Luis del Val – Dinero manchado de sangre.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Los relatos de los enviados de la ONU no pueden ser más estremecedores, y los cadáveres de los niños atados y muertos a disparos lanzados a quemarropa, las violaciones de mujeres y niños, y, por fin, el empleo de criaturas menores de ocho años como escudo humanos contra posibles ataques, muestran una panoplia de horror que solo es comparable a los terribles sucesos de Ruanda.

Naturalmente el sátrapa sirio dice que esas monstruosidades las cometen individuos incontrolados, y Rusia y los países de antigua influencia comunista intentan difundir que todo eso son historias inventadas por Estados Unidos en particular y Occidente en general. Rusia dice que está muy interesada en saber lo que ocurre antes de pronunciar una palabra de condena y, en efecto, está interesada, es decir tiene intereses, porque está vendiendo helicópteros de combate al régimen de Bashar al-Assad, conocido ya como Carnicerito de Damasco. Con los helicópteros de combate se podrá controlar el movimiento de los llamados rebeldes para que, luego, los «incontrolados» puedan entrar en las aldeas para torturar y asesinar a personas civiles.

Rusia lleva meses diciendo que hay que enterarse bien de lo que sucede y que tiene un plan. Desde luego que lo tiene: es un plan de venta de armas, llevado a cabo con el cinismo con que actúan las potencias internacionales.

Ni siquiera los relatos de los enviados de la ONU son capaces de arrancar una duda. Rusia logra dinero manchado con la sangre de los más inocentes, pero no le importa que el color del dinero sea un poco bermejo. El dinero no tiene patria y a los niños sin vida la patria ya no les importa.

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