «un comportamiento ejemplar», como ha sentenciado la vicepresidenta De la Vega sin que se le atraganten las palabras.

Como reseña Ignacio Camacho en un artículo cargado de ironía que publica en ABC, incluso de cierto sector de medios que ha calificado de «ejemplar» el comportamiento del público de la final por el simple hecho de que, hermanado en el repudio de los símbolos españoles, no mostró la tradicional animadversión banderiza entre las hinchadas contendientes.

Antes al contrario, simpatizaron la una con la otra en la solidaridad victimista ante el común opresor que organizaba el partido, dedicándose entre sí efusivas muestras de un amistoso respeto que excluía al mayoritario resto de conciudadanos que se sienten representados por su monarca y su himno, y que no encontraron un ápice de amparo, ni previo ni ulterior, de los directivos de los clubes finalistas ni de los dirigentes políticos de sus respectivas comunidades.

Tanto los presidentes del Athlétic y del Barça como los de los gobiernos catalán y vasco -el molt honorable Montilla y el lendakari López, ambos de miembros un sedicente partido nacional español-, así como los responsables de las diversas formaciones nacionalistas, tenían pleno conocimiento de la minuciosa preparación de la algarada y del reparto masivo de silbatos que no eran para reprobar al árbitro.

De sus bocas no salió en las vísperas del encuentro una palabra de temple, ni una petición de respeto, ni una declaración integradora. Y con posterioridad a los hechos, se desmarcaron más o menos vergonzantemente de condenarlos y los minimizaron cuando no se sumaron al elogio de la supuesta ejemplaridad de las aficiones.

Y no pasa ni pasará nada. La Real Federación Española de Fútbol no sancionará ni al Athetic Club de Bilbao ni al Barcelona.

El comité de competición callará. El impresentable Laporta volverá a lucir su bufanda secesionista cuando le pete.

La Zarzuela no se dará por enterada ni expresará el menor malestar, como si Sus Majestades no sangraran cuando se nos pincha a todos en sus carnes. Acaso hayan dejado de sangrar, de puro espesa que se les ha vuelto la piel a base de aguantar y aguantar puyazos sin rechistar.

No pasa ni pasará nada, porque ésta es la tónica general de esta España de ZP: ¿Qué los chicos no estudian ni aprenden? «Flexibilidad». A pasar de curso con cuatro o más suspensos, que hacerles repetir sería coartar gravemente su derecho a la felicidad. ¿Qué tienen relaciones sexuales sin la menor protección, en muchos casos bajo los efectos del alcohol? Píldora del día después y aborto libre.

Que no se vean obligados, pobrecitos, a hacer frente a las consecuencias de sus actos. Que nada perturbe su buen rollito. La responsabilidad es un concepto caduco y facha, igual que el respeto, el esfuerzo o la urbanidad.

No forman parte de los manuales de Educación para la Ciudadanía, asignatura nacida para formar a las nuevas generaciones en el espíritu zapateril del «tranquilos, que no pasa nada».

Decía Gustavo Bueno que nuestro presidente, sumido en el pensamiento simplón e infantiloide de Alicia, vive en el país de las maravillas. Es cierto. En el país de las maravillas y el reino de la impunidad, donde nunca pasa nada… Hasta que pase.

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