Prisa, prisa, prisa.

No me refiero a la Prisa de Polanco, que en paz descanse, el grupo poderoso de comunicación, protector y promotor de socialistas –de algunos—, sino de la prisa relacionada con el tiempo. A Mariano Rajoy, que tan bien ha encarnado el papel de hombre tranquilo, todo el mundo le mete prisa: los mercados, Europa, los medios… Estos días le vimos en su despacho escudriñando papeles. Se le veía concentrado, con gesto serio pero sosegado; como si tuviera la solución al acertijo que la sociedad tiene planteado y la reservara para el momento oportuno, “cuando corresponda”. Suponemos que la procesión va por dentro, hoy más que nunca. No sé si Rajoy estará sufriendo la “depresión del éxito”, ese estado psicológico, ese “mood” que aqueja a los humanos cuando se ha alcanzado la cima y se ha cumplido el sueño. Ese estado del alma que invita a la reflexión al comprobar que el placer de obtener lo deseado siempre es menor de lo esperado, dejando al descubierto un vacío indescriptible y como casi todo lo mental, irrazonable. No hay tiempo ahora para esos estados. Rajoy no puede permitirse el lujo de sentir y vivir esa sensación tan íntima y humana.

Son tiempos malos. Repetimos hasta la saciedad que un cambio de gobierno tranquilizaría a Europa, a los mercados, generaría confianza y los capitales retenidos aflorarían propiciando la inversión y el empleo. Cinco días después de haber ganado las elecciones, no hemos recibido demasiadas señales positivas. Sí, subió el Ibex, las bolsas hicieron un guiño y la prima de riesgo se plantó en los 460 puntos básicos, pero las agencias de comunicación siguen merodeando. Se dice que el rédito del triunfo ya estaba descontado y que hay que esperar.

Pero todos tenemos prisa. A Europa le hubiera gustado que ya el día 21 al amanecer, Rajoy plantease una batería de medidas, y si fuera al estilo de Grecia, mejor que mejor. Pero ni España está en la situación del país helénico, ni Rajoy es Artur Mas, que ya gobierna desde mayo y no se corta un pelo con los recortes. Europa debe saber que las Cortes Generales no se formarán hasta el 13 de diciembre y que hasta que Rajoy no pase por todo el ceremonial de la investidura, no es presidente, dado que en nuestra nación, las elecciones no son presidencialistas. Hay, no obstante, dos reuniones importantes a las que Rajoy asistirá como “el señor que manda en España”. El 7 y 8 de diciembre les expondrá a Merkel y Sarkozy sus planes económicos en el transcurso de la Cumbre del Partido Popular europeo, antes de acudir el día 9 al Consejo de Europa. Como es sabido, uno de los ejes de Rajoy es hacer una política europeísta: “Queremos ser grandes en Europa, dejar de ser un problema para ser la solución”.

En los medios, aparte de los tiempos se especula con los quiénes. Suenan varios ministros de economía y se habla del peligro de conocer su identidad porque corre el riesgo de quemarse prematuramente. A Merkel, tan acostumbrada a poner y quitar primeros ministros, le gusta José Manuel González Páramo, consejero del Banco Central Europeo, tecnócrata próximo a los socialistas. También se habla de Rato –siempre se habla de él para todo— como posible. Conoce bien la banca, el FMI y los intríngulis de la macroeconomía. Luis de Guindos también está en las quinielas. Sabe de banca –quizá demasiado—pero tiene la rémora para algunos y virtud para otros de haber formado parte del consejo asesor para Europa del Lehman Brothers. Pizarro es otro de los ministrables. La situación, no obstante, aparte de lumbreras, necesita magos, o incluso alquimistas. Convertir el plomo en oro, si en la Edad Media lo tenían difícil, hoy ni aprendiendo de memoria el Mutus Liber y aplicando sus fórmulas ocultistas.

Tenemos prisa pero hay que respetar los plazos que marca la ley. El traspaso de poderes está en marcha. Buena voluntad y disposición, como no podía ser menos, por parte del gobierno socialista en funciones. Otra cosa es lo que se van a encontrar cuando rompan el cerdito. ¿Cómo estarán las cuentas del Estado? ¿Con qué se encontrarán cuando reciban la combinación de la caja fuerte? ¿Ocurrirá lo mismo que en Castilla-La Mancha, Cantabria, Alcorcón, Santiago, Ames y en tantos otros cortijos socialistas?

Dicen desde el Partido Popular que harán reformas para no tener que hacer recortes. No se entiende mucho pero suena alentador. El lema de la Xunta de Galicia, “hacer más con menos”, también suena bien como eslogan, aunque en realidad, con menos se hace menos casi siempre, salvo que se hable de una gestión dirigida directamente por el Altísimo, o se hable de milagros, que sería lo mismo, cosa que en política no suele darse.

En Galicia se especula estos días sobre quién de los de la Xunta formará parte del gobierno de Rajoy. Descartado Núñez Feijóo, suenan algunos conselleiros, que harían las relaciones más ágiles con el gobierno central. Si un gobierno, además de justo, es amigo, mejor. Hay temas bloqueados y quién mejor para desbloquearlos –no es un trabalenguas, palabra—que alguien que conoce la Xunta por dentro. El AVE, el naval, la pesca, la agricultura, las autovías y la financiación son puntos en los que la Xunta tiene puesto su objetivo.

Los gallegos también tenemos prisa. Se habla estos días de elecciones anticipadas. Alberto Núñez lo niega y arguye que no hay ninguna razón para ello y que descarta utilizar el “ventajismo político” –Feijóo dixit—, aunque sectores oficiosos de la Xunta no descartan un adelanto al otoño, con lo cual estaríamos hablando de un adelanto técnico. Algunos analistas opinan que no hay una justificación de peso y que el pueblo no lo entendería. Sin embargo, creo que hay razones suficientes para un adelanto electoral en Galicia, y resaltaría tres puntos:

1. En primer lugar, los resultados electorales del 22 M y del 20 N en los que el PP extendió su marea azul en forma de galerna, es una razón de peso. Lo es que de los 313 ayuntamientos gallegos, el PP haya ganado en 306. Extrapolando los resultados a unas autonómicas, el PP hubiera conseguido unos cuatro escaños más. Por otro lado, no sería la primera vez que se utiliza el ventajismo político. Si la política es una ciencia que se sustancia en un arte, también tiene su parte de juego, con sus reglas y estrategias.

2. Un segundo motivo, tangencial al anterior, es la debacle socialista, tanto nacional como en nuestra comunidad autónoma. Para refundarse y partir de un “Suresnes” nuevo y renovado, el PSOE ni tienen gente ni los que ahora se disputan los despojos del cuerpo muerto –Rubalcaba, Chacón, Gómez—lo van a permitir, al menos por lo que estamos viendo estos días –y hoy en el Comité Federal—, sin que nadie se disponga a vivir el periodo de duelo necesario. Por ello, unas elecciones hacia abril o mayo –o coincidiendo con las andaluces—, con un bloque residual y de museo, y un PS de G desorganizado y desunido, darían al PP de Galicia una mayoría holgada para afrontar cuatro años de vacas flacas.

3. Las medidas –recortes que están obligados a implementar para cumplir con el déficit—, tanto en el ámbito nacional como en el autonómico, van a crear un clima de descontento callejero que ya esperamos. Ahí están sindicatos, los del 15 M, los de la ceja del grelo, los profesores, los de Cayo Lara crecidos… y aunque “veinte años no es nada” que dice el tango, un año es mucho, sobre todo en esta nueva era de mercados desenfrenados.

En el ámbito nacional, los más pesimistas –o más realistas—se atreven a pronosticar que el tsunami de la economía podría llevarse por delante al ejecutivo de Rajoy, e incluso vislumbran que de los escombros pudiera aflorar un gobierno de concentración. Eso también afectaría a Galicia. Pero no adelantemos acontecimientos. Es época de cambios y ahora nos toca esperar.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora
Directora de Ourense siglo XXI
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
www.magdalenadelamo.com
✉ periodista@magdalenadelamo.com
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(27/11/2011)
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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