Victoria Lafora – Un hombre imprescindible.


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

El derrame cerebral que mantiene en estado crítico a Vicente Ferrer no sólo preocupa a su familia. Millones de personas invocan a dioses diferentes para que lo saquen de las sombras porque es, sencillamente, un hombre imprescindible.

Más de cuarenta años luchando y trabajando por los más pobres entre los pobres sin intentar cambiar sus creencias, ni su fe, ni su cultura, ni sus tradiciones. Sin aleccionar, ni manipular, sin creerse superior ni diferente, viviendo con ellos y como ellos, le convierten en un ser especial.

Gente así, sin dogmatismos, son los que consiguen cambiar la realidad e invertir el destino de los más desfavorecidos. Los que merecen, de verdad, la solidaridad de una sociedad occidental incapaz de hacer el sacrificio de renunciar a la comodidad para compartir la pobreza en una región perdida de la India.

Hace más de cincuenta años, cuando Vicente Ferrer llegó a la India, la miseria era mucho más impresionante que la que reflejan las imágenes de la oscarizada película «Slumdog Millonarie». Por eso decidió quedarse y arrimar el hombro. Su labor se ha centrado en Anantapur, una región de las más míseras y abandonadas del país y en la casta de los «intocables».

Nada fue fácil. Su apoyo a los campesinos provocó la cólera de los dirigentes políticos que provocaron su expulsión del país. Los sin tierra le acompañaron andando hasta el aeropuerto. Les aseguró que volvería y volvió.

Los datos son incuestionables: sus programas están presentes en más de mil ochocientos pueblos y benefician a más de dos millones y medio de personas en situación de marginalidad. La gente que pone en marcha los proyectos son ciudadanos de la zona formados en la Fundación Vicente Ferrer. Se han construido veintidós mil viviendas dignas, cinco hospitales y más de dos mil estructuras para conservar el agua en una región muy desértica. ¿Hay alguien que pueda hacer más por sus semejantes?

No sólo sus vecinos de Anantapur, desde aquí, desde España, deseamos que este hombre de figura enjuta, austero, ejemplo de compromiso, solidaridad y premio Príncipe de Asturias, pueda acabar su obra que consiste en: «convertir la sociedad en humanidad». Nada más y nada menos.

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