Es lo que le dicen Michavila y los gurús demoscópicos de Génova 13.
Van a por los 10 millones de votos, con el objetivo de que Alberto Núñez Feijóo entre sólo en La Moncloa.
Y antes de fin de año, porque el deterioro de Pedro Sánchez, apalancado en la corrupción, aumenta las probabilidades de elecciones adelantadas.
La duda es si existen esos votantes flotantes, porque en lo que se refiere al PSOE no se ven los ‘moderados‘ por lado alguno.
Con respecto a VOX, puede jugar a favor del PP la llamada al voto útil, pero la desconfianza tras el fiasco Rajoy es demasiado grande, como para hacer sencillo el trasvase de seguidores de Santiago Abascal.
La política española vive semanas de vértigo. Los pasillos de Génova hierven ante la posibilidad real —cada vez más comentada en medios y círculos políticos— de un adelanto electoral antes de Navidad.
El Partido Popular, liderado por Núñez Feijóo, interpreta las últimas encuestas, la inestabilidad parlamentaria y las investigaciones judiciales sobre el entorno del presidente como señales inequívocas: la legislatura puede tener los días contados. Aunque formalmente las elecciones generales no deberían celebrarse hasta 2027, la situación del PSOE y sus socios, especialmente tras los últimos sobresaltos con Junts y Podemos, ha disparado todas las alarmas entre los populares.
En este contexto, el PP no solo se prepara logísticamente para unos comicios inesperados, sino que afina su estrategia política con un objetivo doble: atraer a los votantes blandos de VOX y convencer a los socialistas moderados desencantados con la deriva de Sánchez, quien pare4ce incapaz de «cortar la hemorragia».
Operación reconquista: Feijóo busca el voto útil entre VOX y los socialistas centristas
La dirección popular ha puesto en marcha lo que algunos ya califican como una verdadera «OPA amistosa» sobre dos caladeros electorales:
- Votantes descontentos de Vox: El giro ideológico y táctico de Santiago Abascal hacia posiciones más duras y sus recientes apoyos internacionales (especialmente con Trump) han generado malestar entre parte de su electorado. El PP aspira a recuperar hasta medio millón de estos votos «por goteo», sin confrontación directa, apelando a un discurso económico liberal y a una imagen más institucional. La consigna es clara: «Nada de insultar a los votantes de Vox», sino ayudarles a desencantarse solos con el rumbo actual del partido verde.
- Socialistas moderados: Los reiterados escándalos que salpican a Pedro Sánchez, junto a su dependencia parlamentaria de partidos independentistas, han abierto una brecha con el sector más centrista del PSOE. Feijóo ha ordenado una ofensiva suave pero persistente para captar hasta dos millones de votos socialistas descontentos —los necesarios para poder soñar con una mayoría suficiente que le permita gobernar incluso sin Vox—. La nueva vicesecretaria Alma Ezcurra es la encargada de perfilar esta hoja de ruta centrada en «recuperar la esencia» popular.
“Donde hay olvido queda un vacío, y ese vacío entre lo que decimos y lo que pensamos lo acaban llenando otros”, reflexionaba recientemente Ezcurra, subrayando la necesidad de volver a seducir a quienes abandonaron el PP por falta de identificación.
¿Tibieza o batalla cultural? El dilema estratégico del PP
Una cuestión planea sobre toda esta estrategia: ¿Acertará Feijóo apostando por un perfil moderado cuando buena parte del electorado conservador exige mayor contundencia frente al sanchismo? El debate interno no es menor.
Por un lado, Génova considera que su opción centrista es la única capaz de sumar transversalmente y desalojar a Sánchez sin depender estructuralmente de Vox. Por otro, voces dentro del propio partido alertan sobre el riesgo de parecer demasiado blandos justo cuando el votante pide mano dura en cuestiones identitarias o en la defensa cerrada contra los pactos con nacionalistas e independentistas. La designación reciente de Ester Muñoz como portavoz en el Congreso —con un perfil más combativo— busca precisamente equilibrar este dilema: mantener el tono institucional pero sin renunciar al lenguaje duro cuando sea necesario.
Un PSOE en caída libre: las tribulaciones internas alimentan el optimismo popular
Mientras tanto, las malas noticias no dejan de llegar al cuartel general socialista. Las encuestas reflejan un progresivo desgaste del Gobierno; las investigaciones judiciales sobre casos próximos al entorno presidencial complican aún más la imagen pública del partido; los socios parlamentarios se muestran cada vez más exigentes e imprevisibles; y entre las bases cunde cierto derrotismo.
El propio Sánchez parece consciente del deterioro. En privado reconoce lo delicado del momento político y algunos barones temen que si la sangría no se detiene pronto, cualquier adelanto electoral supondría una debacle histórica para el PSOE. De ahí que en Génova se haya instalado un optimismo prudente pero realista: por primera vez en años ven posible alcanzar una mayoría absoluta si logran sumar tanto los exvotantes socialistas como los conservadores desencantados con Abascal.
El tablero electoral: tendencias, riesgos y oportunidades
Los datos recientes muestran un panorama volátil:
- El trasvase Vox-PP ha cambiado: Si tras las elecciones generales de 2023 era el PP quien recibía más votos desde Vox (un saldo neto favorable), ahora son los populares quienes empiezan a perder terreno frente al partido verde en determinados segmentos sociales. Este vaivén obliga al equipo de Feijóo a redoblar esfuerzos para evitar fugas por su flanco derecho.
- El PSOE pierde fuelle pero resiste: Aunque debilitado, el núcleo duro socialista sigue movilizado. Su capacidad para cerrar filas ante amenazas externas no debe subestimarse.
- Polarización creciente: La batalla ideológica sigue viva. El campo exige claridad ante asuntos como la inmigración o la unidad nacional, mientras una parte relevante del electorado prioriza estabilidad económica e institucionalidad.
La estrategia popular pasa por huir tanto del exceso de agresividad como del inmovilismo paralizante. La idea central es presentarse como “la única alternativa útil” capaz de atraer tanto al votante harto del sanchismo como al conservador cansado del ruido y las broncas estériles.
