CUANDO LLEGAN LAS ÓRDENES DE LA MONCLOA

¡Hágaselo mirar Majestad!… Hasta Eduardo Inda tira de las orejas a Felipe VI por tibio y diletante

La Monarquía, que desde 1975 ha dado por garantizado el respaldo ciego del centroderecha español, navega entre posturas contradictorias

Pedro Sánchez y el Rey Felipe VI
Pedro Sánchez y el Rey Felipe VI. PD

La Monarquía española, desde 1975 cuando Franco se murió en la cama de un hospital público que él había hecho construir, pisa cada vez más arenas movedizas.

Ha dado siempre la Casa Real por garantizado el respaldo ciego de la derecha española y se ha dedicado, sin disimulo, a cortejar a la izquierda.

Y eso ha terminado generando hartazgos y visibles enfados.

Hay una creciente desazón en sectores que hasta ahora eran incondicionales.

No solo entre votantes de VOX, sino también entre periodistas e intelectuales no adictos al Régimen Sanchista, que cuestionan la permanente y creciente tendencia de Felipe VI y su entorno a cortejar a progres y agradar al Gobierno Frankenstein.

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, lo ha repetido en múltiples ocasiones: la Casa Real —limitada constitucionalmente, sí, pero con una enorme responsabilidad simbólica— debe adoptar gestos, actitudes o formas más firmes en asuntos clave, especialmente frente a quienes amenazan la unidad de España, nuestra democracia o la convivencia.

Para Rojo, ciertos episodios recientes son inaceptables: no haber felicitado a María Corina Machado tras su reconocimiento internacional por su lucha contra la dictadura venezolana; sonreír como un lelo al recibir al condenado fiscal general de Sánchez, o no citar siquiera la palabra corrupción en su discurso de Navidad, pese a los escándalos, puteríos y mangancias que corroen de arriba a abajo al PSOE y al Ejecutivo socialcomunista.

Estos silencios y tibiezas, a su juicio, no son de recibo y erosionan la confianza de quienes ven en la Monarquía una institución vital para la Nación y la unidad de la Patria.

Lejos de marcar distancias claras con las derivas autoritarias o los ataques a la separación de poderes, se percibe un alineamiento excesivo con el discurso que emana de La Moncloa.

En todo, desde la relación con el viejo rey Juan Carlos a la dictadura chavista, pasando por la Agenda 2030 o el propio Donald Trump.

Llueve sobre mojado.

Hace más de un año, Alfonso Rojo afirmó en el debate de ‘El pentagrama’ de Periodista Digital, a propósito de la ilegal Ley de Amnistía:

«Imagino que estas horas sigue Felipe VI tragándose una a una las palabras del memorable discurso que pronunció el 3 de octubre de 2017, porque dentro de dos semanas —por imperativo legal y como un cordero— sancionará con su firma el bodrio legal con el que Sánchez compra los 7 votos de Junts, que le permiten seguir durmiendo en La Moncloa. No es el Rey el único que traga quina…»

Hace unos días Rojo dedicó su sermón cotidiano a las tibias palabras del Rey sobre los torturados presos políticos del régimen chavista.

Con ironía mordaz, escribió algo así:

«Majestad… retenido es lo que nos pasa en Valdemarín cuando vamos en coche y resulta que usted sale en comitiva por el Camino de la Zarzuela… y dura un minuto».

Estas frases ilustran una creciente frustración: se percibe una Monarquía que, en lugar de usar los gestos para marcar distancias claras con las derivas del Gobierno, opta diletante por una neutralidad pastueña, que muchos interpretan como complicidad pasiva, además de resignación constitucional.

El contraste entre el discurso firme del 3-O de 2017 —que frenó el procés separtatista catalán— alimenta esta sensación de que la Corona traga quina en silencio, erosionando el respaldo incondicional que históricamente ha tenido en la derecha española.

Las últimas intervenciones del Monarca, como subraya hoy en OKDiario el periodista Eduardo Inda, claman al cielo.

Les damos sólo los párrafos finales de la columna Así no, Majestad, que son los relevantes y no tienen desperdicio:

  • Continúo sin salir de mi asombro ante varios episodios protagonizados del verano a esta parte por el jefe del Estado. Ni entiendo ni comprendo que no felicitase a María Corina Machado tras ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz el 10 de octubre. Zarzuela alegó que sólo lo hace cuando los premiados son españoles, pero a alguien en Palacio se le escapó la elemental evidencia de que sí lo hizo con Barack Obama y con Juan Manuel Santos. Y que yo sepa ni el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos nació en Chamberí ni el amigo de las FARC en Pamplona como yo. El mimetismo Zarzuela-Moncloa llamó poderosamente la atención. El gánster que preside España aseguró que «nunca» felicita premios Nobel, pero inmediatamente las redes se inundaron de tuits de un sujeto al que se coge mucho antes que a un mentiroso o un cojo. Lo había hecho no menos de cinco veces.
  • Don Felipe debería haber sido más sensible al reconocimiento a una demócrata que lucha por la libertad, la democracia y los derechos humanos en un país con 1.000 presos políticos, decenas de miles de ejecuciones extrajudiciales, un sinfín de desaparecidos que empequeñecen a Pinochet o Videla, torturas por doquier y 9 millones de exiliados. A una heroína que ganó las Elecciones Presidenciales por Edmundo González Urrutia interpuesto y a la que robaron el resultado con la complicidad de un Gobierno de España que puso nuestra Embajada al servicio de la ignominia. Felipe VI no debe olvidar que no es Pedro Sánchez y, por tanto, no puede ni debe situarse a su misérrima altura moral.
  • El discurso de Nochebuena nos atragantó el cordero a todos los españoles. Esencialmente porque en el speech más esperado del año no existía la palabra «corrupción» pese a que de lo único que se habla en nuestro país en los dos últimos años es de una mangancia, la del PSOE, que más que a la del tardofelipismo nos recuerda a la de la Tangentopoli de la Italia de primeros de los 90. Lo examiné por arriba y por abajo, del derecho y del revés, de la página 1 a la 6, y el término más tecleado en los móviles patrios ni estaba ni se le esperaba. A todo lo más que llegó fue a reclamar «especial ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos». Una mención que lo mismo sirve para el PSOE, que para el PP, el Partido Humanista o Pacma. Nada que ver con la plausible contundencia que exhibió hace ocho años en plena era Rajoy cuando exigió implícitamente al entonces primer ministro «cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción». Un agravio comparativo de primera división teniendo en cuenta que la mayor parte del trinque de esa etapa era heredado y que el que se produjo es un juego de niños al lado del perpetrado por el sanchismo.
  • Igualmente incomprensible resulta que el 24 de diciembre hiciera suyo el palabro «crispación», maquiavélicamente empleado por el PSOE para intentar frenar las noticias sobre su elefantiásica corrupción. El mantra de la «crispación» era el pan nuestro de cada día con Felipe y lo vuelve a ser con Sánchez. Entonces se acusaba de crispar la convivencia a los periodistas decentes y ahora se repite la historia.
  • La preocupante clonificación Sánchez-Felipe de Borbón alcanzó su cénit la semana pasada cuando el primero de los españoles se refirió a los presos políticos de la narcodictadura venezolana como «ciudadanos retenidos». «A todos debe alegrarnos la liberación de cinco compatriotas y otros ciudadanos que se hallaban retenidos», afirmó textualmente como si se tratase de conductores a los que la Guardia Civil ha dado el alto en una autovía y no deja continuar su camino porque no llevan encima el carné de conducir o el permiso de circulación. «Retenido» es mucho menos que «detenido» y está a años luz de la condición de «preso». De primero de perogrullo.
  • No creo que Felipe VI esté «secuestrado» por Sánchez, pero sí creo que tiene miedo a una izquierda podemizada y etarrizada hasta la náusea.
  • Lo que encendió definitivamente todas las alarmas fue el tan indudable como acongojante hecho de que ese mismo «retenido» era el concepto que había empleado el miserable del marido de la pentaimputada Begoña Gómez para referirse a los reclusos de conciencia que mantiene en su poder su amiga Delcy Rodríguez en El Helicoide, en Ramo Verde y en ese infierno en la tierra que es La Tumba.
  • Sus aplausos y su «enhorabuena» la semana pasada a ese acuerdo de la UE con Mercosur que constituye una auténtica puñalada trapera a nuestros agricultores tampoco invita a la esperanza. No creo que el Rey de España esté «secuestrado» por Pedro Sánchez como argumenta VOX, ni mucho menos, pero sí albergo la terrible convicción de que tiene miedo a una izquierda podemizada y etarrizada hasta la náusea. El pavor a que se revivan esos episodios de abril de 1931 cuando quienes perdieron esas elecciones municipales convertidas en un plebiscito monarquía-república dieron un golpe de Estado en toda regla que acabó con Alfonso XIII tomando un barco en Cartagena rumbo al exilio. A nadie medianamente informado se le escapa el incontrovertible hecho de que como Sánchez repita en Moncloa el referéndum está servido.

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