Esther Esteban – Más que palabras. Dolor de madre


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Eva, la madre de Marta del Castillo tiene los ojos secos y el alma rota. Ya su única esperanza es que el río les devuelva el cadáver de su pequeña para poder enterrarla y que caiga sobre su asesino y encubridores todo el peso de la ley. Eva y Antonio eran dos personas anónimas hasta hace poco y han dejado de serlo por el más cruel de los motivos: la desaparición y el asesinato de su hija, de tan sólo 17 años. Les hemos oído pedir la implantación de la cadena perpetua, suplicar que se haga justicia y desear que «cada día que pasen en prisión sea un infierno para ellos».

María del Mar, la madre de Sandra Palo, la joven raptada, violada y asesinada salvajemente lloraba sin consuelo el día que uno de los asesinos de su hija salió en libertad vigilada tras cumplir los cuatro años de internamiento a los que fue condenado. «Quería verle la cara y soltar toda la rabia y el odio que he acumulado en estos cuatro años», señalaba rota de rabia e impotencia.

Rafita, el asesino de su hija, tenía 14 años cuando en compañía de otros tres amigos cometió un crimen repugnante, sádico y cruel. Fue condenado a cumplir cuatro años en un centro de internamiento y otros tres en libertad vigilada. Otro de sus compinches que era mayor de edad cuando llevaron a cabo su orgía de sangre, dolor y fuego fue sentenciado a 64 años de prisión. A Rafita se le aplicó en su momento la máxima pena que preveía la Ley del Menor para niños de 14 años y aunque ésta posteriormente ha sido reformada en dos ocasiones, en la actualidad los delitos cometidos entre los 14 y los 15 años sólo pueden ser castigados con un máximo de seis años de internamiento.

Soy mujer y madre de una hija adolescente por lo que se me encoge el corazón y se me hace un nudo en la garganta sólo de pensar en el pánico que debió de sentir Marta al verse brutalmente agredida por el joven de la que un día creyó estar enamorada. No puedo ni imaginarme el calvario que vivió Sandra quien tras ser violada y vejada de mil maneras fue quemada viva y atropellada varias veces antes de que sus verdugos la liquidaran por completo.

Sólo unas mentes malvadas, crueles, sin escrúpulos y con un profundo desprecio a la dignidad y a la vida de un ser humano son capaces de llevar a cabo actos así, sean menores o no. Entiendo y me solidarizo completamente con el dolor y la rabia de Eva y María del Mar y comprendo su sensación de desamparo. En ambos casos hay menores implicados y, además, con la desaparición de Marta se nos ha abierto un mar de dudas sobre la sociedad que estamos construyendo, la nueva manera de relacionarse de los jóvenes a través de redes sociales como Tuenti, la protección de nuestros chicos y la educación que reciben.

Hemos sabido que Miguel el asesino confeso de Marta vivía con la familia de su actual novia, una niña de tan sólo 14 años, que estos días se ha paseado, junto a su madre, a cara descubierta por los platós de televisión. ¿Hasta dónde puede llegar la irresponsabilidad y la falta de sentido común de algunos padres y dónde están los limites impuestos a las televisiones de protección a la infancia? Ni vale todo en nombre de la audiencia ni los poderes públicos pueden contemplar el espectáculo de brazos cruzados. Convertir estos sucesos desgraciados en circos mediáticos no tiene un pase. Es simplemente repugnante.

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