Es como Groucho Marx, pero sin pizca de gracia.
Y nunca mejor dicho en este caso.
La decisión de Pedro Sánchez, como no podía ser de otra manera, solo fue compartida y respaldada por la parte interesada, la de Mohamed VI.
El resto de los actores implicados, críticos a más no poder. Desde su propio socio en el Ejecutivo, Unidas Podemos, a la oposición, encabezada por el PP y el resto de grupos parlamentarios.
Ni que decir tiene que desde el Frente Polisario tampoco dieron palmas con las orejas, al igual que desde Argelia, cuya primera reacción fue inmediata, llamar a consultas a su embajador en España.
Pero lo peor de todo es que, como decíamos en la introducción, el inquilino de La Moncloa tiene una proverbial manía a remedar al famoso actor cómico con esa máxima de «estos son mis principios y si no le gustan, tengo otros».
Pues justamente con la cuestión del Sáhara Occidental, Pedro Sánchez demuestra que su especialidad es defender una cosa y la contraria en un corto espacio de tiempo.
Porque su sumisión a Marruecos nada tiene que ver con lo sucedido a primeros de marzo de 2022 en respuesta por escrito a una pregunta parlamentaria, tal y como desvela el digital Okdiario.

DE LO QUE DIGA NACIONES UNIDAS A POSTRARSE A MOHAMED VI
Por aquel entonces, poco más de 15 días atrás, el Ejecutivo, a una cuestión sobre la posición de España con respecto a la situación del Sáhara Occidental, la respuesta no podía ser más clarividente:
Sobre la cuestión del Sáhara Occidental, la posición de España es constante. España defiende la centralidad de Naciones Unidas y apoya los esfuerzos del Secretario General de Naciones Unidas en la búsqueda de una solución política, justa, duradera y mutuamente aceptable, tal y como establecen las sucesivas resoluciones del Consejo de Seguridad, y en el marco de disposiciones conformes a los principios y propósitos de la Carta de Naciones Unidas.
Sin embargo, en esas dos semanas siguientes, el gabinete sanchista decidió virar su criterio y plegarse al chantaje del rey de Marruecos.
Porque, evidentemente, por mucho que el PSOE de Pedro Sánchez esgrima que el Sáhara Occidental aún conservaría un estatus autónomo dentro de la juridicción del reino alauí, a nadie se le escapa que esa ‘independencia’ sería solo en la teoría.
En la práctica, nada más que papel mojado.
Y eso por no hablar del propio esperpento perpetrado por el propio Partido Socialista que no tiene empacho alguno en cambiar su línea de pensamiento respecto al asunto del Sáhara.
El programa electoral de la formación de Ferraz era contundente sobre este aspecto, que no era otro que el de lograr para ese territorio el derecho de autodeterminación:
Promoveremos la solución del conflicto de Sáhara Occidental a través del cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas, que garantizan el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui

