MAREJADA INTERNA

El debate sobre si Rajoy debe echarse a un lado irrumpe en el PP

Aunque él está convencido de que sigue siendo el mejor activo de su partido, entre los populares se extiende la idea de que sólo sobrevivirán al tsunami si adelantan el cambio generacional

El debate sobre si Rajoy debe echarse a un lado irrumpe en el PP
El presidente Rajoy. PD

Mariano Rajoy ha sido hasta ahora el tuerto en el país de los ciegos, y por tanto el rey. Tanto se ha metido en ese papel que el martes emuló a Juan Carlos I con sus disculpas.

Uno por irse de cacería con el país a punto de la quiebra; el otro por pretender hacer creer a la opinión pública que estaba cazando gamusinos mientras en su partido campaba la corrupción.

Sin embargo el CIS del lunes -ya filtrado- le ha supuesto una bofetada de realidad. Mientras él se consolaba porque el PSOE seguía en picado, Podemos iba ganando terreno a costa del resquebrajamiento de un sistema que, como el Titanic, ni Dios podía hundir y va camino de ello.

No se recuerda una situación de tanta conmoción en el Partido Popular desde la vivida tras la derrota de 2008. Ni en sus peores pesadillas soñó Rajoy que con una mayoría absolutísima y un poder territorial en el que casi no se pone el sol a un año de la reválida su partido empezaría a pedir su cabeza.

Y no, no es cosa de cuatro. En el PP cada vez está más extendida la opinión de que sólo sobrevivirán al tsunami si Rajoy se echa a un lado y adelanta una renovación que, según el esquema mental que se hizo en 2011, no debía producirse hasta bien entrada su segunda legislatura. Como hizo José María Aznar.

Por ahora el jefe de filas de los populares puede ahogar el grito interno haciendo valer su súperpoder. Teniendo en cuenta que ni siquiera nadie le chista en las reuniones del Comité Ejecutivo Nacional, menos aún lo van a hacer a la intemperie.

No obstante no debería desdeñar Rajoy el sentir general que reina entre los dirigentes populares: que esto sólo se arregla con regeneración y generosidad. Es decir, cambios de caras y grandeza de los que hoy son las voces cantantes para dar un paso atrás y permitir su relevo, sin que ello suponga que la ola de cambio pueda poner en riesgo el partido.

Lo que sería impensable es esperar, como si nada ocurriera, a que en mayo el PP se tope con el revolcón que vaticinan las encuestas. Porque entonces, incluso en un partido tan disciplinado como el Partido Popular, sí serán legión quienes aboguen por un cambio generacional antes de los comicios generales similar al que están llevando a cabo otros partidos tradicionales.

De momento Rajoy ha optado por involucrarse más en el partido y ha trasladado a María Dolores de Cospedal y el resto de la dirección que a partir de ahora cuenten con él para casi todos los actos de fin de semana.

El domingo pasado estuvo en Murcia y en noviembre clausurará dos convenciones del partido. Una sobre buenas prácticas autonómicas en Extremadura (los días 7 y 8) y otra sobre buenas prácticas municipales en La Rioja. Parece una broma de mal gusto lo de «buenas prácticas» con la Operación Púnica abierta en canal, pero la temática la eligieron antes.

Cree Rajoy, o sigue creyendo mejor dicho, que él es el mejor activo del partido para dar un vuelco a los sondeos en mayo. Puede que ése sea el gran problema por más que en Génova 13 les interese más desviar la atención hacia Esperanza Aguirre.

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